Cómo mantener nuestra salud espiritual
Autor
Teólogo: Cruz Monasterio
Texto: Gal 5:16-17; “Digo,
pues: Andad en el Espíritu, y no satisfagáis los deseos de la carne. Porque
el deseo de la carne es contra el Espíritu, y el del Espíritu es contra la
carne; y éstos se oponen entre sí, para que no hagáis lo que quisiereis.”
Introducción
La Biblia misma nos muestra el pecado en una posición ofensiva de un
asedio constante, esperando derrotarnos violentamente por la fuerza, o por el
desgaste. El pecado puede atacarte fuertemente con una gran tentación, o puede
desgastarte con cientos de tentaciones pequeñas cada día. Si tú cedes a una,
luego cedes a otra, y ya en la tercera no te es tan gravoso (o sea molesto), y
así sucesivamente; el pecado va debilitando tu fortaleza espiritual para
conducirte a la derrota y asaltarte sin misericordia. Constantemente
somos tentados por ese pecado que aún mora en nosotros. (Lea Rom cap. 7 versos 14 al 21; “Porque sabemos que la
ley es espiritual; mas yo soy carnal, vendido al pecado. Porque lo que
hago, no lo entiendo; pues no hago lo que quiero, sino lo que aborrezco, eso
hago. Y si lo que no quiero, esto hago, apruebo que la ley es buena. De
manera que ya no soy yo quien hace aquello, sino el pecado que mora en
mí. Y yo sé que en mí, esto es, en mi carne, no mora el bien; porque el
querer el bien está en mí, pero no el hacerlo. Porque no hago el bien que
quiero, sino el mal que no quiero, eso hago. Y si hago lo que no quiero,
ya no lo hago yo, sino el pecado que mora en mí. Así que, queriendo yo
hacer el bien, hallo esta ley: que el mal está en mí.” Cientos de ataques mensuales son los que cada creyente tiene que
resistir (si es que los resiste). Es una oposición constante y activa. Cuando
el Espíritu nos dice que guardemos nuestros ojos de ver lo malo, la carne nos
anima a satisfacer el deseo de pecado. Cuando el Espíritu nos llama a amar a
nuestros cónyuges, el pecado nos llama a tratarlos con aspereza y violencia. Es
una batalla que no cesará mientras vivamos, y si no estamos involucrados
activamente en ella, estamos a la merced de nuestro enemigo.
División
La Palabra del Señor nos aconseja en Santiago 1:13-14-15; " Cuando alguno es tentado, no diga que es tentado de parte de Dios; porque
Dios no puede ser tentado por el mal, ni él tienta a nadie; sino que cada uno es tentado, cuando de su propia concupiscencia es atraído
y seducido. Entonces la concupiscencia, después que ha concebido, da a luz el pecado;
y el pecado, siendo consumado, da a luz la muerte."
Como creyentes en Cristo debemos mantenernos alejados de ciertos
peligros para mantener la salud espiritual. Las Escrituras nos dan indicaciones
claras de cuáles son las cosas a las que somos espiritualmente «alérgicos»:
1.-. Toda especie de mal. (1 Tes 5:22; “Absteneos
de toda especie de mal. “). Esto debe hacernos pensar en las decisiones que tomamos, ya
que participar en lo que es claramente malo no es bueno para nuestra vitalidad
espiritual.
2.-. Cuestiones
necias e insensatas. (2 Tim 2:23; “Pero desecha las cuestiones necias e insensatas,
sabiendo que engendran contiendas.” Tito 3:9; “Pero evita las cuestiones necias, y genealogías, y
contenciones, y discusiones acerca de la ley; porque son vanas y sin provecho.”). Esto
requiere discernimiento, porque algunos argumentos son apropiados para defender
la fe. Sin embargo, aquellos para los cuales no hay respuesta o que no tienen
un genuino respaldo sólo causan conflictos.
3.-. Inmoralidad sexual. (1 Tes 4:3; “Pues la voluntad de Dios es vuestra santificación; que os apartéis de fornicación.”). 1 Cor 6:18; "Huid de la fornicación. Cualquier otro pecado que el hombre cometa, está fuera del cuerpo; mas el que fornica, contra su propio cuerpo peca. La Biblia dice que toda actividad sexual entre un hombre y una mujer fuera de los límites del matrimonio es inmoral. (Gen 2:24; “Por tanto, dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y serán una sola carne.” Exo 20:14; “No cometerás adulterio.” 1 Cor 7:2; “Pero a causa de las fornicaciones, cada uno tenga su propia mujer, y cada una tenga su propio marido.” Heb 13:4; “Honroso sea en todos el matrimonio, y el lecho sin mancilla; pero a los fornicarios y a los adúlteros los juzgará Dios.”).
¿Tentado? ¡No cedas! Stg 1:12; “Bienaventurado el varón que
soporta la tentación; porque cuando haya resistido la prueba, recibirá la
corona de vida, que Dios ha prometido a los que le aman.”
El escritor de hebreos exhorta a los creyentes que
estaban siendo tentados a No ceder en la batalla. (Heb 12:1-2;
“Por tanto, nosotros
también, teniendo en derredor nuestro tan grande nube de testigos, despojémonos
de todo peso y del pecado que nos asedia, y corramos con paciencia la carrera
que tenemos por delante, puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador
de la fe, el cual por el gozo puesto delante de él sufrió la cruz,
menospreciando el oprobio, y se sentó a la diestra del trono de Dios.”)
Subdivisión
¿Por medio de
quién podemos hacer morir las obras de la carne? Por medio del Espíritu de Dios
que mora en nosotros. Dios no nos ha dejado sin herramientas ante el asedio del
pecado: nos ha dado su Espíritu Santo para que podamos prevalecer y tener
victoria en la batalla diaria que tenemos por delante hasta nuestro último día
de vida. Rom 8:13;
“Porque
si vivís conforme a la carne, moriréis; mas si por el Espíritu hacéis
morir las obras de la carne, viviréis.”
El pecado que mora en mi. Rom 7:18-19-20-24-25; “Y yo sé que en mí, esto es, en mi carne, no mora el bien;
porque el querer el bien está en mí, pero no el hacerlo. Porque no hago el
bien que quiero, sino el mal que no quiero, eso hago. Y si hago lo que no
quiero, ya no lo hago yo, sino el pecado que mora en mí. ¡Miserable de mí! ¿Quién
me librará de este cuerpo de muerte? Gracias doy a Dios, por Jesucristo
Señor nuestro. Así que, yo mismo con la mente sirvo a la ley de Dios, mas con
la carne a la ley del pecado. ”
Conclusión
¿Cuál es tu postura ante el pecado? ¿Estás
luchando activa y ofensivamente contra él? ¿O estás cediendo terreno?
No tenemos ningún pasaje en la Biblia que nos permita bajar la guardia ante el
pecado; que nos diga: “descansa, ya eres salvo y no debes preocuparte por
ello”. ¡No! La Biblia nos llama vez tras vez a perseguir la santidad y a hacer
morir el pecado. Nos llama a poner en asedio al pecado y
hacerlo morir por falta de pecar. ¿No es una táctica ofensiva lo que nos
plantea Dios en Su Palabra?
¿Todo creyente debe estar dispuesto a ser un
esfuerzo para alejarnos de las cosas a las que somos espiritualmente
«alérgicos»?. Rom 6:23; “Porque
la paga del pecado es muerte, mas la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo
Jesús Señor nuestro. 1 Jn 2:16-17; “Porque
todo lo que hay en el mundo, los deseos de la carne, los deseos de los ojos, y
la vanagloria de la vida, no proviene del Padre, sino del mundo. Y el
mundo pasa, y sus deseos; pero el que hace la voluntad de Dios permanece para
siempre.” Que el Señor que nos llamó a la santidad, nos fortalezca en nuestra batalla diaria contra el pecado, para caminar día a día en gozo, paz, y vida abundante. Tomemos la ofensiva y armemos nosotros un asedio contra el pecado. Que esta reflexión te aliente a luchar en Él, hasta que Cristo vuelva.

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