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Estudio Bíblico
El Evangelio que le fue dado al Apóstol Pablo
Autor
Teólogo: Cruz Monasterio
Estudio Bíblico
Tema: El
Evangelio que le fue dado al Apóstol Pablo
Texto: Gal cap. 2 versos 1-2; "Después, pasados catorce años, subí otra
vez a Jerusalén con Bernabé, llevando también conmigo a Tito. Pero subí según una revelación, y para no correr o haber corrido en vano,
expuse en privado a los que tenían cierta reputación el evangelio que predico
entre los gentiles."
Introducción
"Pablo de Tarso", cuyo nombre originalmente fue "Saulo de Tarso" o "Saulo Pablo, también lo llama "San Pablo;" nacido en el siglo I d.C., entre los años 5 y 10, en la ciudad de Tarso de Cilicia (actual Turquía centro-meridional, en la costa sur del Asia Menor, ciudad turca próspera, colonizada por el imperio griego, y luego anexada al imperio romano); de padres judíos acomodados y exiliados de Jerusalén; Jesús nació alrededor del año 6 o 7; entonces, Jesús sería sólo unos 10 años aproximadamente mayor que "Pablo"; quien probablemente "Pablo" muere entre los años 58 y 67 en Roma. Aunque criado en una ortodoxia rigurosa, mientras vivía en su hogar de Tarso estuvo bajo la influencia liberal de los helenistas, es decir de la cultura griega que en ese tiempo había penetrado todos los niveles de la sociedad en el Asia Menor. Se formó en las tradiciones y culturas judaicas, romanas y griegas.
El Apóstol Pablo: Originalmente, el
nombre del “apóstol a los gentiles” (Rom. 11:13), era Saulo. Nació en
la ciudad de •Tarso, pero según una vieja tradición, su familia venía de
Galilea. La ciudad de Tarso quedaba en el Sur Este de Asia Menor, en lo que hoy es
Turquía. En tiempos del Imperio Romano vino a ser capital de •Cilicia. En el
año 59 a. C. fue gobernador de Tarso el renombrado Cicerón. Era famosa como
ciudad de mucha cultura, pues funcionaba en ella una especie de universidad, al
igual que en •Atenas y •Alejandría, por lo cual Pablo. en
una ocasión dijo: “Yo de cierto soy hombre judío de Tarso, ciudadano de
una ciudad no insignificante de Cilicia”(Hec. 21:39).
No se conoce el
año exacto de su nacimiento, pero algunos opinan que tuvo lugar en una fecha
aproximada a la del nacimiento del Señor Jesús. Cuando Esteban fue
apedreado en el año 33 d.C., se dice que Pablo. Era “un
joven” (Hec. 7:58). Se supone que su padre era un comerciante que había
obtenido la ciudadanía romana por algún medio, que podía ser por vía de
la adopción, o por méritos de guerra, o por servicios meritorios al estado, o
sobornando a los funcionarios para obtener ese privilegio. De manera que Pablo. Heredó
la ciudadanía romana, privilegio que reclamó en varias ocasiones (Hec.
16:37; 22:25; 25:11). No se tienen noticias de su madre.
Su
educación: Fue enviado a
Jerusalén a estudiar, probablemente a los trece años de edad, siendo su maestro
el famoso rabino •Gamaliel (Hec. 22:3). No se sabe adónde fue cuando
terminó sus estudios, pero parece que no estaba en Jerusalén en los días en que
el Señor Jesús fue crucificado, y regresó a dicha ciudad poco después de ese
acontecimiento. El resultado de su educación puede apreciarse en sus propias
palabras en Gál. 1:14 (“en el judaísmo aventajaba a muchos de mis
contemporáneos en mi nación, siendo mucho más celoso de las tradiciones de mis
padres”). Aunque no se tienen datos específicos de sus estudios de la
cultura griega, en sus escritos es evidente que era un verdadero experto en
ella. En varias ocasiones hace citas de autores clásicos griegos. En Hec.
17:28; cita a Epiménides (“Porque en él vivimos, y nos movemos, y
somos”) y a Aratos (“Como algunos de vuestros propios poetas también
han dicho: Porque linaje suyo somos”). Epiménides fue un poeta cretense,
autor de una legislación civil y religiosa para aquella isla (también citado
en Tit. 1:12). Las palabras de Aratos fueron tomadas de su obra Phaenomena.
Esos conceptos, además, fueron repetidos por otros autores griegos, entre ellos
el estoico Cleanto, en su Himno a Zeus. Su permanente interés por la
lectura se demuestra en sus recomendaciones a Timoteo: “Entre tanto que
voy, ocúpate en la lectura” (1 Ti. 4:13). No se sabe cuál era el contenido
de los documentos que Pablo dejó “en Troas en casa de Carpo”. Le
pidió a Timoteo que le trajera “los libros, mayormente los pergaminos” 2
Tim. 4:13). El procurador •Festo, después de oír a Pablo. Predicar,
le dijo: “Estás loco, Pablo.; las muchas letras te
vuelven loco” (Hec. 26:24). De manera que era evidente la amplia cultura
del apóstol. Con todo, siguiendo lo que es tradición entre los judíos, fue
entrenado en un oficio: sabía hacer tiendas, lo cual le ayudaría luego en sus
viajes misioneros (Hec. 18:3).
Sin embargo, estos versículos forman parte de un fragmento de la carta que algunos autores consideran un escrito independiente posterior al año. Se cuestionó que "Pablo" fuese fariseo al afirmar que no se observa ningún rasgo rabínico en las cartas paulinas. Con todo, el carácter fariseo de "Saulo Pablo" en su juventud suele ser aceptado sin reticencias por otros autores a lo que se suman las palabras puestas en boca del Apóstol por el libro de los Hechos: "Todos los judíos conocen mi vida desde mi juventud, desde cuando estuve en el seno de mi nación, en Jerusalén. Ellos me conocen de mucho tiempo atrás y si quieren pueden testificar que yo he vivido como fariseo conforme a la secta más estricta de nuestra religión". En resumen, "Saulo Pablo" sería un judío de profundas convicciones, estricto seguidor de la Ley mosaica.
La conversión de
Saulo: La disputa de Esteban se levantó entre unos miembros “de la sinagoga llamada de
los libertos, y de los de Cirene, de Alejandría, de Cilicia y de
Asia” (Hec. 6:9). Es posible que Pablo. fuera miembro de
una sinagoga de los que eran de su provincia, Cilicia, y que como tal
participará en la discusión. Lo cierto es que tomó parte en la posterior muerte
del primer mártir cristiano (Hec. 7:58; 26:10) y enseguida se convirtió en
un gran perseguidor de la iglesia. Estando en esos menesteres, iba camino a
•Damasco cuando el Cristo resucitado se le apareció. Cegado por la
experiencia, fue llevado a la ciudad, donde se dedicó a la oración. El Señor
envió a Ananías para instruirlo en la fe (Hec. 9:1-19). Tras
bautizarse, Pablo. Comenzó enseguida a predicar “a Cristo
en las sinagogas, diciendo que éste era el Hijo de Dios” (Hec. 9:20).
Primeros años, educación y estado de vida: Hijo de hebreos y descendiente de la tribu de Benjamín, el libro de los Hechos de los Apóstoles señala además otros tres puntos respecto de "Pablo": que fue educado en Jerusalén; que fue instruido a los pies del famoso rabino Gamaliel y que era fariseo.
Educación, "a los pies de Gamaliel:" La educación de "Pablo" es objeto de muchas especulaciones. La opinión mayoritaria de los especialistas señala que recibió la educación inicial en la misma ciudad de Tarso. Asimismo, se sugiere que se habría mudado a Jerusalén posteriormente, siendo adolescente o ya un joven. Algunos estudiosos, que mantienen una actitud de gran reserva respecto de la información brindada por los Hechos, objetan estos datos. Otros no encuentran razón suficiente para descartar los datos del libro de los Hechos referidos a su educación a los pies de Gamaliel I el Viejo, autoridad de mente abierta Según Andrie Du Toi, los Hechos y las cartas paulinas auténticas respaldan como más probable que Pablo fuera a Jerusalén en sus años de adolescencia. Más importante aún, este estudioso remarca que la dicotomía Tarso-Jerusalén debería superarse mediante el reconocimiento de que la persona de Pablo fue un punto de encuentro e integración de una variedad de influencias. La educación de "Pablo" a los pies de Gamaliel sugiere su preparación para ser rabino.
Fariseo: Que "Pablo" fuera fariseo es un dato que llegó a nosotros a partir del pasaje autobiográfico de la Epístola a los filipenses: "Circuncidado el octavo día; del linaje de Israel; de la tribu de Benjamín; hebreo e hijo de hebreos; en cuanto a la Ley, fariseo; en cuanto al celo, perseguidor de la Iglesia; en cuanto a la justicia de la Ley, intachable".
Sin embargo, estos versículos forman parte de un fragmento de la carta que algunos autores consideran un escrito independiente posterior al año. Se cuestionó que "Pablo" fuese fariseo al afirmar que no se observa ningún rasgo rabínico en las cartas paulinas. Con todo, el carácter fariseo de "Saulo Pablo" en su juventud suele ser aceptado sin reticencias por otros autores a lo que se suman las palabras puestas en boca del Apóstol por el libro de los Hechos: "Todos los judíos conocen mi vida desde mi juventud, desde cuando estuve en el seno de mi nación, en Jerusalén. Ellos me conocen de mucho tiempo atrás y si quieren pueden testificar que yo he vivido como fariseo conforme a la secta más estricta de nuestra religión". En resumen, "Saulo Pablo" sería un judío de profundas convicciones, estricto seguidor de la Ley mosaica.
Es probable que
fuera en esta ocasión cuando decidió ir a Arabia, pues escribiendo a los
gálatas, dice: “ni subí a Jerusalén a los que eran apóstoles antes que
yo; sino que fui a Arabia, y volví de nuevo a Damasco. Después, pasados tres
años, subí a Jerusalén.” (Gál. 1:17-18). Nada sabemos del propósito de
ese viaje ni a qué lugar específico fue. La mención que Pablo. Hace
en 2 Cor. 11:32-33 (“En Damasco, el gobernador de la provincia del
rey Aretas.”) hace pensar a algunos que Pablo. Estuvo
en Petra, donde gobernaba este rey. Los judíos de Damasco obtuvieron la
cooperación de las autoridades, que “guardaban las puertas de día y de
noche” (Hec. 9:24), con el propósito de matarle. Para salvarle, “los discípulos...
le bajaron por el muro, descolgándole en una canasta” (Hec. 9:25). Se sabe
que había un arreglo especial de extradición entre Aretas y el gobernador
de Damasco para los casos de personajes que hubieran escapado de la justicia en
Petra. Al parecer, esto fue tomado como excusa para la conspiración, porque las
autoridades romanas condenaban a la crucifixión a los asesinos, lo cual ponía
en peligro, entonces, a los mismos conspiradores.
Es conocido como el "Apóstol de los gentiles", el "Apóstol de las naciones", "Apóstol del cristianismo", La Palabra lo denomina como el "Apóstol de los paganos," o simplemente conocido como el "Apóstol", y constituye una "deo" (el más grande), de antemano sabemos con exactitud cuándo comenzó a llamarse con el nombre latino "Pablo;" y por ser la ciudad de Tarso una ciudad griega gozó de la ciudadanía romana. nos cita que los nombres de "Saulo" fue el nombre judío y "Pablo" el nombre romano, por su parte, señala que el nombre de "Pablo" es el nombre griego de "Saulo"; hombre de raza hebrea y de religión judía; quienes aseveran que fue contemporáneo de Jesús de Nazaret, aunque presumiblemente no llegaron a encontrarse en vida sin embargo, existen varios puntos sin resolver respecto de este relato. Por ejemplo, en 1 Corintios "Pablo" señaló que "vio" a Jesús, pero en ningún pasaje de los Hechos. ocurre tal cosa. Más aún, los tres pasajes de Hechos no coinciden en los detalles, si los acompañantes quedaron en pie sin poder hablar o si cayeron por tierra; si oyeron o no la voz; asimismo, el hecho de que Jesús hablara a "Pablo" en idioma hebreo,
Cuando llegó a
Jerusalén, los hermanos desconfiaban de él, hasta que Bernabé “lo trajo a
los apóstoles “a quienes contó su experiencia (Hec. 9:26–27). Así, permaneció
con Pedro unos quince días. Después de esto regresó a su ciudad de Tarso, donde
es posible que permaneciera unos ocho o diez años, pues no se tienen datos
sobre esa etapa de su vida. No hay que dudar que tuviera problemas allí por
causa de su fe, pues él dijo: “De los judíos cinco veces he recibido cuarenta
azotes menos uno” (2 Cor. 11:24). ¿Cuándo y dónde fue esto? El libro de
los Hechos no nos dice nada sobre el particular. Por lo tanto, es posible que
parte de esas malas experiencias las tuviera precisamente en su ciudad
natal. También a la época en Tarso debe corresponder los naufragios a que
hace referencia en 2 Cor. 11:25 (“... tres veces he padecido
naufragio; una noche y un día he estado como náufrago en alta mar”), a
menos que algunos de estos incidentes ocurrieron durante sus viajes misioneros
y Lucas no quiso registrarlos en los Hechos, lo cual es dudoso.
Su
físico: Existe un
documento del siglo II, titulado Los hechos de Pablo y de Tecla, que narra
unos cuentos sobre Pablo. Aunque esta obra fue considerada como
espuria, es interesante anotar la descripción que hace de la apariencia física
del apóstol. Dice que era una persona de estatura regular, medio calvo, de
nariz puntiaguda y frente ceñuda. Que, además, tenía las piernas torcidas o
arqueadas. Esto coincide con lo que él dice de sí mismo (“Porque a la
verdad, dicen, las cartas son duras y fuertes; más la presencia corporal
débil” [2 Cor. 10:10]). Lo de las piernas arqueadas es, según algunos, característico
de personas que habían recibido azotes en muchas ocasiones.
Sus
experiencias espirituales: El apóstol dice
en 2 Cor. 12:2, dice lo siguiente: “Conozco a un hombre en
Cristo, que hace catorce años (si en el cuerpo, no lo sé; sí fuera del cuerpo,
no lo sé; Dios lo sabe) fue arrebatado hasta el tercer cielo”. Algunas
personas especulan que Pablo. Andaba por los montes Taurus,
donde incluso hay una gruta que es conocida con el nombre de “Gruta de
San Pablo.”. Y que probablemente allí recibió esta visión o
traslado al tercer cielo. Lo cierto es que en varios de sus escritos, Pablo. Habla
de revelaciones que recibió directamente del Señor, pero él se cuida de
aclarar: “Y para que la grandeza de las revelaciones no me exaltase
desmedidamente, me fue dado un aguijón en la carne, un mensajero de Satanás que
me abofetee” (2 Cor. 12:7). En realidad, nadie sabe en qué consistía este
“aguijón”. Algunos pensaron que se trataba de una debilidad de tipo sexual.
Otros que eran algún tipo de enfermedad dolorosa y, además, que producía mala
impresión a otros. Pero no hay datos seguros.
Antioquía: Como resultado del
éxito de la predicación del evangelio en Antioquía, la tercera ciudad del
imperio, •Bernabé buscó a Pablo. Para que fuera a residir
allí. En esa ciudad Pablo. Pudo desarrollar un fructífero
ministerio, junto a otros prominentes miembros de la iglesia antioqueña. Cuando
un profeta de nombre Agabo anunció “que vendría una gran hambre en
toda la tierra habitada”, los hermanos de Antioquía decidieron “enviar
socorro” para los santos de Judea, dando “cada uno conforme a lo que
tenía”. Los encargados de llevar esta ofrenda de amor fueron “Bernabé
y... Saulo” (Hec. 11:28–30). Al parecer, llevaron también con ellos a
•Tito, un gentil, pues Pablo. Dice en Gál. 2:1–3, “Después,
pasados catorce años, subí otra vez a Jerusalén con Bernabé, llevando conmigo a
Tito”. Pablo. aprovechó esta visita a Jerusalén para consultar
con los principales líderes de la iglesia allí (“Pero subí según una
revelación, y para no correr o haber corrido en vano, expuse en privado a los
que tenían cierta reputación del evangelio que predico entre los gentiles. Mas
ni aun Tito, que estaba conmigo, con todo y ser griego, fue obligado a
circuncidarse” [Gál. 2:1–5]). Los resultados de esta consulta fueron la
confirmación de que el evangelio que él predicaba era el mismo que anunciaban
también los que habían conocido al Señor antes que él. Y el hecho de que Tito
no fuera obligado a circuncidarse, dejaba en claro que los hermanos de
Jerusalén estaban de acuerdo con la doctrina y la práctica que Pablo. enseñaba
entre los gentiles.
Un día, mientras
oraba en el templo, le “sobrevino un éxtasis” y vio al Señor, que le
decía: “Date prisa, y sal prontamente de Jerusalén; porque no recibirán tu
testimonio acerca de mí.... Ve, porque yo te enviaré lejos a los
gentiles” (Hec. 22:17-21). Al narrarlo a los hermanos, éstos se dieron
cuenta de que a Pablo le había sido “encomendado el
evangelio de la incircuncisión, como a Pedro el de la circuncisión”, por
lo cual le dieron a él y a Bernabé “la diestra en señal de compañerismo,
para que nosotros fuésemos a los gentiles, y ellos a la circuncisión. Solamente
nos pidieron que nos acordásemos de los pobres” (Gál. 2:7-10). Esto último
fue, en efecto, la expresión del buen deseo de que se repitiera la acción que
llevaron a cabo los hermanos de Antioquía.
Viaje
misionero: De regreso en
aquella ciudad, el Espíritu Santo habló a los líderes de la iglesia,
diciéndoles: “Apartadme a Bernabé y a Saulo para la obra a que los he
llamado” (Hec. 13:1-2). Con el apoyo de los hermanos, salieron, pues hacia
•Chipre, de donde era Bernabé, acompañados por Juan Marcos “de
ayudante” (Hec 13:1-5). Como sabia estrategia, al llegar a un lugar Pablo. buscaba “las sinagogas
de los judíos” y comenzaba allí a anunciar “la palabra de
Dios” (Hec. 13:5). Después fueron a Panfilia, en el S de la Anatolia,
pero Juan Marcos decidió volver a Jerusalén. Ellos siguieron predicando por
diversas ciudades, y lograron establecer grupos de cristianos en Antioquía de Pisidia, Iconio, Listra, Derbe y otros lugares. Entonces
regresaron a Antioquía, de donde habían salido.
La
controversia con los judaizantes: Su informe fue
causa de mucho gozo para los hermanos. Pero encontraron que habían venido de
Judea algunos hermanos que estaban enseñando que los creyentes tenían que
guardar la ley de Moisés. Pablo. y Bernabé discutieron
fuertemente con ellos, por lo cual “se dispuso que subiesen a Jerusalén a los apóstoles y ancianos, para tratar esta cuestión” (Hec. 15:2). Fue
así como tuvo lugar lo que se conoce como el Concilio de Jerusalén, cuyas
decisiones dejaban libres a los creyentes gentiles de las exigencias de la ley
de Moisés. La carta correspondiente fue llevada por Pablo. y
Bernabé a la iglesia en Antioquía, y causó gran alegría entre los hermanos.
Más
viajes misioneros: “Después de
algunos días”, Pablo. y Bernabé decidieron volver a visitar a
los hermanos en las ciudades donde habían predicado antes. Hubo entre ellos un
desacuerdo. Bernabé quería llevar a Juan Marcos. Pablo. se
opuso. Finalmente, decidieron separarse. Bernabé fue a Chipre con Juan Marcos y
Pablo partió hacia Siria y Cilicia, acompañado por Silas. En Derbe conoció a Timoteo y lo incorporó a su misión. Así, viajaron
por “Frigia y la provincia de Galacia”, pero “les fue prohibido
por el Espíritu Santo hablar la palabra en Asia” (Hec. 16:1-7). Lo mismo pasó
cuando quisieron ir a Bitinia. Fueron entonces a Troas, donde Pablo. tuvo
una visión que le impulsó a viajar hacia •Macedonia. Así comenzó la predicación
del evangelio en aquellas regiones, siendo alcanzadas las ciudades de •Filipos,
•Tesalónica, •Berea, •Atenas, y •Corinto. De allí viajó a •Éfeso y luego
regresó a Antioquía tras pasar por •Cesárea. Luego volvió a viajar por
•Galicia y Frigia, “confirmando a todos los discípulos” (Hec.
18:23). Retornó a Éfeso, esta vez para quedarse allí por un buen tiempo.
De regreso a Jerusalén: A estas alturas, Pablo. planeaba volver a Jerusalén para luego ir a •Roma, por lo cual escribió una epístola a los hermanos de esta última ciudad diciéndoles de su propósito de pasar a visitarlos, rumbo a España (•Romanos, Epístola a los). Librado a duras penas de un alboroto que se levantó en Éfeso, se despidió de los hermanos y partió de nuevo para Macedonia, recorrió el país, fue a Grecia de nuevo y luego decidió regresar a Jerusalén por la vía de Macedonia. Un grupo de hermanos le acompañó hasta Asia (Hec. 20:1–4). Llegaron a •Troas, donde Pablo. predicó y realizó el milagro de volver a la vida a un joven llamado •Eutico. Tras varias paradas obligadas en el viaje, llamó a los ancianos de Éfeso a la ciudad de •Mileto. Se reunió con ellos y los exhortó. Luego viajaron hasta llegar a •Tiro, donde saludó a los hermanos. En Cesárea se hospedó en casa de •Felipe el evangelista. Allí recibieron la visita del profeta Agabo, quien profetizó que Pablo. sería hecho prisionero en Jerusalén, pero el apóstol insistió en ir. Al llegar a la ciudad santa, presentó un informe a la iglesia. Pero cuando visitó el •templo, fue reconocido y se armó un alboroto que casi le cuesta la vida. El tribuno de una compañía romana le salvó de manos de la multitud. Aunque le fue permitido hablar a ésta, su mensaje lo que causó fue más alboroto. Al otro día, pudo hablar delante de “los principales sacerdotes y a todo el concilio” (Hec. 22:30). Los resultados fueron negativos. De manera que el tribuno decidió dejarle preso. En la cárcel, el Señor Jesús se le apareció de nuevo, dándole ánimo y diciéndole que iría a Roma.
De regreso a Jerusalén: A estas alturas, Pablo. planeaba volver a Jerusalén para luego ir a •Roma, por lo cual escribió una epístola a los hermanos de esta última ciudad diciéndoles de su propósito de pasar a visitarlos, rumbo a España (•Romanos, Epístola a los). Librado a duras penas de un alboroto que se levantó en Éfeso, se despidió de los hermanos y partió de nuevo para Macedonia, recorrió el país, fue a Grecia de nuevo y luego decidió regresar a Jerusalén por la vía de Macedonia. Un grupo de hermanos le acompañó hasta Asia (Hec. 20:1–4). Llegaron a •Troas, donde Pablo. predicó y realizó el milagro de volver a la vida a un joven llamado •Eutico. Tras varias paradas obligadas en el viaje, llamó a los ancianos de Éfeso a la ciudad de •Mileto. Se reunió con ellos y los exhortó. Luego viajaron hasta llegar a •Tiro, donde saludó a los hermanos. En Cesárea se hospedó en casa de •Felipe el evangelista. Allí recibieron la visita del profeta Agabo, quien profetizó que Pablo. sería hecho prisionero en Jerusalén, pero el apóstol insistió en ir. Al llegar a la ciudad santa, presentó un informe a la iglesia. Pero cuando visitó el •templo, fue reconocido y se armó un alboroto que casi le cuesta la vida. El tribuno de una compañía romana le salvó de manos de la multitud. Aunque le fue permitido hablar a ésta, su mensaje lo que causó fue más alboroto. Al otro día, pudo hablar delante de “los principales sacerdotes y a todo el concilio” (Hec. 22:30). Los resultados fueron negativos. De manera que el tribuno decidió dejarle preso. En la cárcel, el Señor Jesús se le apareció de nuevo, dándole ánimo y diciéndole que iría a Roma.
Preso
y enviado a Roma: Pablo. tuvo
que ser trasladado a Cesárea bajo fuerte custodia, a fin de evitar una
conspiración para matarle. Allí descendieron los líderes religiosos judíos y le
acusaron delante de Félix el gobernador. El apóstol se defendió, pero
Félix decidió dejarle preso. Dos años después, Porcio Festo vino como
sucesor de Félix. También ante éste volvieron a acusarle los líderes judíos,
hasta que Pablo. decidió hacer uso de su derecho como
ciudadano romano y apelar al César. El rey Agripa y su esposa Berenice,
de visita en el lugar, quisieron oír a Pablo. Tras su mensaje,
Agripa dijo: “Por poco me persuades a ser cristiano” (Hec. 26:28).
Finalmente, Pablo. fue
enviado a Roma en una embarcación, que naufragó en la isla de Malta. Allí hizo
varios milagros. Luego le embarcaron en una nave alejandrina que le llevó hasta Puteoli, donde fue recibido por creyentes que le atendieron durante siete
días, tras los cuales fue a Roma.
¿Estuvo Pablo preso dos veces en Roma? El relato de Lucas en el libro de los Hechos no termina señalando la muerte del apóstol, sino que le deja en Roma “dos años enteros en un casa alquilada, y recibía a todos los que a él venían, predicando el reino de Dios y enseñando acerca del Señor Jesucristo, abiertamente y sin impedimento” (Hec. 28:30-31). La mayoría de los eruditos piensan que Pablo. Estuvo dos veces preso en Roma, y que se efectuó su primera liberación de la cárcel en el año 62 d.C. y su segunda prisión y muerte en el año 65 o 67 d.C. Según esta tesis, entonces, el apóstol tuvo la oportunidad de viajar de nuevo predicando el evangelio, lo cual explica la tradición de que llegó hasta España. Por lo menos se sabe por vía de Clemente de Roma, quien lo escribió en el año 96 d. C., que el apóstol murió después de haber llegado “hasta los límites extremos de occidente”. Además, el famoso fragmento de Muratori, señala que Lucas no pudo relatar en el libro de los Hechos “la prisión de Pedro y el viaje de Pablo cuando fue de Roma a España”. Muchos de los llamados padres de la iglesia dan también testimonio de esto. Esta tesis, por otra parte, ayuda a interpretar mejor ciertos pasajes, especialmente 2 Tim. 4:6–18, donde el apóstol presiente su muerte (“... yo ya estoy para ser sacrificado, y el tiempo de mi partida está cercano” [2 Ti. 4:6]). Se siente muy solo (“Sólo Lucas está conmigo.... En mi primera defensa ninguno estuvo a mi lado” [2 Ti. 4:11, 16]). Se han hecho muchas especulaciones sobre cuál habrá sido el itinerario de Pablo. durante esos tres o cuatro años que separan sus dos prisiones.
Su
teología: Se denomina "Teología Paulina" al estudio razonado, sistemático e integral del pensamiento de "Pablo de Tarso", que experimentó desarrollo y retoques en las sucesivas interpretaciones que se hicieron de sus escritos. La presentación sumaria de la "Teología de San Pablo" es muy ardua. La mayor dificultad de cualquier intento de sistematización del pensamiento del Apóstol radica en que Pablo no era un teólogo sistemático, por lo cual cualquier categorización y ordenamiento parece responder más a las preguntas del exegeta que a esquemas paulinos. Por mucho tiempo el debate estuvo supeditado a una disyuntiva. Según la tesis luterana clásica, el tema fundamental de la "Teología Paulina" sería el de la justificación de la fe sin las obras de la Ley. A partir de esa tesis se llegó a considerar que en la doctrina paulina así entendida estaba el núcleo central del anuncio cristiano.
A través de sus
cartas, que fueron escritas para atender a problemas específicos que se
presentaban en las distintas iglesias, se evidencia la importancia y la
profundidad del pensamiento paulino. Cada carta tiene su propia manera de
argumentación, usando el lenguaje adecuado para los asuntos que quería tratar.
De su conjunto, podemos extraer las líneas generales de su pensamiento sobre la
salvación, lo que nos indica cuál es su verdadero significado, y refuta las
falsas concepciones que sobre la misma se presentaban en la época. Las llamadas Trece Cartas. "Pablo" escribe cuatro cartas y nueve más con otros Apóstoles o Discípulos, incluyendo la Epístola a los Hebreos, que forman parte del Nuevo Testamento y están dirigidas a las comunidades de gentiles, paganos convertidos por su predicación. En ellas les exhorta, les guía en la fe y enseña sobre ética y doctrina. Estas cartas son inspiradas por el Espíritu Santo y forman parte de la revelación divina. Es decir, son Palabra de Dios y por medio de ellas Dios mismo se da a conocer. "Pablo" es el instrumento en esta comunicación divina pero al mismo tiempo las cartas nos ayudan a conocer al autor humano. Reflejan su personalidad, sus dones y sus luchas intensas. Otras fuentes que nos ayudan a conocer el apóstol son los Hechos de los Apóstoles escritos por San Lucas y ciertos libros apócrifos.
La ley y la gracia: Como apóstol que era de los gentiles, Pablo. se preocupó por aclarar que lo que se consideraba como requerimientos de la ley judía no eran aplicables a los creyentes gentiles, insistiendo en la •justificación por medio de la fe. En sus escritos, sobre todo en •Romanos y •Gálatas, procura explicar cuál había sido la función de la ley, enfatizando que toda ella había sido cumplida por Jesucristo, especialmente con su muerte en expiación por los pecados del mundo. Los creyentes han muerto con Cristo. Por tanto, han muerto para la ley (“Porque yo por la ley soy muerto para la ley, a fin de vivir para Dios” [Gal. 2:19]). Esa muerte hace a los hombres libres de la ley. Los creyentes ya no están “bajo la ley, sino bajo la gracia” (Rom. 6:14). Con todo, las estipulaciones del AT debían ser tomadas muy en cuenta, sabiendo que “están escritas para amonestarnos a nosotros” (1 Cor. 10:11). Siempre subrayaba a los creyentes que la fe en Cristo y la conversión tenían por resultado una conducta de santidad.
La ley y la gracia: Como apóstol que era de los gentiles, Pablo. se preocupó por aclarar que lo que se consideraba como requerimientos de la ley judía no eran aplicables a los creyentes gentiles, insistiendo en la •justificación por medio de la fe. En sus escritos, sobre todo en •Romanos y •Gálatas, procura explicar cuál había sido la función de la ley, enfatizando que toda ella había sido cumplida por Jesucristo, especialmente con su muerte en expiación por los pecados del mundo. Los creyentes han muerto con Cristo. Por tanto, han muerto para la ley (“Porque yo por la ley soy muerto para la ley, a fin de vivir para Dios” [Gal. 2:19]). Esa muerte hace a los hombres libres de la ley. Los creyentes ya no están “bajo la ley, sino bajo la gracia” (Rom. 6:14). Con todo, las estipulaciones del AT debían ser tomadas muy en cuenta, sabiendo que “están escritas para amonestarnos a nosotros” (1 Cor. 10:11). Siempre subrayaba a los creyentes que la fe en Cristo y la conversión tenían por resultado una conducta de santidad.
La
justificación por la fe: El apóstol hace
énfasis en que toda la Biblia enseña que “no hay justo, ni aun
uno” (Rom. 3:10). Fue necesario que Jesucristo, hombre perfecto, el justo
por antonomasia, diera su vida en •expiación por los pecados de la humanidad,
satisfaciendo así la justicia divina. Basado en ese hecho, Dios ofrece
gratuitamente justificar a todos aquellos que creen en su Hijo, los que
reconocen y aceptan que el sacrificio que él hizo fue en su particular favor.
La justificación es, entonces, un don de Dios. Así, “aparte de la ley, se
ha manifestado la justicia de Dios... la justicia de Dios por medio de la fe en
Jesucristo... siendo justificados gratuitamente por su gracia” (Rom.
3:21–25).
La
reconciliación: Explica Pablo. que
el pecado del hombre le puso en situación de enemistad con Dios (“Por
cuanto la mente carnal es enemistad contra Dios” [Rom. 8:7]). El Señor
Jesús vino al mundo para hacer una obra de reconciliación entre los hombres y
Dios (“Porque si siendo enemigos, fuimos reconciliados con Dios por la
muerte de su Hijo, mucho más, estando reconciliados, seremos salvos por su
vida” [Rom. 5:10]). Dice que Dios ha dado a los creyentes “el
ministerio de la reconciliación”, que anuncia “que Dios estaba en Cristo
reconciliando consigo al mundo”. Y que ahora es “como si Dios rogase
por medio de nosotros.... Reconciliaos con Dios” (2 Cor. 5:18–21). Esta
reconciliación con Dios produce otra entre los seres humanos entre sí. Para
comenzar, la división entre judíos y gentiles fue eliminada por el Señor Jesús
en la cruz del Calvario (“Porque él es nuestra paz, que de ambos pueblos
hizo uno, derribando la pared intermedia de separación, aboliendo en su carne
las enemistades... y mediante la cruz reconciliar con Dios a ambos en un solo
cuerpo” [Efe. 2:14–18]).
La Iglesia: De especial
significación fue el aporte de Pablo. al entendimiento de lo
que es la •iglesia. Explica que ella es “la casa de Dios... la iglesia del
Dios viviente, columna y baluarte de la verdad” (1 Tim. 3:15). Jesucristo
es el fundamento de ella (1 Cor. 3:11-12). Él es su cabeza y ella es su cuerpo
(Efe. 1:22-23; Col. 1:18). Esta figura se refuerza con otra: la iglesia es
la esposa de Cristo (Efe. 5:21-33). Dice que “la multiforme sabiduría de
Dios” es “dada a conocer por medio de la iglesia a los principados y
potestades en los lugares celestiales”(Efe. 3:9-10). El propósito de Cristo
es “santificarla, habiéndola purificado en el lavamiento del agua por la
palabra, a fin de presentársela a sí mismo, una iglesia gloriosa, que no
tuviese mancha ni arruga ni cosa semejante, sino que fuese santa y sin
mancha” (Efe. 5:26-27).
Su
escatología: El apóstol habla
frecuentemente de la segunda venida de Cristo. Decía que es “preciso que
él reine” (1 Cor. 15:25). Los tesalonicenses se habían
convertido “para servir al Dios vivo y verdadero y esperar de los cielos a
su Hijo, al cual resucitó de los muertos” (1 Tés. 1:9-10). Les animaba a
estar preparados para “la venida de nuestro Señor Jesucristo con todos sus
santos” (1 Tés. 3:13), porque “el día del Señor vendrá así como ladrón
en la noche” (1 Tes. 5:2). Con esto, indicaba, se completaría la
redención, no sólo de los hombres, sino de toda la creación.
Su
lucha contra los excesos: Por otra parte,
tenía que estar vigilante siempre a causa de los excesos que se producían en
medios cristianos que interpretaban mal este significado escatológico de la
salvación. Algunos, como en el caso de ciertos tesalonicenses, no veían la
necesidad de trabajar (“Porque también cuando estábamos con vosotros, os
ordenábamos esto: Si alguno no quiere trabajar, tampoco coma” [2 Tés.
3:10–12]). Otros decían “que la resurrección ya se efectuó” (2 Ti.
2:16–18). Había que advertir contra los “espíritus
engañadores” que “prohibirán casarse” (1 Tit. 4:1–3). Y así
sucesivamente. En resumen, por
éstas y muchas otras razones, se puede decir que Pablo. Fue el
más grande expositor de la fe cristiana.
Conclusión
Un misterio en el Nuevo Testamento, es algo que estaba oculto, que se guardaba en secreto y no se había dado a conocer a los hombres en generaciones anteriores, la generación de Pablo, pero que se manifestó y fue revelado en el tiempo del Nuevo Testamento «a» y «por», los apóstoles y profetas del nuevo pacto.
De acuerdo con esta definición basada en la Biblia, un misterio en el Nuevo Testamento es algo que nunca se había revelado plenamente en generaciones anteriores, ya que muchas veces lo que los profetas dijeron y escribieron en el período del Antiguo Testamento, no lo entendieron tan claramente como hoy día.
El misterio del cual Pablo habló en Romanos 16, era que, tanto judíos como gentiles eran tratados por Dios sobre la base de total igualdad y que, al creer en Cristo, serían unidos en un cuerpo con el propósito de mostrar las excelencias de Aquel que los llamó de las tinieblas a su luz admirable. De dos, Dios hizo un nuevo hombre, y un nuevo pueblo. Y es nuestro privilegio, en los días en que vivimos, dar a conocer este misterio, revelar el secreto, descubrir la revelación que había estado oculta.
Las buenas nuevas de Pablo, incluían el misterio, «a fin de que al abrir mi boca me sea dada palabra para dar a conocer con denuedo el misterio del evangelio». Sin duda, Pablo fue quien, principalmente reveló el misterio, pero no fue dado exclusivamente a él. Pablo no fue el único administrador de los misterios de Dios. Aunque éstos misterios han sido explicados en toda la plenitud de su hermosura en sus epístolas, también Dios usó luego a Pedro y Juan para revelar algunos aspectos secretos.
Por otra parte debería notarse, que el misterio había sido revelado, al menos en forma embrionaria, por nuestro Señor Jesucristo. Esto se ve especialmente en los misterios de Mateo 13 y en el discurso del aposento alto registrado en los capítulos 14 al 17 de Juan.
