El Gran Trono Blanco





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                                                            Estudio Bíblico

                                                      El Gran Trono Blanco




                 Autor
                 Teólogo: Cruz Monasterio





                                                      Estudio Bíblico

Tema: El Gran Trono Blanco

Texto: "Y vi un gran trono blanco y al que estaba sentado en él, de delante del cual huyeron la tierra y el cielo, y ningún lugar se encontró para ellos." (Ap. 20: 11). 

Introducción 

Hay un trono sobre el que reina el Rey eterno, inmortal, invisible: el mundo es gobernado por leyes establecidas y mantenidas en vigor por un legislador inteligente. Hay un gobernante moral. Los hombres deben rendir cuentas y se les exigirán cuentas en el último gran día, cuando todos los hombres serán recompensados o castigados. 

Cuando el profeta de la isla de Patmos, de ojo avizor, miró a lo alto, a los cielos: Vio un trono, de lo que deduzco que hay un trono de gobierno moral sobre los hijos de los hombres, y que, quien se sienta en él, preside sobre todos los moradores de este mundo. Hay un trono cuyo dominio abarca desde Adán en el Paraíso, hasta "el postrer hombre", quienquiera que sea. No estamos sin gobernante, sin legislador y sin juez. Este mundo no ha sido entregado para que los hombres hagan en él lo que quieran, sin un legislador, sin un vengador, sin Uno que otorgue recompensas o imponga castigos. 

El pecador, en su ceguera, mira; pero como no ve el trono, entonces exclama: "viviré como me dé la gana, pues no hay nadie a quien deba rendir cuentas"; pero Juan, con un ojo iluminado, vio claramente un trono, y a un gobernante personal sentado en él, que estaba allí para exigir de sus criaturas la rendición de cuentas. 

División 

El más idóneo en todo el mundo se sentará en ese trono. Será Dios, pero escuchen atentamente, será también hombre. El apóstol dice: "El día en que Dios juzgará por Jesucristo los secretos de los hombres, conforme a mi evangelio." 

El juez tiene que ser Dios. ¿Quién, sino Dios, sería capaz de juzgar a tantos seres, y de juzgarlos con tanta precisión? El trono es demasiado grande para cualquiera excepto para Él, de quien está escrito: "Tu trono, oh Dios, es eterno y para siempre; cetro de justicia es el cetro de tu reino." Cristo Jesús, el Hijo de Dios, juzgará, y juzgará como hombre y como Dios; ¡y cuán apropiado es que sea así! Como hombre, Él conoce nuestras debilidades, entiende nuestros corazones, y no podemos objetar esto: que nuestro Juez sea, Él mismo, semejante a nosotros. ¿Quién podría juzgar con un juicio equitativo de mejor manera que Aquel que es "hueso de nuestros huesos y carne de nuestra carne"? 

Vi un gran trono blanco. ¡Cómo reviste esto de solemnidad las acciones de los hombres! Si se nos permitiera hacer exactamente lo que quisiéramos, sin que fuésemos llamados a rendir cuentas por ello, aun entonces sería sabio ser virtuoso, pues tengan la seguridad de que nos conviene ser justos y de que, en sí mismo, es una gran vergüenza ser malvados. Pero no se nos ha permitido eso. Hay una ley vigente, cuyo quebrantamiento involucra el castigo. Hay un legislador que contempla desde lo alto y vigila cada acción del hombre, y que no tolera que una sola palabra o hecho queden sin  registro en /Su Libro de Memoria/. 

Ese gobernante está armado de poder: Pronto vendrá para celebrar Su audiencia superior, y cada agente responsable sobre la faz de la tierra, deberá presentarse en Su tribunal, según se nos informa, "Para que cada uno reciba según lo que ha hecho mientras estaba en el cuerpo, sea bueno o sea malo."

Ese maravilloso Juez sólo necesita mirar a Su propia personalidad para leer la ley, y repasar Sus propias acciones para discernir si las acciones de otras personas son buenas o malas. 

Los pensamientos de muchos corazones fueron revelados por Cristo en la tierra, y ese mismo Cristo hará una exposición abierta de los hombres en el último gran día. Él los juzgará, discernirá sus espíritus, descubrirá las coyunturas y los tuétanos de su ser; pondrá al desnudo los pensamientos y las intenciones del corazón. 

Subdivisión

Así que todos los (impíos) comparecerán ante El Señor  en el Trono Blanco, para responder por sus acciones mientras estuvieron en el cuerpo.

¿Quién es el Juez? "Porque el Padre a nadie juzga, sino que todo el juicio dio al Hijo." (Jn. 5:22;  Dan. 7 :9-10).

Sabemos que este gobernante moral es Dios mismo, que tiene un indiscutible derecho de reinar y de gobernar. 

Él creó todo, ¿Y no juzgará Él todo?: Como Creador, Él tiene el derecho a dictar Sus leyes, y, cómo esas leyes son la verdadera norma de todo lo que es bueno y verdadero, entonces, por eso, Él tiene el derecho eterno de gobernar, además del derecho que le pertenece como Creador. 

Él es el Juez de todo: Qué ha de hacer lo que es justo a partir de una necesidad de Su naturaleza. ¿Quién más, entonces, debería sentarse en el trono, y quién se atrevería a tener el derecho de hacerlo? Él puede retar a todas Sus criaturas, y decirles: "Yo soy Jehová, y ninguno más hay": si Él revela el trueno de Su poder, Sus criaturas deben reconocer en silencio que sólo Él es Dios. Nadie puede aventurarse a decir que este trono no está cimentado en justicia. Pero nuestro Dios tiene tanto un poder invencible como una justicia infalible. 

Entonces, del texto se desprende que hay, en verdad, un gobernante del mundo que es real y personal, un gobernante calificado y eficaz, que no es un simple nombre, un mito, un oficio vacío, sino la persona que se sienta en el trono, que juzga con rectitud, y que celebrará ese juicio en breve. 

El Gran Trono Blanco:  Quienes serán presentados delante de él; No se trata de un puñado de criminales, sino de millones de millones, [Muchos pueblos en el valle de la decisión].

Será un Gran Trono Blanco: Por causa de los asuntos que serán juzgados allí. Nuestras almas han de ser juzgadas allí; nuestro futuro estará en juego, no por un tiempo, no por un solo siglo, sino por siempre y para siempre. Sobre esas balanzas penderán el cielo y el infierno; a la derecha será distribuido el triunfo eterno, y a la izquierda la destrucción y la confusión perpetua, y el destino de cada hombre y de cada mujer, será declarado positivamente desde ese tremendo Trono! 

¡Oh, pecador! Sucederá totalmente lo contrario contigo, pues tu ruina está segura cuando llegue el tiempo de la prueba. No se requerirá de testigos para declararlo culpable, pues el Juez lo sabe todo. 

El Cristo, al que despreciaste, te juzgará: El Salvador, cuya misericordia pisoteaste, en la fuente de cuya sangre no quisiste lavarte, el despreciado y desechado entre los hombres -es Él quien dictará la justa sentencia contra ti, y ¡qué dirá sino esto!: "Y también a aquellos mis enemigos que no querían que yo reinase sobre ellos, traedlos acá, y decapitadlos delante de mí." 

Conclusión

Dios ha establecido un día para juzgar a cada persona.y también a los muertos. 

"Por cuanto ha establecido un día en el cual juzgará al mundo con justicia, por aquel varón a quien designó, dando fe a todos con haberle levantado de los muertos." (Hec. 17:31). 

¿Sobre qué hará Dios el juicio? 

"Porque Dios traerá toda obra a juicio, juntamente con toda cosa encubierta, sea buena o sea mala." (Ecl. 12:14).

Serán juzgadas aún las cosas ocultas

"En aquel día en que Dios juzgará por Jesucristo los secretos de los hombres, conforme a mi evangelio." (Rom. 2:16).

¿Cuántos comparecerán ante el juicio?

"Porque es necesario que todos comparezcamos ante el tribunal de Cristo, para que cada uno reciba según lo que haya hecho mientras estaba en el cuerpo, sea bueno o sea malo." (2 Cor. 5:10).

¿Dónde están registradas nuestras acciones? 

"Y vi a los muertos, grandes y pequeños, de pie ante Dios; y los libros fueron abiertos, el cual es el libro de la vida; y fueron juzgados los muertos por las cosas que estaban escritas en los libros, según sus obras." (Ap. 20:12).

¿Quiénes son los testigos? 

"Mirad que no menosprecieis a uno de estos pequeños; porque os digo que sus ángeles en los cielos ven siempre el rostro de mi Padre que está en los cielos." (Mat. 18:10).

El libro de memoria. "Entonces los que temían a Jehová hablaron cada uno a sus compañeros; y Jehová escuchó y oyó, y fue escrito libro de memoria delante de él para los que temen a Jehová, y para los que piensan en su nombre." (Mal. 3:16).  

De los pecados. "He aquí que esta escrito delante de mi; no callaré, sino que recompensaré, y daré el pago en su seno. Por vuestras iniquidades, dice Jehová, y por las iniquidades de vuestros padres juntamente, los cuales quemaron incienso sobre los montes, y sobre los collados me afrentaron; por tanto yo les mediré su obra antigua en su seno." (Isa. 65:6-7); "Mas yo os digo que de toda palabra ociosa que hablen los hombres, de ella darán cuenta en el día del juicio. Porque por tus palabras serás justificados, y por tus palabras serás justificado." (Mat. 12: 36- 37).

¿Por cuál código seremos juzgados? 

"Así hablad, y asi haced, como los que habéis de ser juzgado por la ley de la libertad." (Stg. 2:12).

¿Cuál será la sentencia? 

El juicio de las naciones. 

"Cuando el Hijo del hombre venga en su gloria y todos los santos ángeles con él, entonces se sentará en su trono de gloria, y serán reunidas delante de él todas las naciones; entonces apartará los unos de los otros, como aparta el pastor las ovejas de los cabritos. ... Y pondrá las ovejas a su derecha y los cabritos a su izquierda. 
Entonces el Rey dirá a los de su derecha: Venid, benditos de mi Padre, heredad el Reino preparado para vosotros desde la fundación del mundo, porque tuve hambre y me disteis de comer; tuve sed y me disteis de beber; fui forastero y me recogisteis; 
estuve desnudo y me vestisteis; enfermo y me visitasteis; en la cárcel y fuisteis a verme.
Entonces los justos le responderán diciendo: Señor, ¿cuándo te vimos hambriento y te alimentamos, o sediento y te dimos de beber?  ¿Y cuándo te vimos forastero y te recogimos, o desnudo y te vestimos? 
¿O cuándo te vimos enfermo o en la cárcel, y fuimos a verte? 
Respondiendo el Rey, les dirá: De cierto os digo que en cuanto lo hicisteis a uno de estos mis hermanos más pequeños, a mí lo hicisteis.
Entonces dirá también a los de la izquierda: Apartaos de mí, malditos, al fuego eterno preparado para el diablo y sus ángeles, 
porque tuve hambre, y no me disteis de comer; tuve sed, y no me disteis de beber; fui forastero, y no me recogisteis; estuve desnudo, y no me vestisteis; enfermo y en la cárcel, y no me visitasteis.” 
...Entonces también ellos le responderán diciendo: Señor, ¿cuándo te vimos hambriento, sediento, forastero, desnudo, enfermo o en la cárcel, y no te servimos?. Entonces les responderá diciendo: De cierto os digo que en cuanto no lo hicisteis a uno de estos más pequeños, tampoco a mí lo hicisteis.  Irán éstos al castigo eterno y los justos a la vida eterna." (Mat. 25:31-46).

¿Qué debo hacer para evitar ser condenado?

1.- Creer en Jesús y también obedecerle. "En verdad, en verdad os digo: el que oye mi palabra y cree al que me envió, tiene vida eterna y no vendrá a condenación; mas ha pasado de muerte a vida." (Jn. 5:24).

2.- Temer a Dios y guardar sus mandamientos  

"Si me amáis, guardad mis mandamientos...Y yo rogaré al Padre, y os dará otro Consolador, para que esté con vosotros para siempre:
El Espíritu de verdad, al que el mundo no puede recibir, porque no le ve ni le conoce; pero vosotros le conocéis, porque mora con vosotros y estará en vosotros...
No os dejaré huérfanos; vendré a vosotros.
Todavía un poquito, y el mundo no me verá más; pero vosotros me veréis; porque yo vivo, vosotros también viviréis.
En aquel día vosotros conoceréis que yo estoy en mi Padre, y vosotros en mí, y yo en vosotros.
El que tiene mis mandamientos y los guarda, ese es el que me ama; y el que me ama, será amado por mi Padre, y yo le amaré y me manifestaré a él.
Le dijo Judas, no el Iscariote: Señor, ¿cómo es que te vas a manifestar a nosotros y no al mundo?
Respondió Jesús y le dijo: El que me ama, mi palabra guardará; y mi Padre le amará, y vendremos a él y haremos morada con él.
El que no me ama, no guarda mis palabras; y la palabra que habéis oído no es mía, sino del Padre que me envió.
Estas cosas os he hablado estando con vosotros.
Mas el Consolador, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre, él os enseñará todas las cosas, y os recordará todo lo que os he dicho.
La paz os dejo, mi paz os doy; yo no os la doy como el mundo la da. No se turbe vuestro corazón ni tenga miedo.
Habéis oído que yo os he dicho: Voy, y vuelvo a vosotros. Si me amarais, ciertamente os regocijaríais, porque he dicho que voy al Padre, porque el Padre mayor es que yo.
Y ahora os lo he dicho antes que suceda, para que, cuando suceda, creáis.
No hablaré ya mucho con vosotros, porque viene el príncipe de este mundo, y él no tiene nada en mí.
Pero para que conozca el mundo que amo al Padre, y como el Padre me dio el mandamiento, así hago. ¡Levantaos, vámonos de aquí!" (Jn. 14:15-35).