Las Copas de Ira



Las Copas de Ira

    Autor

   Teólogo: Cruz Monasterio


Tema: Las Copas de Ira

Texto: Ap 16:1; “Oí una gran voz que decía desde el templo a los siete ángeles: Id y derramad sobre la tierra las siete copas de la ira de Dios.” 

Preliminar  o Introducción

Los tres capítulos precedentes han constituido un paréntesis entre el sonido de las sietes trompetas y el derramamiento de las siete copas. El tiempo del sonido de la séptima trompeta anunció el periodo del fin. (Ap 10:7; “Sino que en los días de la voz del séptimo ángel, cuando él comience a tocar la trompeta, el misterio de Dios se consumará, como él lo anunció a sus siervos los profetas.”), pero cuando sonó la séptima trompeta que era el tercer Ay (Ap 11:14; “El segundo ay pasó; he aquí, el tercer Ay viene pronto.”), no surgió ningún ay o plaga; por el contrario, tenemos un anuncio anticipado de la venida del reino de Dios. Como la séptima trompeta no tiene una plaga que le corresponda, aun cuando es el tercer ay, debemos llegar a la conclusión de que las siete copas constituyen el tercer Ay, con lo cual “en ellas se consumaba la ira de Dios” (Ap 15:1; “Vi en el cielo otra señal, grande y admirable: siete ángeles que tenían las siete plagas postreras; porque en ellas se consumaba la ira de Dios.”). Estas plagas son derramadas sólo sobre aquellos “que tenían la marca de la bestia y adoraban su imagen” (Ap 16:2; “Fue el primero, y derramó su copa sobre la tierra, y vino una úlcera maligna y pestilente sobre los hombres que tenían la marca de la bestia, y que adoraban su imagen.”) y como las plagas de las siete trompetas fueron insuficiente para doblegar las voluntades de esos hombres como lo vemos en (Ap 9:20; “Y los otros hombres que no fueron muertos con estas plagas, ni aun así se arrepintieron de las obras de sus manos, ni dejaron de adorar a los demonios, y a las imágenes de oro, de plata, de bronce, de piedra y de madera, las cuales no pueden ver, ni oír, ni andar.”), estas plagas tienen el propósito indirecto de llevar a los hombres a ponerse de rodillas delante de Dios en la última oportunidad para el arrepentimiento. (Ap 16:8; “El cuarto ángel derramó su copa sobre el sol, al cual fue dado quemar a los hombres con fuego.”).

Desarrollo

Preparación para el derramamiento de la ira de Dios: Nuevamente continuamos con la línea principal de acción. El capítulo 15 tiene una relación ininterrumpida con Apocalipsis 11:18-19; “Y se airaron las naciones, y tu ira ha venido, y el tiempo de juzgar a los muertos, y de dar el galardón a tus siervos los profetas, a los santos, y a los que temen tu nombre, a los pequeños y a los grandes, y de destruir a los que destruyen la tierra. Y el templo de Dios fue abierto en el cielo, y el arca de su pacto se veía en el templo. Y hubo relámpagos, voces, truenos, un terremoto y grande granizo.” En los dos capítulos encontramos al templo de Dios abierto en el cielo. Se distingue este capítulo por la ira de Dios a diferencia de la ira del Cordero que acabamos de observar en la sección perteneciente al Apocalipsis 14:14-20; “Miré, y he aquí una nube blanca; y sobre la nube uno sentado semejante al Hijo del Hombre, que tenía en la cabeza una corona de oro, y en la mano una hoz aguda. Y del templo salió otro ángel, clamando a gran voz al que estaba sentado sobre la nube: Mete tu hoz, y siega; porque la hora de segar ha llegado, pues la mies de la tierra está madura. Y el que estaba sentado sobre la nube metió su hoz en la tierra, y la tierra fue segada. Salió otro ángel del templo que está en el cielo, teniendo también una hoz aguda. Y salió del altar otro ángel, que tenía poder sobre el fuego, y llamó a gran voz al que tenía la hoz aguda, diciendo: Mete tu hoz aguda, y vendimia los racimos de la tierra, porque sus uvas están maduras. Y el ángel arrojó su hoz en la tierra, y vendimió la viña de la tierra, y echó las uvas en el gran lagar de la ira de Dios. Y fue pisado el lagar fuera de la ciudad, y del lagar salió sangre hasta los frenos de los caballos, por mil seiscientos estadios.”

Este capítulo tiene tres temas sobresalientes:

1) La ira de Dios
2) Las arpas de Dios
3) La gloria de Dios

La frase la ira de Dios, aparece seis veces en el libro de Apocalipsis. Seis es el número del hombre. Dios consumará su ira con juicios de siete, seis podría indicar que su ira está dirigida hacia el hombre perverso sobre quien viene la consumación de la ira de Dios. Un mar de vidrio mezclado con fuego: Nosotros tenemos que enfrentarnos con tres enemigos: El mundo, la carne y el diablo. Los creyentes salidos de la tribulación habrán enfrentado un enemigo más: la bestia. El fuego entonces representa las pruebas que tendrán que sufrir para llegar hasta el cielo. En preparación para los juicios postreros, los santos salidos de la tribulación estarán con las arpas de Dios, y cantan el cantico de Moisés…y el cántico del Cordero. Y del templo salieron siete ángeles. El juicio proviene desde el mismo templo celestial. Los ángeles salen no como siervos o mensajeros, sino como administradores reales de juicios, ceñidos alrededor del pecho con cintos de oro. La ira de Dios es repartida entre los siete ángeles por uno de los seres vivientes y estará contenida en siete copas de oro.

El templo se llenó de humo por la gloria de Dios, en varias ocasiones se ha manifestado este humo que simboliza la presencia de Dios así como su ira y juicio.

Las Siete Copas de Ira: Estos juicios son parecidos a los juicios que Dios derramo sobre Egipto, y por esto seguramente el coro celestial del último capítulo, recordó el cántico de Moisés.

La primera copa: Ap cap. 1 versos 1-2; “Oí una gran voz que decía desde el templo a los siete ángeles: Id y derramad sobre la tierra las siete copas de la ira de Dios. Fue el primero, y derramó su copa sobre la tierra, y vino una úlcera maligna y pestilente sobre los hombres que tenían la marca de la bestia, y que adoraban su imagen.” 

Comentario Teológico Bíblico Sistemático. Se produce una úlcera maligna sobre los hombres que tienen la marca de la bestia. Es decir, recaerá sobre todos los moradores de la tierra, con excepción de los 144.000 judíos testigos, y escasos individuos en lugares apartados. Habrán también personas que vivan en puntos lejanos. Muchos de ellos escaparán de la obligación de tomar la marca de la bestia. Será la misericordia de Dios que determine quienes puedan evitar la marca. La primera plaga cayó directamente sobre los hombres y es como la plaga de las úlceras en Egipto. (Exo 9:10-11; “Y tomaron ceniza del horno, y se pusieron delante de Faraón, y la esparció Moisés hacia el cielo; y hubo sarpullido que produjo úlceras tanto en los hombres como en las bestias. Y los hechiceros no podían estar delante de Moisés a causa del sarpullido, porque hubo sarpullido en los hechiceros y en todos los egipcios.”) Estas plagas no son derramadas sobre todos los hombres en general, sino sobre aquellos que se han rendido a los halagos de la bestia. Sin embargo el apóstol Juan ve al imperio como algo mundial en su alcance; solo aquellos que son leales al Cordero resisten sus pretensiones satánicas. (Ap 13:7-8; “Y se le permitió hacer guerra contra los santos, y vencerlos. También se le dio autoridad sobre toda tribu, pueblo, lengua y nación. Y la adoraron todos los moradores de la tierra cuyos nombres no estaban escritos en el libro de la vida del Cordero que fue inmolado desde el principio del mundo.” En el tiempo del fin, la religión ya no será algo Nominal o sea (Neutral); todos los hombres tendrán que declarar su lealtad a Cristo o al Anticristo.  

La segunda copa: Ap cap. 16 verso 3; “El segundo ángel derramó su copa sobre el mar, y éste se convirtió en sangre como de muerto; y murió todo ser vivo que había en el mar.”

Comentario Teológico Bíblico Sistemático. El mar en su totalidad es convertido en sangre, matando a todo ser viviente que habite en él. No es difícil imaginar la pestilencia terrible que este juicio ocasionará y las pandemias, (Epidemias, Pestes Plagas) que se derivaran de la contaminación ambiental y del hedor, por la descomposición de los animales. Al recordar la purificación de la tierra que Dios hizo en los días de Noé, dejando solamente ocho personas vivas, no es difícil comprender cuán terribles y costosos en vidas serán estos juicios. En la primera plaga de Egipto, las aguas del Río Nilo fueron golpeadas y se transformaron en sangre. (Exo 7:17 al 21; “Así ha dicho Jehová: En esto conocerás que yo soy Jehová: he aquí, yo golpearé con la vara que tengo en mi mano el agua que está en el río, y se convertirá en sangre. Y los peces que hay en el río morirán, y hederá (apestarà), el río, y los egipcios tendrán asco de beber el agua del río. Y Jehová dijo a Moisés: Di a Aarón: Toma tu vara, y extiende tu mano sobre las aguas de Egipto, sobre sus ríos, sobre sus arroyos y sobre sus estanques, y sobre todos sus depósitos de aguas, para que se conviertan en sangre, y haya sangre por toda la región de Egipto, así en los vasos de madera como en los de piedra. Y Moisés y Aarón hicieron como Jehová lo mandó; y alzando la vara golpeó las aguas que había en el río, en presencia de Faraón y de sus siervos; y todas las aguas que había en el río se convirtieron en sangre. Asimismo los peces que había en el río murieron; y el río se corrompió, tanto que los egipcios no podían beber de él. Y hubo sangre por toda la tierra de Egipto.” Al sonido de la segunda trompeta, algo como una montaña fue lanzado al mar y un tercio de sus aguas se transformó en sangre y murió un tercio de sus criaturas. (Ap 8:8 al 10; “El segundo ángel tocó la trompeta, y como una gran montaña ardiendo en fuego fue precipitada en el mar; y la tercera parte del mar se convirtió en sangre. Y murió la tercera parte de los seres vivientes que estaban en el mar, y la tercera parte de las naves fue destruida. El tercer ángel tocó la trompeta, y cayó del cielo una gran estrella, ardiendo como una antorcha, y cayó sobre la 
tercera parte de los ríos, y sobre las fuentes de las aguas.” No hay tal limitación en esta plaga (o sea en la segunda copa); murieron todos los seres del mar.      

La tercera copa: Ap cap. 16 versos 4 al 7; “El tercer ángel derramó su copa sobre los ríos, y sobre las fuentes de las aguas, y se convirtieron en sangre. Y oí al ángel de las aguas, que decía: Justo eres tú, oh Señor, el que eres y que eras, el Santo, porque has juzgado estas cosas. Por cuanto derramaron la sangre de los santos y de los profetas, también tú les has dado a beber sangre; pues lo merecen. También oí a otro, que desde el altar decía: Ciertamente, Señor Dios Todopoderoso, tus juicios son verdaderos y justos.” 

Comentario Teológico Bíblico Sistemático. El ángel de las aguas es una expresión que no se encuentra en otra parte de los libros de la Biblia; Ap 7:1; “Después de esto vi a cuatro ángeles en pie sobre los cuatro ángulos de la tierra, que detenían los cuatro vientos de la tierra, para que no soplase viento alguno sobre la tierra, ni sobre el mar, ni sobre ningún árbol.” Tenemos cuatro ángeles que controlan los cuatro vientos, y en Apocalipsis 14:18; “Y salió del altar otro ángel, que tenía poder sobre el fuego, y llamó a gran voz al que tenía la hoz aguda, diciendo: Mete tu hoz aguda, y vendimia los racimos de la tierra, porque sus uvas están maduras.” La voz del ángel de las aguas proclama la justica de Dios sobre aquellos que han derramado la sangre de los que fueron leales a Dios. El juicio de aquellos que han martirizados a los santos es adecuado al mal que han hecho. Esto es únicamente lo que los hombres merecen.   

Toda fuente de río de agua dulce es convertida en sangre. Este juicio es el más terrible que se ha dado hasta aquí, ya que su efecto será universal. Pero por terrible que sea, declara el ángel de las aguas que es justo, también otro, desde el altar decía: ciertamente Señor Dios Todopoderoso, tus juicios son verdaderos y justos. La plaga de la tercera trompeta afecto a los ríos y las fuentes de agua, de modo que un tercio de ellas se hizo amarga. Ahora no hay limitación. La plaga de la trompeta trajo muerte a muchos debido al agua amarga y si bien el efecto de esta copa no es declarado, podemos presumir que trajo mayor sufrimiento y muerte.

La cuarta copa: Ap cap. 16 versos 8-9; “El cuarto ángel derramó su copa sobre el sol, al cual fue dado quemar a los hombres con fuego. Y los hombres se quemaron con el gran calor, y blasfemaron el nombre de Dios, que tiene poder sobre estas plagas, y no se arrepintieron para darle gloria.” 

Comentario Teológico Bíblico Sistemático. El Sol alcanza tal grado de poder para quemar a los hombres con fuego. También los efectos de este juicio son universales. Se trata de un juicio aterrador, pero sin el resultado esperado ya que los hombres de ese tiempo están tan corrompidos que no proceden al arrepentimiento; sino que lo hacen es Blasfemar contra Dios.

Aquellos que han sobrevivido hasta este punto de la tribulación son perversos, y habiendo conocido a Dios, no le glorificaron como a Dios. En vez de arrepentirse de sus pecados, blasfeman el nombre de Dios, y no se arrepintieron para darle gloria. En el libro del profeta Isaías en el capítulo 30:26; “Y la luz de la luna será como la luz del sol, y la luz del sol siete veces mayor, como la luz de siete días, el día que vendare Jehová la herida de su pueblo, y curare la llaga que él causó.” 45*7=322 grados de calor en un Día. Esta copa provoca una plaga de excesivo calor que afectó a los hombres con una grave insolación. La frase “fue dado quemar a los hombres con fuego, indica que esta plaga no se debe a algo inherente en el calor solar, sino a los juicios soberanos de Dios que gobiernan los procesos de la naturaleza. Es importante notar que el texto declara que los hombres afligidos reconocieron que esta era una obra de Dios, pero sus corazones son tan duros y recalcitrantes a causa de la elección que han hecho de seguir a la bestia que en lugar de echarse de rodillas en humilde confesión de su dependencia de Dios, blasfemaron su nombre y se negaron obstinadamente a arrepentirse y darle gloria.

La quinta copa: Ap cap. 16 versos 10-11; “El quinto ángel derramó su copa sobre el trono de la bestia; y su reino se cubrió de tinieblas, y mordían de dolor sus lenguas, y blasfemaron contra el Dios del cielo por sus dolores y por sus úlceras, y no se arrepintieron de sus obras.”

Comentario Teológico Bíblico Sistemático. El juicio llega directamente al trono de la bestia. Cuan cargado de tinieblas será el mundo, que obligara al gobernador de las mismas y a sus seguidores, morderse sus lenguas de dolor. Esta plaga cae en el centro del poder de la bestia. Estas plagas que encarnan la ira de Dios no representan su ira contra los pecados de los hombres en un sentido general, aunque este sea un tema bíblico. (Rom 1:18; “Porque la ira de Dios se revela desde el cielo contra toda impiedad e injusticia de los hombres que detienen con injusticia la verdad.”) Sino que su ira se derrama sobre la civilización demoníaca de los últimos tiempos. La plaga es de una oscuridad Asombrosa (Milagrosa), similar a la de las tinieblas de Egipto. (Exo 10:21-23; “Jehová dijo a Moisés: Extiende tu mano hacia el cielo, para que haya tinieblas sobre la tierra de Egipto, tanto que cualquiera las palpe. Y extendió Moisés su mano hacia el cielo, y hubo densas tinieblas sobre toda la tierra de Egipto, por tres días. Ninguno vio a su prójimo, ni nadie se levantó de su lugar en tres días; más todos los hijos de Israel tenían luz en sus habitaciones.” La oscuridad es acompañada de dolor. El texto no aclara la causa de la perturbación y angustia que lleva a los hombres a morder sus lenguas. Podemos suponer que la intensa oscuridad sirvió para aumentar el dolor producido por la plaga anterior, que había producido en ellos dolores y úlceras. Una vez más, los hombres reconocen la mano de Dios en el juicio, pero sus corazones están endurecidos; se niegan a mostrar cualquier indicio de arrepentimiento y por el contrario blasfemaron contra el Dios del cielo. Entonces se cumple en ellos lo que dice el profeta Zacarías en el cap. 7:12; “Y pusieron su corazón como diamante, para no oír la ley ni las palabras que Jehová de los ejércitos enviaba por su Espíritu, por medio de los profetas primeros; vino, por tanto, gran enojo de parte de Jehová de los ejércitos.”

La sexta copa: Ap cap. 16 versos 12 al 16; “El sexto ángel derramó su copa sobre el gran río Éufrates; y el agua de éste se secó, para que estuviese preparado el camino a los reyes del oriente. Y vi salir de la boca del dragón, y de la boca de la bestia, y de la boca del falso profeta, tres espíritus inmundos a manera de ranas; pues son espíritus de demonios, que hacen señales, y van a los reyes de la tierra en todo el mundo, para reunirlos a la batalla de aquel gran día del Dios Todopoderoso. He aquí, yo vengo como ladrón. Bienaventurado el que vela, y guarda sus ropas, para que no ande desnudo, y vean su vergüenza. Y los reunió en el lugar que en hebreo se llama Armagedón.”

Comentario Teológico Bíblico Sistemático. Al secarse el gran río Éufrates, es posible que la gobernación satánica piense que la providencia les ha hecho un favor al abrir el camino para que los ejércitos mundiales puedan unirse para la batalla de Armagedón. Los espíritus a maneras de ranas que salieron de la boca del dragón, la bestia y el falso profeta, son vistos por el apóstol Juan de manera espiritual. Que terribles y cosas feas veríamos si es que pudiéramos mirar también con ojos espirituales al mundo de los demonios. Es posible que el Anticristo necesitará hacer esta demostración de su poder para contrarrestar los probables rumores de que Dios va a triunfar. Los hombres empezaran a dudar, ya que el Anticristo no tendrá ningún poder para detener los juicios de Dios. Esta copa sirve como una preparación para la batalla escatológica final. En este caso la sequia del rio Éufrates es representada simbólicamente como la eliminación de la barrera que retiene a las hordas paganas. De los reyes del oriente no se da ninguna descripción, ni se define su papel. Algunos comentaristas ven un conflicto civil entre los reyes del oriente y los demás del mundo entero. (Ap 16:14; “Pues son espíritus de demonios, que hacen señales, y van a los reyes de la tierra en todo el mundo, para reunirlos a la batalla de aquel gran día del Dios Todopoderoso.”) Pero el texto no sugiere nada de ese tipo. La deducción más natural es que los reyes del oriente; las hordas paganas unen sus fuerzas con los reyes de todo el mundo civilizado para batallar contra el Mesías porque esta es la escatológica “batalla de aquel gran día del Dios todopoderoso.” Más adelante leemos que la bestia es apoyada por “diez reyes que aun no han recibido reino; pero por una hora recibirán autoridad como reyes juntamente con la bestia.” (Ap 17:12-13; “Y los diez cuernos que has visto, son diez reyes, que aún no han recibido reino; pero por una hora recibirán autoridad como reyes juntamente con la bestia. 

Estos tienen un mismo propósito, y entregarán su poder y su autoridad a la bestia.” Se unen a la bestia para hacer guerra contra el Cordero. (Ap 17:14; “Pelearán contra el Cordero, y el Cordero los vencerá, porque él es Señor de señores y Rey de reyes; y los que están con él son llamados y elegidos y fieles.” Estos diez reyes pueden ser los reyes del oriente o los reyes de todo el mundo. En cualquier caso, el apóstol Juan esperaba que surgiera una confederación de dos grupos de reyes en apoyo de la bestia para batallar contra el Cordero.

Versículo 13. Ahora los “reyes del oriente,” desaparecen de repente de la narración y reaparecen el Dragón y la bestia. Por primera vez, aparece el término el falso profeta; es la segunda bestia que surge de la tierra para apoyar a la primera en sus aspiraciones blasfemas. Los tres espíritus inmundos a maneras de ranas que salen de sus bocas son el modo en que el apóstol Juan describe la inspiración demoníaca de los enemigos de Dios en la última gran batalla. En la sexta trompeta, apareció una terrible plaga demoníaca del oriente para afligir a los hombres, trayendo muerte a un tercio de la humanidad. Aquí el motivo es diferente; los malos espíritus no afligen a los hombres, sino que se efectúa la manifestación de los poderes demoniacos sobre los gobernantes de ese tiempo, en la historia escatológica, de la prolongada batalla entre Dios y Satanás. La palabra traducida “inmundos,” es la que se usa en los evangelios para los espíritus. (Mar 1:23; “Pero había en la sinagoga de ellos un hombre con espíritu inmundo, que dio voces.” “3:11; “Y los espíritus inmundos, al verle, se postraban delante de él, y daban voces, diciendo: Tú eres el Hijo de Dios.” 5:2; “Y cuando salió él de la barca, en seguida vino a su encuentro, de los sepulcros, un hombre con un espíritu inmundo.”) Se dice que son como ranas, probablemente para preservar la analogía (o sea tenían parecido con la plaga de las ranas en Egipto. (Exo 8:6; “Entonces Aarón extendió su mano sobre las aguas de Egipto, y subieron ranas que cubrieron la tierra de Egipto.”) 

Versículo 14. Pues son espíritus de demonios: Podría traducirse mucho mejor “espíritus demoniacos.” Como los demonios son seres espirituales, no podemos pensar en los demonios como seres sin espíritus: son espíritus.

El apóstol Juan espera una coalición de gobernantes humanos, demoniacamente inspirados, que libraran batalla contra el Mesías. La batalla de aquel gran día del Dios todopoderoso: no es una frase bíblica común. Las expresiones comunes son el día del Señor. (1 Tés 5:2-3; “Porque vosotros sabéis perfectamente que el día del Señor vendrá así como ladrón en la noche; que cuando digan: Paz y seguridad, entonces vendrá sobre ellos destrucción repentina, como los dolores a la mujer encinta, y no escaparán.”), el día de Cristo. (Fil 1:10; “Para que aprobéis lo mejor, a fin de que seáis sinceros e irreprensibles para el día de Cristo.”) O el día del Señor Jesucristo. (1 Cor 1:8; “El cual también os confirmará hasta el fin, para que seáis irreprensibles en el día de nuestro Señor Jesucristo.”) Algunos intérpretes tratan de encontrar una diferencia en el significado entre estos términos como si representarán distintos días, pero es imposible. De hecho son tan intercambiables estas expresiones que pueden usarse solo la palabra “el día” o “aquel día” sin más modificaciones para designar el día escatológico final. (1 Cor 3:13; “La obra de cada uno se hará manifiesta; porque el día la declarará, pues por el fuego será revelada; y la obra de cada uno cuál sea, el fuego la probará.” 2 Tes 1:10; “Cuando venga en aquel día para ser glorificado en sus santos y ser admirado en todos los que creyeron (por cuanto nuestro testimonio ha sido creído entre vosotros).” El evangelio de Juan habla a menudo de “el día postrero.” (Jn 6:39;Y esta es la voluntad del Padre, el que me envió: Que de todo lo que me diere, no pierda yo nada, sino que lo resucite en el día postrero.” 11:24; Marta le dijo: Yo sé que resucitará en la resurrección, en el día postrero.” 12:48; “El que me rechaza, y no recibe mis palabras, tiene quien le juzgue; la palabra que he hablado, ella le juzgará en el día postrero.”). El apóstol Pedro habla de “el día de Dios.” (2 Ped 3:12; “¡Esperando y apresurándoos para la venida del día de Dios, en el cual los cielos, encendiéndose, serán deshechos, y los elementos, siendo quemados, se fundirán!”). El día del Señor es el tiempo cuando el propósito redentor total de Dios será consumado, tanto para salvación como para juicio, tanto para los individuos como para la iglesia y toda la creación. Aquí el apóstol Juan ve el odio que se ha expresado a través de las edades de la historia humana en términos de hostilidad y persecución del pueblo de Dios, como si llegara a una última gran lucha final cuando todos los gobernantes de la tierra se unirán para la batalla definitiva. Tal batalla entre el pueblo de Dios y sus vecinos es vista frecuentemente por los profetas del Antiguo Testamento. (Sal 2:2-3; “Se levantarán los reyes de la tierra, Y príncipes consultarán unidos Contra Jehová y contra su ungido, diciendo: Rompamos sus ligaduras, Y echemos de nosotros sus cuerdas.” Isa 5:26-30; “Alzará pendón a naciones lejanas, y silbará al que está en el extremo de la tierra; y he aquí que vendrá pronto y velozmente. No habrá entre ellos cansado, ni quien tropiece; ninguno se dormirá, ni le tomará sueño; a ninguno se le desatará el cinto de los lomos, ni se le romperá la correa de sus sandalias. Sus saetas estarán afiladas, y todos sus arcos entesados; los cascos de sus caballos parecerán como de pedernal, y las ruedas de sus carros como torbellino. Su rugido será como de león; rugirá a manera de leoncillo, crujirá los dientes, y arrebatará la presa; se la llevará con seguridad, y nadie se la quitará. Y bramará sobre él en aquel día como bramido del mar; entonces mirará hacia la tierra, y he aquí tinieblas de tribulación, y en sus cielos se oscurecerá la luz.” Jer 6:1-5; “Huid, hijos de Benjamín, de en medio de Jerusalén, y tocad bocina en Tecoa, y alzad por señal humo sobre Bet-haquerem; porque del norte se ha visto mal, y quebrantamiento grande. Destruiré a la bella y delicada hija de Sion. 

Contra ella vendrán pastores y sus rebaños; junto a ella plantarán sus tiendas alrededor; cada uno apacentará en su lugar. Anunciad guerra contra ella; levantaos y asaltemos al mediodía. ¡Ay de nosotros! que va cayendo ya el día, que las sombras de la tarde se han extendido. Levantaos y asaltemos de noche, y destruyamos sus palacios.”).

Versículo 15. En vista de la crisis inmediata que se aproxima con motivo de la batalla entre Dios y las fuerzas del mal, Jesús mismo dirige unas palabras a su pueblo, tanto para advertir a los judíos, como para asegurarles de las realidades que hay tras los hechos históricos inmediatos. La guerra de los reyes unidos bajo la dirección de la bestia no es la realidad definitiva: más bien, la realidad definitiva es el hecho del retorno del Señor. Este hecho es central en la expectativa de los santos. Este versículo es una interrupción en el contexto del pasaje para dar al pueblo de Israel una perspectiva (o Figura adecuada). 

Él vendrá como ladrón. La venida de Cristo es comparada en todas partes con la venida de un ladrón. No se piensa en su carácter furtivo, ni aun en lo repentino del retorno del Señor, sino en que no es esperado. El apóstol Pablo compara la venida del Señor como la de un ladrón. (1 Tés 5:2; “Porque vosotros sabéis perfectamente que el día del Señor vendrá así como ladrón en la noche.”), esto se aplica a aquellos que no están preparados: mas vosotros hermanos, no estáis en tinieblas, para que aquel día os sorprenda como ladrón. (1 Tés 5:4; “Mas vosotros, hermanos, no estáis en tinieblas, para que aquel día os sorprenda como ladrón.”) Para aquellos que estén alertas a su venida, el retorno del Señor no será una sorpresa, un hecho inesperado y sorpresivo, sino una grata liberación de una situación trágica en el mundo en que se encuentran.  El apóstol Juan presume que esa gente será el que Vela. “Velar,” algo significa tener la atención fija sobre ese objetivo de modo que nada distraiga al vigilante. Es imposible “estar en vela,” por algo, a menos que ese hecho pueda ocurrir en cualquier momento, o sea antes de la gran tribulación. Sin embargo, la palabra Griega significa “estar despierto.” Jesús exhorto a sus discípulos a estar despiertos porque no podían saber la hora de su retorno. (Mat 24:42;Velad, pues, porque no sabéis a qué hora ha de venir vuestro Señor.”). Jesús lo ilustro diciendo en (Mateo 24:43-44; “Pero sabed esto, que si el padre de familia supiese a qué hora el ladrón habría de venir, velaría, y no dejaría minar su casa. Por tanto, también vosotros estad preparados; porque el Hijo del Hombre vendrá a la hora que no pensáis.”) 

Todo el énfasis esta sobre lo inesperado del retorno del Señor y a la luz de la incertidumbre de los tiempos, los creyentes nunca deben relajarse y dormirse, sino que deben estar siempre despiertos. Estar dormido quiere decir “Paz y Seguridad.” (1 Tes 5:3; Que cuando digan: Paz y seguridad, entonces vendrá sobre ellos destrucción repentina, como los dolores a la mujer encinta, y no escaparán.”) En este contexto el apóstol Juan afirma que la Palabra del Señor no ha perdido su perspectiva ni ha dejado de tener en vista los valores espirituales finales a pesar del gobierno triunfante de la bestia entre las naciones. El apóstol Pedro también nos hablo de que el día del Señor vendría como ladrón: (2 Ped 3:10; “Pero el día del Señor vendrá como ladrón en la noche; en el cual los cielos pasarán con grande estruendo, y los elementos ardiendo serán deshechos, y la tierra y las obras que en ella hay serán quemadas.”). La advertencia: Guarda tus ropas, para que no andes desnudo y vean tu vergüenza; no es una terminología escatológica habitual, pero su significado es claro. La iglesia de Laodicea había sido advertida contra la pobreza espiritual y la desnudez; y se le había aconsejado comprar “vestiduras blancas para vestirse, y que no se descubriera la vergüenza de tu desnudez.” (Ap 3:18). Se trata de una advertencia para ser diligentes en lo espiritual.

Versículo 16. Y los reunió en el lugar que en hebreo se llama Armagedón: Después de la exhortación a la diligencia para la iglesia, Juan reanuda la narración de los tres espíritus impuros que reúnen a los reyes para la batalla, agregando que los reúnen en un lugar llamado Armagedón. Esto es una preparación para la batalla concreta que ocurrirá en (Apocalipsis 19:11; “Entonces vi el cielo abierto; y he aquí un caballo blanco, y el que lo montaba se llamaba Fiel y Verdadero, y con justicia juzga y pelea.”). Cuando Cristo venga como victorioso guerrero a derrotar a sus enemigos. La palabra Armagedón: No es clara porque Juan la llama “Montaña de Meguido,” el problema es que Meguido no es una montaña, sino una llanura ubicada entre el mar de Galilea y el Mediterráneo, y forma parte del valle de Jezreel (Esdraelon). La referencia a la montaña como campo de la batalla final puede ser tomada de (Ezequiel 38:2-21; 39:2-4-17). Cualquiera que sea la derivación del nombre, es claro que Juan quiere decir por Armagedón el lugar de la lucha final entre los poderes del mal y el reino de Dios.
                                                                                                                                                                                                                  La séptima copa: Ap cap. 16 versos 17 al 21; “El séptimo ángel derramó su copa por el aire; y salió una gran voz del templo del cielo, del trono, diciendo: Hecho está. Entonces hubo relámpagos y voces y truenos, y un gran temblor de tierra, un terremoto tan grande, cual no lo hubo jamás desde que los hombres han estado sobre la tierra. Y la gran ciudad fue dividida en tres partes, y las ciudades de las naciones cayeron; y la gran Babilonia vino en memoria delante de Dios, para darle el cáliz del vino del ardor de su ira. Y toda isla huyó, y los montes no fueron hallados. Y cayó del cielo sobre los hombres un enorme granizo como del peso de un talento; y los hombres blasfemaron contra Dios por la plaga del granizo; porque su plaga fue sobremanera grande.”

Comentario Teológico Bíblico Sistemático. La copa es derramada por el aire, el asiento del reino de Satanás. Hecho esta, la segunda venida de Cristo se convierte en una realidad. Relámpagos y voces y truenos, son parte del juicio final de la tribulación. Todos los juicios descritos de aquí en adelante son parte de la última copa. Y un gran temblor de tierra, un terremoto tan grande, cual no lo hubo jamás desde que los hombres han estado sobre la tierra. El resultado de este terremoto es que la gran ciudad fue dividida en tres partes. La gran ciudad es Babilonia. Dice que las ciudades de las naciones cayeron, y no un cierto lugar o una cierta parte; en todo lugar, siendo de carácter universal este juicio ejecutado por Dios. Tan terrible es que toda isla huyó, y los montes no fueron hallados. Como si estos hechos no fueran suficientes para mover al arrepentimiento, Dios en su ira, enviará un enorme granizo. El peso de un talento es de cuarenta y tres kilos, es decir, que cada granizo será un armamento destructor que acarreara muerte instantánea al desdichado que se encuentre en su camino. ¡La destrucción proporcionada por este juicio será terriblemente grande! Pero con todo esto el hombre seguirá en su blasfemia contra Dios. Los capítulos 17; 18; 19:11 al 21; son ampliaciones de los sucesos presentados aquí. Además, Apocalipsis 14:14 al 20; forma un paralelismo con los capítulos mencionados, así como todas las porciones de la Escritura que hablan del Armagedón y la segunda venida de Cristo.

Versículo 17. “El séptimo ángel derramó su copa por el aire; y salió una gran voz del templo del cielo, del trono, diciendo: Hecho está.”  Aparentemente esta es la misma voz del versículo 1; “La Voz de Dios,” dado que vino del templo y del trono de Dios. La voz anuncio anticipadamente la consumación del juicio de Dios sobre la capital de la bestia. La frase “Hecho esta,” representa una sola palabra Griega, que indica una acción completa. Una vez más, el apóstol Juan completa la técnica literaria que hemos encontrado frecuentemente de anunciar un hecho terminado y luego exponer el contenido de este hecho.

Versículo 18. El pronunciamiento del juicio de la capital de la bestia es seguido por los fenómenos apocalípticos que son manifestaciones de la gloria y el poder de Dios: relámpagos y voces y truenos y un gran temblor de tierra, un terremoto tan grande cual no lo hubo jamás desde que los hombres han estado sobre la tierra. Ha habido fenómenos similares después del sonido de la séptima trompeta. (Ap 11:19; “Y el templo de Dios fue abierto en el cielo, y el arca de su pacto se veía en el templo. Y hubo relámpagos, voces, truenos, un terremoto y grande granizo.”) Los que fueron asociados con la visión de Dios en (Ap 4:5; “Y del trono salían relámpagos y truenos y voces; y delante del trono ardían siete lámparas de fuego, las cuales son los siete espíritus de Dios.”) y la preparación para el sonido de las siete trompetas. (Ap 8:5; “Y el ángel tomó el incensario, y lo llenó del fuego del altar, y lo arrojó a la tierra; y hubo truenos, y voces, y relámpagos, y un terremoto.”) Estos fenómenos son manifestaciones habituales del poder y la gloria Divina.

Versículo 19. El resultado de esta “Teofanía,” es el colapso completo de la impía civilización humana. La gran ciudad, Babilonia la gran capital de la bestia, fue dividida en tres partes, es decir, fue destruida completamente. En (Ap 11:8; “Y sus cadáveres estarán en la plaza de la grande ciudad que en sentido espiritual se llama Sodoma y Egipto, donde también nuestro Señor fue crucificado.”) Las mismas palabras “la gran ciudad,” han sido usadas para describir a Jerusalén, pero el contexto hace totalmente claro que en este pasaje, se refiere a Babilonia. Jerusalén ha sido ya destruida por un gran terremoto en (Ap 11:13; “En aquella hora hubo un gran terremoto, y la décima parte de la ciudad se derrumbó, y por el terremoto murieron en número de siete mil hombres; y los demás se aterrorizaron, y dieron gloria al Dios del cielo.”) si bien la presente visión ve la total ruina de la ciudad por un terremoto, todo lo que significa esta destrucción es descrito con diferentes términos en los capítulos que siguen.

Las ciudades de las naciones cayeron: Nuevamente tenemos una declaración anticipada de la destrucción de las naciones que han dado su apoyo a la bestia. Este hecho es detallado en (Ap 17:12-14; “Y los diez cuernos que has visto, son diez reyes, que aún no han recibido reino; pero por una hora recibirán autoridad como reyes juntamente con la bestia. Estos tienen un mismo propósito, y entregarán su poder y su autoridad a la bestia. Pelearán contra el Cordero, y el Cordero los vencerá, porque él es Señor de señores y Rey de reyes; y los que están con él son llamados y elegidos y fieles.”) Donde se nos dice que el Cordero hará guerra contra diez reyes que han apoyado a la bestia y los vencerá. Vemos también que en (Ap 18:9; “Y los reyes de la tierra que han fornicado con ella, y con ella han vivido en deleites, llorarán y harán lamentación sobre ella, cuando vean el humo de su incendio.”) Donde los reyes de la tierra se lamentan por la caída de la gran ciudad.

La gran Babilonia vino en memoria delante de Dios, para darle el cáliz del vino del ardor de su ira. Babilonia había dado a las naciones de la tierra “el vino del furor de su fornicación,” y “los reyes de la tierra han fornicado con ella, y los mercaderes de la tierra se han enriquecido de la potencia de sus deleites.” (Ap 18:3; “Porque todas las naciones han bebido del vino del furor de su fornicación; y los reyes de la tierra han fornicado con ella, y los mercaderes de la tierra se han enriquecido de la potencia de sus deleites.”) En pago Dios ha hecho que Babilonia, junto con las naciones que la han seguido, beba otra copa, la cop de la ira. Este tema ya ha sido expuesto en (Ap 14:8-10; “Otro ángel le siguió, diciendo: Ha caído, ha caído Babilonia, la gran ciudad, porque ha hecho beber a todas las naciones del vino del furor de su fornicación. Y el tercer ángel los siguió, diciendo a gran voz: Si alguno adora a la bestia y a su imagen, y recibe la marca en su frente o en su mano, él también beberá del vino de la ira de Dios, que ha sido vaciado puro en el cáliz de su ira; y será atormentado con fuego y azufre delante de los santos ángeles y del Cordero.”) Dios se acordó de la gran Babilonia: Estas son palabras punzantes. Durante el corto periodo del reino del Anticristo, parecerá como si Dios se hubiese olvidado de su pueblo. El mal parecerá ser el vencedor y no habrá liberación a la vista. Pero Dios no olvida. Dios recuerda y Él se acordara de dar al poderoso enemigo de su pueblo su justa paga.     

Versículo 20. Una vez más Juan describe anticipadamente la consumación que envolverá una renovación de todo el orden creado y el despliegue de nuevos cielos y nueva tierra. Este hecho no ocurrirá hasta después del retorno de Cristo. (Ap 19:11; “Entonces vi el cielo abierto; y he aquí un caballo blanco, y el que lo montaba se llamaba Fiel y Verdadero, y con justicia juzga y pelea.”) Y es descrito en términos de un orden totalmente transformado. (Ap 21:1; “Vi un cielo nuevo y una tierra nueva; porque el primer cielo y la primera tierra pasaron, y el mar ya no existía más.”) Sin embargo, Juan puede indicar la cercanía de ese hecho con el lenguaje apocalíptico de la quiebra del viejo orden: Toda isla huyo y los montes no fueron hallados. Previamente en este libro, Juan ya ha usado un lenguaje similar para describir la llegada del fin; la apertura del sexto sello garantizo la quiebra del actual orden creado. (Ap 6:12; “Miré cuando abrió el sexto sello, y he aquí hubo un gran terremoto; y el sol se puso negro como tela de cilicio, y la luna se volvió toda como sangre.”)

Versículo 21. “Y cayó del cielo sobre los hombres un enorme granizo como del peso de un talento; y los hombres blasfemaron contra Dios por la plaga del granizo; porque su plaga fue sobremanera grande.”)

Consideraciones: Es probable que el terremoto mencionado suceda cuando Jesucristo descienda y ponga su pie en el monte de los olivos. El Salmo capitulo 2 tendrá su cumplimiento con los acontecimientos de la última copa y con esta los juicios se terminan. El camino está abierto para que Cristo y las huestes celestiales que lleguen a la tierra para preparar el reinado milenario del Rey de reyes y Señor de señores. Sal 2:1 al 12; “¿Por qué se amotinan las gentes, Y los pueblos piensan cosas vanas? Se levantarán los reyes de la tierra, Y príncipes consultarán unidos Contra Jehová y contra su ungido, diciendo: Rompamos sus ligaduras, Y echemos de nosotros sus cuerdas. El que mora en los cielos se reirá; El Señor se burlará de ellos. Luego hablará a ellos en su furor, Y los turbará con su ira. Pero yo he puesto mi rey Sobre Sion, mi santo monte. Yo publicaré el decreto; Jehová me ha dicho: Mi hijo eres tú; Yo te engendré hoy. Pídeme, y te daré por herencia las naciones, Y como posesión tuya los confines de la tierra. Los quebrantarás con vara de hierro; Como vasija de alfarero los desmenuzarás.  Ahora, pues, oh reyes, sed prudentes; Admitid amonestación, jueces de la tierra. Servid a Jehová con temor, Y alegraos con temblor. Honrad al Hijo, para que no se enoje, y perezcáis en el camino; Pues se inflama de pronto su ira. Bienaventurados todos los que en él confían.”

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