La Hermenéutica, la profecía y su interpretación
Autor
Teólogo: Cruz Monasterio
La Hermenéutica, la profecía y su interpretación
La Hermenéutica: Es la ciencia de interpretar correctamente las Santas Escrituras, usando el método gramático-histórico tomando en cuenta el impacto directo del contexto en el cual se dio la Palabra de Dios. Se sigue la interpretación literal de las palabras sin ignorar las figuras literarias y retóricas, las parábolas, la poesía y la profecía. Provee las herramientas para ser un buen intérprete de las Escrituras.
La Hermenéutica; principios y métodos para la interpretación de un cierto pasaje de las Escrituras
Las reglas principales son:
1) Reconocer que toda la biblia es la palabra infalible de Dios
2) Interpretar respetando el lenguaje original
3) Observar meticulosamente el contexto histórico
4) Identificar el autor y su propósito, en referencia al texto que se está estudiando
5) Notar la naturaleza Literaria
6) Tomar en cuenta la situación y necesidad a la cual originalmente se dirigió
Debemos observar el método de escritura usado en el libro de Apocalipsis: En él se emplea la “Parentética,” Que es el estilo de escritura usado mucho en Apocalipsis. Ejemplos de este estilo pueden hallarse en novelas modernas. Se sigue una cierta línea de acción, hasta que repente, se trata otro tema que puede no tener relación, expresando un lugar o tiempo distinto.
Prolepsis: Describe las cosas que no son como si fuesen. Habla de eventos futuros en tiempo pasado.
La Profecía y su Interpretación: La meta de la hermenéutica es comunicar la enseñanza resultante del estudio, en la forma más adecuada, a los que están recibiendo nuestro mensaje.
Una interpretación acabada de las porciones proféticas de las Santas Escrituras depende grandemente del dominio de los principios y leyes del lenguaje figurado y del de tipos y símbolos. También requiere algún conocimiento de la naturaleza de las visiones, éxtasis y ensueños. De modo que los capítulos precedentes han sido una preparación necesaria para un estudio inteligente de aquellos escritos de más difícil comprensión que siempre han causado dificultades a las mentes más talentosas de la Iglesia, siendo interpretados en una variedad de formas.
A través de toda la Biblia y constituyendo un lazo de unión entre el Antiguo y el Nuevo Testamento se hallan desparramados oráculos= (profecías), inspiradas que predicen el futuro, elaborados con toda variedad de lenguaje figurado y, a menudo, incorporados en tipos y símbolos. La primera magna profecía se pronunció en el edén, al pecar el hombre originalmente y sentir la necesidad de un Redentor. Se la repitió en muchas formas y lugares a través de los años y siglos. El Cristo de Dios, el Profeta poderoso, Sacerdote y Rey, era su tema sublime, pero también trataba tan copiosamente de todas las relaciones del hombre para con Dios y el mundo, con los temores y esperanzas humanos, con gobiernos civiles y responsabilidades nacionales, con leyes y propósitos divinos, que sus páginas; constituyen un libro de texto divino para todos los tiempos.
De acuerdo con las Escrituras, el profetizar no significa, primariamente, una predicción de acontecimientos futuros. La palabra hebrea nebi significa uno que habla bajo la presión = (influencia o mandato), del fervor divino; y debe considerarse al profeta, especialmente, como portador de un mensaje divino y que obra como portavoz del Todopoderoso. Aarón fue designado divinamente como portavoz de Moisés para repetir las palabras de Dios que recibiera de boca de su hermano (Exo 4:16; “Y él hablará por ti al pueblo; él te será a ti en lugar de boca, y tú serás para él en lugar de Dios.”) Y en ese particular Moisés venía a ser como Dios para el faraón y Aarón servía a Moisés de profeta (nebi Exo. 7:1; “Jehová dijo a Moisés: Mira, yo te he constituido dios para Faraón, y tu hermano Aarón será tu profeta.”). De modo que el profeta es el anunciador de un mensaje divino y su mensaje puede referirse al pasado, al presente o al futuro. Puede ser una revelación, una amonestación, una censura, una exhortación, una promesa o una predicción. Al portador de semejante mensaje muy apropiadamente se le llama "varón de Dios" (1 Rey. 13:1; “He aquí que un varón de Dios por palabra de Jehová vino de Judá a Bet-el; y estando Jeroboam junto al altar para quemar incienso.”) (2 Rey. 4:79; “Vino ella luego, y lo contó al varón de Dios, el cual dijo: Ve y vende el aceite, y paga a tus acreedores; y tú y tus hijos vivid de lo que quede. Aconteció también que un día pasaba Eliseo por Sumen; y había allí una mujer importante, que le invitaba insistentemente a que comiese; y cuando él pasaba por allí, venía a la casa de ella a comer. Y ella dijo a su marido: He aquí ahora, yo entiendo que éste que siempre pasa por nuestra casa, es varón santo de Dios.”) Y "varón de espíritu" (Ose 9:7; “Vinieron los días del castigo, vinieron los días de la retribución; e Israel lo conocerá. Necio es el profeta, insensato es el varón de espíritu, a causa de la multitud de tu maldad, y grande odio.”)
También es importante observar que una porción muy grande de los libros proféticos del A. Testamento consisten de amonestación, reconvención=reprensión y censura, y existen indicaciones de muchas profecías no escritas, de este carácter. Dice Fairbairn: "Los profetas en un sentido especial, eran guardianes espirituales de Judá e Israel, los representantes de la verdad y santidad divinas, cuyo ministerio consistía en mantener un ojo vigilante y celoso sobre las maneras de los tiempos, descubrir y combatir los síntomas de defección que surgieran y, por todo medio a su alcance, alentar y robustecer el espíritu de la verdadera piedad. Elías se destaco en esto en forma tan notable que por ese motivo se le toma en la Biblia como el tipo de toda la orden profética en los estados primitivos de su desarrollo; fue hombre de heroica energía de acción más bien que rico en ideas o elevado en su palabra. Las palabras que habló fueron pocas pero eran palabras que parecían surgir de las cavernas del trueno y que más parecían decretos procedentes de la presencia del Eterno que expresiones de un hombre sujeto a pasiones semejantes a las de aquellos a quienes se dirigía".
Son principalmente aquellas porciones de las Escrituras proféticas que predicen el futuro las que exigen una hermenéutica especial. Excepcional como es su carácter exigen estudio e interpretación especial. Otras profecías consistentes, principalmente, en reprensiones, reproches o amonestaciones son tan comprensibles aun al lector ordinario, que no requieren extensa explicación. Evitando, por una parte, el error literalista extremo de que las predicciones bíblicas son "historia escrita. De antemano" y, por la otra, las ideas racionalistas de que no son más que adivinanzas felices de los resultados probables de acontecimientos inminentes o, si no, una representación peculiar, de los acontecimientos, escrita después que se habían realizado (vaticinium post eventum),.. Aceptamos estas predicciones como predicciones divinas de acontecimientos que debían realizarse, pero de tal manera expresada en figura y símbolo que exigen gran cuidado de parte de quien quiera entenderlos e interpretarlos. Si negamos que la profecía sea una historia de acontecimientos aún no realizados, queremos decir que la profecía no es historia, en ningún sentido apropiado. Historia es el relato de lo que ya ha ocurrido; la predicción es un pronóstico de lo que ha de ocurrir y que casi siempre se halla en forma de declaración o revelación que la aparta de la línea de la narración literal. Realmente hay casos en que la predicción es una declaración específica de incidentes del carácter más simple, como cuando Samuel predijo a Saúl los acontecimientos particulares que le ocurrirían en el regreso a su casa (1 Sam. 10:36; “Y luego que de allí sigas más adelante, y llegues a la encina de Tabor, te saldrán al encuentro tres hombres que suben a Dios en Bet-el, llevando uno tres cabritos, otro tres tortas de pan, y el tercero una vasija de vino; los cuales, luego que te hayan saludado, te darán dos panes, los que tomarás de mano de ellos. Después de esto llegarás al collado de Dios donde está la guarnición de los filisteos; y cuando entres allá en la ciudad encontrarás una compañía de profetas que descienden del lugar alto, y delante de ellos salterio, pandero, flauta y arpa, y ellos profetizando. Entonces el Espíritu de Jehová vendrá sobre ti con poder, y profetizarás con ellos, y serás mudado en otro hombre.”) Pero es erróneo el llamar aun a esas predicciones una historia de sucesos futuros porque es confundir el uso correcto de las palabras. Existe un elemento de misterio en todas las profecías y las de mayor importancia se hallan revestidas de vestiduras simbólicas.
Para interpretar correctamente las profecías deben estudiarse especialmente tres cosas
(1) las relaciones armónicas y la interdependencia de las principales predicciones registradas
(2) el uso y significado de figuras y símbolos; y
(3) análisis y comparación de profecías similares, especialmente aquéllas que han sido interpretadas divinamente y otras que es evidente que se han cumplido.
1.-. Relaciones orgánicas de la profecía
A1 estudiar la estructura general y las relaciones orgánicas de las grandes profecías se verán que, primeramente, se nos ofrece en forma de bosquejo amplio y atrevido y después se extiende a detalles de menor importancia. Así, p. ej., la gran profecía registrada en Gén. 3:15; “Y pondré enemistad entre ti y la mujer, y entre tu simiente y la simiente suya; ésta te herirá en la cabeza, y tú le herirás en el calcañar.” Es un anuncio breve pero de grandes alcances del largo conflicto entre el bien y el mal, en cuanto estos principios adversos, con todas sus fuerzas, se conectan con la Simiente Prometida de la mujer, por una parte, y la antigua serpiente, el Diablo, por la otra. Puede decirse que todas las otras profecías del Cristo y del reino de Dios se hallan comprendidas en el Proto-evangelio como en un germen=nacimiento. Desde este punto en adelante, a través de las revelaciones de las Escrituras, las profecías sucesivas sostienen un carácter progresivo. Ideas diversas acerca de la Simiente Prometida aparecen en la profecía de Noé (Gén. 9:1617; “Estará el arco en las nubes, y lo veré, y me acordaré del pacto perpetuo entre Dios y todo ser viviente, con toda carne que hay sobre la tierra. Dijo, pues, Dios a Noé: Esta es la señal del pacto que he establecido entre mí y toda carne que está sobre la tierra.”).
Y las repetidas promesas a Abraham (Gén. 12:3-17; “Bendeciré a los que te bendijeren, y a los que te maldijeren maldeciré; y serán benditas en ti todas las familias de la tierra. Y se fue Abram, como Jehová le dijo; y Lot fue con él. Y era Abram de edad de setenta y cinco años cuando salió de Harán. Tomó, pues, Abram a Sarai su mujer, y a Lot hijo de su hermano, y todos sus bienes que habían ganado y las personas que habían adquirido en Harán, y salieron para ir a tierra de Canaán; y a tierra de Canaán llegaron. Y pasó Abram por aquella tierra hasta el lugar de Siquem, hasta el encino de More; y el cananeo estaba entonces en la tierra. Y apareció Jehová a Abram, y le dijo: A tu descendencia daré esta tierra. Y edificó allí un altar a Jehová, quien le había aparecido. Luego se pasó de allí a un monte al oriente de Bet-el, y plantó su tienda, teniendo a Bet-el al occidente y Hai al oriente; y edificó allí altar a Jehová, e invocó el nombre de Jehová. Y Abram partió de allí, caminando y yendo hacia el Neguev. Hubo entonces hambre en la tierra, y descendió Abram a Egipto para morar allá; porque era grande el hambre en la tierra. Y aconteció que cuando estaba para entrar en Egipto, dijo a Sarai su mujer: He aquí, ahora conozco que eres mujer de hermoso aspecto; y cuando te vean los egipcios, dirán: Su mujer es; y me matarán a mí, y a ti te reservarán la vida.
Ahora, pues, di que eres mi hermana, para que me vaya bien por causa tuya, y viva mi alma por causa de ti. Y aconteció que cuando entró Abram en Egipto, los egipcios vieron que la mujer era hermosa en gran manera. También la vieron los príncipes de Faraón, y la alabaron delante de él; y fue llevada la mujer a casa de Faraón. E hizo bien a Abram por causa de ella; y él tuvo ovejas, vacas, asnos, siervos, criadas, asnas y camellos. Más Jehová hirió a Faraón y a su casa con grandes plagas, por causa de Sarai mujer de Abram.” (Gen 18:18; “¿Habiendo de ser Abraham una nación grande y fuerte, y habiendo de ser benditas en él todas las naciones de la tierra?”). Estas predicciones mesiánicas se hicieron más definidas al ser repetidamente confirmadas a Isaac, a Jacob, a Judá y a la casa de David. Ellas constituyen los más nobles de los salmos y las más extensas porciones de los
Profetas Mayores y de los Menores. Tomadas separadamente estas diferentes predicciones son de un carácter fragmentario; cada profeta conoció, o pudo coger, vislumbres del futuro mesiánico, únicamente en parte, y en parte profetizó (1 Cor 13:9; “Porque en parte conocemos, y en parte profetizamos.”), pero cuando el Cristo mismo apareció y cumplió las profecías, entonces se vio que todas estas partes fragmentarias formaban una armonía gloriosa.
El oráculo de Balaam acerca de Moab, Edom, Amalec, los cines, Asur y la potencia del lado de Sittim (Núm. 24:1724; “Lo veré, mas no ahora;
Lo miraré, mas no de cerca; Saldrá Estrella de Jacob, Y se levantará cetro de Israel, Y herirá las sienes de Moab, Y destruirá a todos los hijos de Set. Será tomada Edom, Será también tomada Seir por sus enemigos, E Israel se portará varonilmente. De Jacob saldrá el dominador, Y destruirá lo que quedare de la ciudad. Y viendo a Amalec, tomó su parábola y dijo: Amalec, cabeza de naciones; Mas al fin perecerá para siempre. Y viendo al ceneo, tomó su parábola y dijo: Fuerte es tu habitación; Pon en la peña tu nido; Porque el ceneo será echado, Cuando Asiria te llevará cautivo. Tomó su parábola otra vez, y dijo: ¡Ay! ¿Quién vivirá cuando hiciere Dios estas cosas? Vendrán naves de la costa de Quitim, Y afligirán a Asiria, afligirán también a Eber=Israel; Mas él también perecerá para siempre.”) Es el germen profético de muchos oráculos posteriores contra estos y otros enemigos del pueblo escogido.
Largo tiempo después Amos toma la palabra profética y habla más plenamente contra Damasco, Gaza, Tiro, Edom, Amón y Moab y no exceptúa ni aun a Judá e Israel (Amos 1 y 2). Compárense también las cargas profecías de Isaías contra Babilonia, Moab, Damasco, Etiopía, Egipto, Media, Edom, Arabia y Tiro (Isaías capítulos XIII al XXIII), en las que observamos la sentencia conminatoria pronunciada, en gran detalle, contra estas potencias. Y de la manera que Balam notó la aflicción de Eber (es decir, Israel) en relación con el poder hostil de Sittim (Núm. 24:24; “Vendrán naves de la costa de Quitim,
Y afligirán a Asiria, afligirán también a Eber; Mas él también perecerá para siempre.”), así Isaías introduce la "carga del valle de la visión" (Isa 22:1; “Profecía sobre el valle de la visión. ¿Qué tienes ahora, que con todos los tuyos has subido sobre los terrados?”), exactamente antes de anunciar la destrucción de Tiro (Isa 23:1; “Profecía sobre Tiro. Aullad, naves de Tarsis, porque destruida es Tiro hasta no quedar casa, ni a donde entrar; desde la tierra de Quitim les es revelado.”). Jeremías consagra los capítulos XLVI al LI al anuncio de juicios sobre Egipto, Filistea, Moab, Amón, Edom, Damasco, Cedar, Hazor, Elam y Babilonia, y en medio de estas declaraciones de ira venidera hay indicaciones de la dispersión y angustia de Israel (Jer cap. 50:1720 al 33; 51:5-6 al 45). Compárense también los siete oráculos de Ezequiel contra Amón, Moab, Edom, Filistea, Tiro, Sidón y Egipto (Eze. XXV al XXXII).
Es notable la analogía con la repetición de profecías similares por diferentes profetas, tenemos la repetición de la misma profecía por un mismo profeta
La visión de las cuatro grandes bestias, en Dan VII, es, esencialmente, una repetición de la visión de la gran imagen en el cap. II. Las mismas cuatro grandes potencias mundiales se denotan en estas profecías; pero como se lo ha observado frecuentemente, se varían las imágenes de acuerdo con la posición relativa del rey y del profeta. "Tal como se lo presentó a la vista de Nabucodonosor, la potencia mundial se veía sólo en su aspecto externo, bajo la forma de una imagen colosal con semejanza de hombre y con sus partes más conspicuas compuestas de metales brillantes y preciosos; en tanto que el reino divino aparecía con el aspecto inferior de una piedra sin ornato ni belleza, sin nada, realmente, para distinguirlo, excepto su irresistible energía y perpetua duración. Por otra parte, las visiones de Daniel dirigen el ojo al interior de las cosas, despojan de sus falsas glorias los reinos terrenos exhibiéndolos bajo el aspecto de fieras de monstruos innominados=sin nombre (como se les ve en todas partes en las grotescas esculturas y entablamentos pintados de Babilonia) y reservan la forma humana, de acuerdo con su verdadera idea original y divina, para ocupar el puesto representante del reino de Dios, compuesto por los santos del Altísimo, y mantiene la verdad que está destinada a prevalecer sobre todo el error e impiedad de los hombres".
Así también la impresionante visión del carnero y el macho cabrío, en Dan VIII, no es más que una repetición, desde otro punto de vista (Susa, en Elam, un asiento principal de la monarquía medo persa) de la visión anterior de la tercera y cuarta bestia; surgen diferencias en los detalles según la analogía de todas las tales profecías, repetidas pero no debe permitirse que estas diferencias menores obscurezcan o borren las grandes analogías fundamentales. Pocos expositores de alguna importancia han dudado de que el cuernito de que se habla en Dan 8:9, denota á Antíoco Epifanes, el cruel perseguidor de los judíos, quien "despojó el templo y por tres años y seis meses suspendió la práctica constante de ofrecer un sacrificio diario de expiación" (Josefo). La presunción primera y más natural es la de que el cuernito del cap. 7:8 denota al mismo perseguidor violento e impío. El hecho de que una profecía represente la impiedad y violencia de este enemigo más plenamente que otra no demuestra que se trate de dos personas distintas.
De otra manera, la descripción aún más completa que de este monstruo de iniquidad se nos da en el cap. XI, debería, sobre esa sola base, referirse a otra persona. Las declaraciones de que el cuernito del cap. 7:8 surgió de entre los diez cuernos y arrancó tres de ellos y que el del cap. 8:9 surgió de uno de los cuatro cuernos del macho cabrío, no pueden tener fuerza para confutar=rebatir la identidad del cuernito en ambos pasajes, a menos que se suponga que los cuatro cuernos del cap. 8:8 sean idénticos con los diez del cap. 7:7; “Después de esto miraba yo en las visiones de la noche, y he aquí la cuarta bestia, espantosa y terrible y en gran manera fuerte, la cual tenía unos dientes grandes de hierro; devoraba y desmenuzaba, y las sobras hollaba con sus pies, y era muy diferente de todas las bestias que vi antes de ella, y tenía diez cuernos.” suposición que nadie se permitirá.
Estas no son más que las variantes menores, requeridas por las diversas posiciones ocupadas por el profeta en las distintas visiones. Si entendemos los diez cuernos del cap. 7:7 como un número redondo, denotando los reyes más plenamente descritos en el capítulo XI, y los cuatro cuernos notables del capítulo 8:8 como los cuatro notables sucesores de Alejandro Magno, saltará a la vista la armonía de las dos visiones. Desde un punto de vista el gran cuerno (Alejandro) fue sucedido por diez cuernos y también por uno pequeñito, más notable, en algunos respectos, que cualquiera de los diez. Desde otro punto de vista se vio al cuerno grande seguido por cuatro cuernos notables (los famosos Diadochoi), del tronco de uno de los cuales (Seleucus) surgió Antíoco Epifanes. Sólo la falla en notar la repetición de profecías bajo varias formas y desde diversos puntos de vista ocasiona la dificultad que algunos han hallado en identificar profecías de los mismos acontecimientos.
De acuerdo con el principio que acabamos de ilustrar, a la profecía aún más minuciosa del último período del Imperio greco macedonio en Dan XI, se la ve recorrer mucho del mismo campo que las de los capítulos VII y VIII. De la misma manera debiéramos naturalmente presumir que hay la intención de que las siete copas de las siete últimas plagas en Ap. cap. XVI, correspondan con las siete trompetas de los capítulos VII XI. Las notables semejanzas que existen entre las dos son tales que fuerzan la convicción de que los terribles ayes denotados por las trompetas son, substancialmente, idénticos, con las plagas denotadas por las copas de ira. Una opinión contraria haría del caso una excepción notable a la analogía de profecías y no debe aceptársele sin las razones más convincentes.
2. Estilo figurado=imaginario y simbólico=mitológico de la profecía
El hecho ya observado de que la palabra de la profecía fue recibida mediante visiones y sueños, así como en un estado de éxtasis=arrobamiento, explica en gran parte el otro hecho de que una parte tan grande de las Escrituras proféticas se halle en lenguaje figurado y en símbolos. Con demasiada frecuencia se pasa por alto este hecho en la interpretación profética y así se ha originado la doctrina extraviada de que "la profecía es historia escrita de antemano". Aceptando esta idea uno está inclinado a presionar el sentido literal de todos los pasajes que por cualquier posibilidad puedan admitir tal construcción; y de ahí las innumerables controversias y extravagancias que se notan en la interpretación de las profecías. Pero obsérvese por un instante el estilo y dicción=expresión de las grandes predicciones. La primera que se haya registrado anuncia una enemistad permanente entre la serpiente y la mujer y su progenie. Dios dijo a la serpiente, hablando de la progenie de la mujer: "Esta te herirá en la cabeza y tú le herirás el talón" (Gén. 3:15). No han faltado literalistas que apliquen la profecía a la enemistad existente entre las serpientes y la raza humana y que declaren que ella se cumple cada vez que uno de ellas muerde a un hombre o que uno de éstos aplasta la cabeza de una serpiente. Pero semejante interpretación nunca ha tenido aceptación. Su significado más profundo con respecto a los hijos de la luz y a los de las tinieblas, y sus respectivas cabezas (el Mesías y Satanás) ha sido universalmente reconocido por los mejores intérpretes.
De igual manera notamos qué la profecía de Jacob agonizante (Gén. XLIX) está escrita en el estilo más elevado del fervor poético y del lenguaje figurado. Todos los acontecimientos de la vida del patriarca y la plenitud historiada del futuro conmovieron su alma y llenaron de emoción sus palabras. Los oráculos=profecías de Balaam y los cánticos de Moisés son del mismo orden elevado. Los salmos mesiánicos abundan en símiles y metáforas, tomados de cielos, tierra y mar. Los libros proféticos están, en gran parte, escritos en las formas y el espíritu de la poesía hebrea y en la predicción de acontecimientos notables, el lenguaje frecuentemente se eleva a formas de expresión que para el crítico occidental pueden parecer extravagancias hiperbólicas=redundantes. Tómese, por ej. La "carga de Babilonia" que Isaías vio y nótese la excesiva emoción así como lo atrevido de las figuras (Isa 13:213; “Levantad bandera sobre un alto monte; alzad la voz a ellos, alzad la mano, para que entren por puertas de príncipes. Yo mandé a mis consagrados, asimismo llamé a mis valientes para mi ira, a los que se alegran con mi gloria. Estruendo de multitud en los montes, como de mucho pueblo; estruendo de ruido de reinos, de naciones reunidas; Jehová de los ejércitos pasa revista a las tropas para la batalla. Vienen de lejana tierra, de lo postrero de los cielos, Jehová y los instrumentos de su ira, para destruir toda la tierra. Aullad, porque cerca está el día de Jehová; vendrá como asolamiento del Todopoderoso. Por tanto, toda mano se debilitará, y desfallecerá todo corazón de hombre, y se llenarán de terror; angustias y dolores se apoderarán de ellos; tendrán dolores como mujer de parto; se asombrará cada cual al mirar a su compañero; sus rostros, rostros de llamas. He aquí el día de Jehová viene, terrible, y de indignación y ardor de ira, para convertir la tierra en soledad, y raer de ella a sus pecadores. Por lo cual las estrellas de los cielos y sus luceros no darán su luz; y el sol se oscurecerá al nacer, y la luna no dará su resplandor. Y castigaré al mundo por su maldad, y a los impíos por su iniquidad; y haré que cese la arrogancia de los soberbios, y abatiré la altivez de los fuertes. Haré más precioso que el oro fino al varón, y más que el oro de Ofir al hombre. Porque haré estremecer los cielos, y la tierra se moverá de su lugar, en la indignación de Jehová de los ejércitos, y en el día del ardor de su ira.”).
Nunca ha habido dudas entre los mejores intérpretes acerca de que este pasaje se refiera a la derrota de Babilonia por los medos. El encabezamiento del capítulo y las declaraciones específicas que siguen (vs. 17, 19), no dejan duda al respecto. Y, sin embargo, según el profeta es hecho por Jehová que congrega sus ejércitos de poderosos héroes desde los confines de los cielos, ocasiona un ruido tumultuoso de reinos de naciones, llena los corazones con temblor, desesperación y dolores de agonía, sacude el cielo y la tierra y borra el sol, la luna y las estrellas. A este terrible juicio de Babilonia se llama "el día de Jehová", "el día del ardor de su cólera". Situado al frente de los oráculos de Isaías contra los poderes mundiales del paganismo, es un pasaje clásico en su género y su estilo e imágenes serían, naturalmente, seguidos por otros profetas al anunciar juicios similares.
Tales pasajes emocionales y figurados son comunes a todos los escritores proféticos pero en los llamados profetas apocalípticos notamos una prominencia especial del simbolismo. En su forma más primitiva y aún no desarrollada, llama primeramente nuestra atención en el libro de Joel, que puede calificarse como el más antiguo Apocalipsis, pero su desarrollo más completo aparece entre los últimos profetas, Daniel, Ezequiel y Zacarías y su estructura perfeccionada, en el Apocalipsis de Juan. Por consiguiente, en la exposición de esta clase de profecías es de la mayor importancia el aplicar con criterio y pericia los principios hermenéuticos del simbolismo bíblico.
Este procedimiento requiere, especialmente, tres cosas:
(1) Que seamos capaces de discernir y determinar claramente lo que son símbolos y lo que no lo son
(2) Que los símbolos sean contemplados en sus aspectos amplios y notables, más bien que en sus puntos incidentales de semejanza y
(3) Que se les compare ampliamente en cuanto a su significado y tratamiento de modo que en su interpretación se siga un método uniforme y consecuente.
La falla en observar la primera de estas reglas conducirá a interminables confusiones de lo simbólico con lo literal. Una falla en la segunda regla tenderá a magnificar minucias y puntos sin importancia obscureciendo de esa manera las lecciones mayores y, a menudo, mal entendiendo el objeto y significado del conjunto. No pocos intérpretes han dado gran énfasis a los diez dedos de los pies de la imagen de Nabucodonosor (Dan 2:4142; “Y lo que viste de los pies y los dedos, en parte de barro cocido de alfarero y en parte de hierro, será un reino dividido; mas habrá en él algo de la fuerza del hierro, así como viste hierro mezclado con barro cocido. Y por ser los dedos de los pies en parte de hierro y en parte de barro cocido, el reino será en parte fuerte, y en parte frágil.”) Y han tratado de hallar diez reyes que correspondan a ellos; mientras que, sin que nada pruebe lo contrario, la imagen puede haber tenido doce dedos en los pies, como el gigante de Gat (2 Sam. 21:20; “Después hubo otra guerra en Gat, donde había un hombre de gran estatura, el cual tenía doce dedos en las manos, y otros doce en los pies, veinticuatro por todo; y también era descendiente de los gigantes.”). El cuidado en la observancia de la regla tercera nos habilitará para notar las diferencias lo mismo que las semejanzas de símbolos similares y nos salvará del error de suponer que el mismo símbolo, al ser empleado por dos escritores distintos, tiene que denotar el mismo poder o acontecimiento, o la misma persona...
3. Análisis y comparación de profecías similares
No solamente diversos profetas emplean las mismas figuras y símbolos, u otros muy semejantes, sino que, también, muchas profecías enteras son tan semejantes en su forma general y significado como para exigir del intérprete una comparación minuciosa. Sólo así podrá distinguir cosas que son parecidas y cosas que difieren entre sí.
Primeramente, notamos numerosos ejemplos en que un profeta parece citar a otro. Isaías 2:14; “sobre todos los montes altos, y sobre todos los collados elevados.” es casi idéntico con Miqueas 4:13; y ha sido un problema para los críticos el determinar si Isaías citó de Miqueas o viceversa, o si ambos citaron a algún profeta más. Antiguo, hoy desconocido. La profecía de Jeremías contra Edom (49:722) está, en gran parte, apropiada de Abdías. La epístola de Judas y el segundo capítulo de la Segunda epístola de Pedro suministran una analogía parecida. Una comparación de los oráculos contra las naciones paganas por Balaam, Amos, Isaías, Jeremías y Ezequiel, como ya lo hemos indicado, muestra muchos paralelos verbales. De todo lo cual parece ser que estos escritores sagrados se apropiaban formas de expresión, los unos de los otros, como quien las toma de un tesoro común. (Esto prueba que los profetas se consideraban mutuamente como órganos del Espíritu Santo.
Hengstenberg).
La palabra de Dios, una vez emitida por un hombre inspirado, se transformaba en propiedad del pueblo escogido, el cual la usaba según las circunstancias lo exigían.
La doble presentación de revelaciones proféticas, tanto de visiones como de ensueños, exige atención particular. Primeramente se atrae nuestra atención a ellas en los ensueños de José y de Faraón, y como ya lo hemos visto, el doble ensueño era uno solo en su significado; su repetición bajo símbolos distintos era el método divino de intensificar la impresión e indicar lo indubitable de la realización del pronóstico (Gén. 4:1 al 32). Un principio de interpretación profética tan explícitamente enunciado en los más antiguos registros de la Revelación Divina, merece destacárselo. Sirve de clave a la explicación de muchos de los asuntos más difíciles involucrados en las Escrituras apocalípticas. Tendremos ocasión de ilustrar más plenamente este principio al tratar de las visiones de Daniel y de Juan.
Además, es importante estudiar las analogías de imágenes en las porciones apocalípticas de la profecía. La visión de Isaías, de los serafines (Isaías 6:18; “En el año que murió el rey Uzías vi yo al Señor sentado sobre un trono alto y sublime, y sus faldas llenaban el templo. Por encima de él había serafines; cada uno tenía seis alas; con dos cubrían sus rostros, con dos cubrían sus pies, y con dos volaban. Y el uno al otro daba voces, diciendo: Santo, santo, santo, Jehová de los ejércitos; toda la tierra está llena de su gloria. Y los quiciales de las puertas se estremecieron con la voz del que clamaba, y la casa se llenó de humo. Entonces dije: ¡Ay de mí! que soy muerto; porque siendo hombre inmundo de labios, y habitando en medio de pueblo que tiene labios inmundos, han visto mis ojos al Rey, Jehová de los ejércitos. Y voló hacia mí uno de los serafines, teniendo en su mano un carbón encendido, tomado del altar con unas tenazas; y tocando con él sobre mi boca, dijo: He aquí que esto tocó tus labios, y es quitada tu culpa, y limpio tu pecado. Después oí la voz del Señor, que decía: ¿A quién enviaré, y quién irá por nosotros? Entonces respondí yo: Heme aquí, envíame a mí.”), la de Ezequiel, (I y X) y la de Juan, del trono en el cielo (Ap. IV) tienen manifiestas relaciones entre sí que ningún intérprete puede menos que notar.
Sin embargo, el objeto y tendencia de cada uno sólo podemos aprenderlos al estudiarlos desde el punto de vista de cada profeta individual. La visión de Daniel, de las cuatro bestias que salían del mar (Dan VII) suministra las imágenes mediante las cuales Juan describe su bestia procedente del mar (Ap. 13:12; “Me paré sobre la arena del mar, y vi subir del mar una bestia que tenía siete cabezas y diez cuernos; y en sus cuernos diez diademas; y sobre sus cabezas, un nombre blasfemo. Y la bestia que vi era semejante a un leopardo, y sus pies como de oso, y su boca como boca de león. Y el dragón le dio su poder y su trono, y grande autoridad.”), Y notamos que esta bestia del apóstol, un monstruo innominado, combina, también los otros principales aspectos (leopardo, oso, león) de las cuatro bestias del profeta.
La segunda bestia de Juan, surgida de la tierra, con dos cuernos como de un cordero (Ap. 13:11; “Después vi otra bestia que subía de la tierra; y tenía dos cuernos semejantes a los de un cordero, pero hablaba como dragón.”) Combina mucho de las imágenes tanto del carnero como del macho cabrío de Daniel 8:112. La visión de Zacarías de las cuatro carrozas tiradas por caballos de varias pelos (Zac 6:14; “Las coronas servirán a Helen, a Tobías, a Jedaias y a Hen hijo de Sofonías, como memoria en el templo de Jehová.”) Forma la base del simbolismo de los cuatro primeros sellos (Ap. 6:18; “Vi cuando el Cordero abrió uno de los sellos, y oí a uno de los cuatro seres vivientes decir como con voz de trueno: Ven y mira. Y miré, y he aquí un caballo blanco; y el que lo montaba tenía un arco; y le fue dada una corona, y salió venciendo, y para vencer. Cuando abrió el segundo sello, oí al segundo ser viviente, que decía: Ven y mira. Y salió otro caballo, bermejo; y al que lo montaba le fue dado poder de quitar de la tierra la paz, y que se matasen unos a otros; y se le dio una gran espada. Cuando abrió el tercer sello, oí al tercer ser viviente, que decía: Ven y mira. Y miré, y he aquí un caballo negro; y el que lo montaba tenía una balanza en la mano. Y oí una voz de en medio de los cuatro seres vivientes, que decía: Dos libras de trigo por un denario, y seis libras de cebada por un denario; pero no dañes el aceite ni el vino. Cuando abrió el cuarto sello, oí la voz del cuarto ser viviente, que decía: Ven y mira. Miré, y he aquí un caballo amarillo, y el que lo montaba tenía por nombre Muerte, y el Hades le seguía; y le fue dada potestad sobre la cuarta parte de la tierra, para matar con espada, con hambre, con mortandad, y con las fieras de la tierra.”); y el cuadro radiante que Juan nos ofrece de la Nueva Jerusalén, los nuevos cielos y la nueva tierra (XXI, XXII) es, manifiestamente, un duplicado de los capítulos finales de Ezequiel.
La diferencia más notable, quizá, es que Ezequiel tiene una larga y minuciosa descripción del templo y su servicio (XLIV), mientras que en la visión de Juan no hay templo sino que más bien la ciudad misma se transforma toda en templo, aún más, en un "santo de los santos", lleno con la gloria de Dios y del Cordero (Ap. 21:3-22-23; “Y oí una gran voz del cielo que decía: He aquí el tabernáculo de Dios con los hombres, y él morará con ellos; y ellos serán su pueblo, y Dios mismo estará con ellos como su Dios. Y no vi en ella templo; porque el Señor Dios Todopoderoso es el templo de ella, y el Cordero. La ciudad no tiene necesidad de sol ni de luna que brillen en ella; porque la gloria de Dios la ilumina, y el Cordero es su lumbrera.”).
Las mencionadas analogías demuestran que no puede darse ninguna interpretación conveniente de ninguna de estas profecías similares sin hacer un buen análisis y cuidadosa comparación de todas. No hemos de suponer, sin embargo, que porque un profeta emplee las mismas imágenes que otro necesariamente debe estar refiriéndose al mismo asunto que él. Los dos olivos de Ap. 11:4; “Estos testigos son los dos olivos, y los dos candeleros que están en pie delante del Dios de la tierra.”), no son, necesariamente, los mismos que los de Zac 4:314; “Las bestias del Apocalipsis de Juan no son, necesariamente, idénticas con las de Daniel. La visión de Juan, de nuevos cielos y nueva tierra y la ciudad de oro, es, indudablemente, una revelación más completa del Israel redimido que la correspondiente visión de Ezequiel. Pero una de estas visiones no puede explicarse plenamente sin la otra; y cada una debe ser sujeta a un análisis minucioso y estudiado desde su propio punto de vista histórico.
Por estas consideraciones se verá también que mientras apreciamos debidamente las peculiaridades de la profecía, sin embargo, debemos emplear en su interpretación esencialmente los mismos grandes principios que en la interpretación de otros escritos antiguos. Primeramente hay que averiguar la posición histórica del profeta; luego el objeto y plan de su libro; después el trato e intento de sus palabras y símbolos y, finalmente, debe hacerse una comparación amplia y prolija de los pasajes paralelos.
Es además de primordial importancia que el intérprete de las Santas Escrituras tenga presentes, las siguientes consideraciones:
1. La profecía del A. Testamento no es más que una parte de la revelación de Dios en ese Testamento y debe ser estudiada siempre a la luz de toda la dispensación hebrea. También debe darse constante énfasis al hecho de que la historia, la ley, el salmo, el proverbio y la profecía son otras tantas partes de una serie de comunicaciones divinas dadas en diversas épocas y constituyendo un conjunto orgánico. En la construcción de todo gran edificio los trozos parciales que se van formando, al verlos solos y a veces aislados de aquello a que luego deben reunirse, pueden parecer desagradables en su aspecto y ofensivas al buen gusto pero cuando se estudia su disposición a la luz del plan del edificio terminado se ve que son partes esenciales al sostén y elegancia del conjunto. De análoga manera hemos de considerar varias partes de los elementos compuestos de la revelación del A. Testamento.
2. La profecía trata, principalmente, de personas y sucesos de los tiempos en que originariamente, fue pronunciada. El profeta era un poder de Dios, un mensajero viviente a reyes, pueblos y naciones. Declaraba el mensaje de Dios para la época y por eso hallamos el lenguaje de la profecía del A. Testamento lleno de alusiones a acontecimientos contemporáneos. De aquí también la necesidad de conocimientos históricos extensos y exactos a fin de entender y explicar los escritos de los antiguos videntes.
3. Los profetas hebreos también hablaron y escribieron profundamente conscientes de ser oráculos de Jehová, "el Santo de Israel". Estaban impulsados por el Espíritu Divino y se elevaban sobre el temor al hombre. Y, sin embargo, nunca perdían la conciencia propia como seres humanos; y las verdades divinas que se les comunicaban para que las transmitieran a los hombres. Tomaban forma de acuerdo con las cualidades mentales y psicológicas de cada profeta individual. De aquí que el intérprete deba notar las cualidades personales y el estilo característico de cada profeta, lo mismo que el conjunto orgánico de la literatura profética del A. Testamento.
Diferentes Formas de Interpretar las Profecías
Las profecías contenidas en los libros de Daniel, Apocalipsis, y los evangelios son muy ricas en significado en varios niveles y pueden interpretarse de diferentes maneras. Cada interpretación puede ser válida, pero sólo si uno se acerca a las profecías con un deseo sincero de conocer y obedecer la verdad. El Apocalipsis es una parte integral de todo el mensaje de Dios en la Biblia; y la clave para entender el libro de Apocalipsis son las enseñanzas de Jesús. (Ap 19:10; “Yo me postré a sus pies para adorarle. Y él me dijo: Mira, no lo hagas; yo soy consiervo tuyo, y de tus hermanos que retienen el testimonio de Jesús. Adora a Dios; porque el testimonio de Jesús es el espíritu de la profecía.”)
Hay tres formas principales de interpretar las profecías de Daniel y del Apocalipsis, y todas ellas son válidas hasta cierto punto, siempre y cuando se tomen en su perspectiva adecuada.
Interpretación Preterista: La primera interpretación, es la de interpretar que los eventos profetizados en el Apocalipsis ya se han cumplido. Ciertamente, los eventos del año 70 d.C. cumplieron la profecía de Jesús sobre la destrucción del templo (Luc 21:6; “En cuanto a estas cosas que veis, días vendrán en que no quedará piedra sobre piedra, que no sea destruida.”) y sobre el cerco de Jerusalén por los ejércitos romanos. (Luc 21:20; “Pero cuando viereis a Jerusalén rodeada de ejércitos, sabed entonces que su destrucción ha llegado.”) Es dudoso saber si hubo grandes señales, terremotos y angustias en el momento de esa conquista romana, pero si fueras un judío en Jerusalén en esos días, podrías, sin duda, dar un argumento convincente de que esto era lo que Jesús estaba diciendo.
Durante esa época de los primeros cristianos también hubo persecución de parte de las autoridades y emperadores romanos.
Los primeros cristianos podrían haber entendido los símbolos en el libro del Apocalipsis y las profecías de Jesús en estar hablando específicamente de eventos que se cumplirían en sus propias vidas. Como resultado, hoy en día hay personas que mantienen que todas las profecías se cumplieron antes del año 70 d.C. (o por lo menos que fueron escritos para dar aliento exclusivamente a la primera generación de cristianos) y que es incorrecto sacar algún significado de las profecías para nuestros días o para el futuro.
Luego hubo el año 1666, con su ominoso '666'. Fue la culminación de una época en la cual un tercio entero de toda la población de la tierra pereció de la peste; Londres fue destruida en un incendio catastrófico; y muchos cristianos de grupos comunitarios pequeños fueron quemados y perseguidos como herejes por una "iglesia" institucional que era tiránica. Aquí también, los cristianos de esa época interpretaban las profecías a eventos de su día.
A lo largo de los siglos ha habido grupos religiosos que proclamaron el fin del mundo y el tiempo del cumplimiento de las profecías. Sin embargo, el punto más importante y crucial contra el argumento de que las profecías ya hubieran sido cumplidas todas es que Jesús dice: "Y entonces verán al Hijo del Hombre viniendo en una nube con poder y gran gloria". (Luc 21:27; “Entonces verán al Hijo del Hombre, que vendrá en una nube con poder y gran gloria.”) Él lo dice cerca del final de un sermón acerca del cumplimiento de las profecías sobre los últimos días. Y esto se enfatiza en la versión de Mateo del mismo sermón en que esta segunda venida es visible y tangible para todas las personas (Mat 24:27 y 30; “Porque como el relámpago que sale del oriente y se muestra hasta el occidente, así será también la venida del Hijo del Hombre. Entonces aparecerá la señal del Hijo del Hombre en el cielo; y entonces lamentarán todas las tribus de la tierra, y verán al Hijo del Hombre viniendo sobre las nubes del cielo, con poder y gran gloria.”), Y que marca la destrucción de todos los que se rebelan contra Dios.
El Apocalipsis dice que es el comienzo del reinado de mil años de Cristo en la tierra en cual el diablo (las fuerzas de la maldad) sería encarcelado, y los cristianos que habían muerto hubieran resucitado. (Ap 11:15; “El séptimo ángel tocó la trompeta, y hubo grandes voces en el cielo, que decían: Los reinos del mundo han venido a ser de nuestro Señor y de su Cristo; y él reinará por los siglos de los siglos.”) (19:11-21; “Entonces vi el cielo abierto; y he aquí un caballo blanco, y el que lo montaba se llamaba Fiel y Verdadero, y con justicia juzga y pelea. Sus ojos eran como llama de fuego, y había en su cabeza muchas diademas; y tenía un nombre escrito que ninguno conocía sino él mismo.
Estaba vestido de una ropa teñida en sangre; y su nombre es: EL VERBO DE DIOS. Y los ejércitos celestiales, vestidos de lino finísimo, blanco y limpio, le seguían en caballos blancos. De su boca sale una espada aguda, para herir con ella a las naciones, y él las regirá con vara de hierro; y él pisa el lagar del vino del furor y de la ira del Dios Todopoderoso. Y en su vestidura y en su muslo tiene escrito este nombre: REY DE REYES Y SEÑOR DE SEÑORES. Y vi a un ángel que estaba en pie en el sol, y clamó a gran voz, diciendo a todas las aves que vuelan en medio del cielo: Venid, y congregaos a la gran cena de Dios, para que comáis carnes de reyes y de capitanes, y carnes de fuertes, carnes de caballos y de sus jinetes, y carnes de todos, libres y esclavos, pequeños y grandes. Y vi a la bestia, a los reyes de la tierra y a sus ejércitos, reunidos para guerrear contra el que montaba el caballo, y contra su ejército. Y la bestia fue apresada, y con ella el falso profeta que había hecho delante de ella las señales con las cuales había engañado a los que recibieron la marca de la bestia, y habían adorado su imagen. Estos dos fueron lanzados vivos dentro de un lago de fuego que arde con azufre. Y los demás fueron muertos con la espada que salía de la boca del que montaba el caballo, y todas las aves se saciaron de las carnes de ellos.”) (20:1-4; “Vi a un ángel que descendía del cielo, con la llave del abismo, y una gran cadena en la mano. Y prendió al dragón, la serpiente antigua, que es el diablo y Satanás, y lo ató por mil años; y lo arrojó al abismo, y lo encerró, y puso su sello sobre él, para que no engañase más a las naciones, hasta que fuesen cumplidos mil años; y después de esto debe ser desatado por un poco de tiempo. Y vi tronos, y se sentaron sobre ellos los que recibieron facultad de juzgar; y vi las almas de los decapitados por causa del testimonio de Jesús y por la palabra de Dios, los que no habían adorado a la bestia ni a su imagen, y que no recibieron la marca en sus frentes ni en sus manos; y vivieron y reinaron con Cristo mil años.”) Estos acontecimientos, obviamente, no han ocurrido todavía, aunque las personas que solamente aceptan una interpretación preterista tratan de explicar esos sucesos por medio de decir que Jesús volvió "en espíritu" y otras interpretaciones simbólicas.
Interpretación Simbólica: La segunda forma de interpretar las profecías es saltarse los sucesos históricos y verlos como un símbolo de la batalla entre el bien y el mal, donde el amor parece perder, pero termina espléndidamente triunfante. Cada cristiano tiene su propia tribulación que pasar (2 Tim 3:12; “Y también todos los que quieren vivir piadosamente en Cristo Jesús padecerán persecución.”), y cada uno de nosotros experimenta la venida de Cristo y la resurrección en nuestra propia vida, si nos aferramos a la verdad. El Apocalipsis parece hablar de la sentencia que es pertinente para la gente de todos los tiempos, no sólo para la de los últimos tiempos. (Ap 20:12-13; “Y vi a los muertos, grandes y pequeños, de pie ante Dios; y los libros fueron abiertos, y otro libro fue abierto, el cual es el libro de la vida; y fueron juzgados los muertos por las cosas que estaban escritas en los libros, según sus obras. Y el mar entregó los muertos que había en él; y la muerte y el Hades entregaron los muertos que había en ellos; y fueron juzgados cada uno según sus obras.”)
Ésta es una interpretación segura en el sentido de que uno puede aprender lecciones de las profecías sin tomar el riesgo de equivocarse con fechas y eventos. Sin embargo, hay detalles demasiados específicos en las profecías sobre tiempos y eventos, lo cual nos dice que una interpretación simbólica no puede ser la única interpretación válida. Las profecías consistentemente predicen una crisis a nivel mundial de una magnitud más allá de cualquiera que se haya visto jamás en la historia pasada y futura. (Mat 24:21; “Porque habrá entonces gran tribulación, cual no la ha habido desde el principio del mundo hasta ahora, ni la habrá.”) Mar 13:19; “Porque aquellos días serán de tribulación cual nunca ha habido desde el principio de la creación que Dios creó, hasta este tiempo, ni la habrá.”) Dan 12:1; “En aquel tiempo se levantará Miguel, el gran príncipe que está de parte de los hijos de tu pueblo; y será tiempo de angustia, cual nunca fue desde que hubo gente hasta entonces; pero en aquel tiempo será libertado tu pueblo, todos los que se hallen escritos en el libro.”) Es un tiempo que representa la cúspide del poder de las fuerzas del mal, pero termina con la destrucción de los juicios de Dios y con el encarcelamiento, de las fuerzas del mal. (Ap 6:16-17; “Y decían a los montes y a las peñas: Caed sobre nosotros, y escondednos del rostro de aquel que está sentado sobre el trono, y de la ira del Cordero; porque el gran día de su ira ha llegado; ¿y quién podrá sostenerse en pie?”) (11:18; “Y se airaron las naciones, y tu ira ha venido, y el tiempo de juzgar a los muertos, y de dar el galardón a tus siervos los profetas, a los santos, y a los que temen tu nombre, a los pequeños y a los grandes, y de destruir a los que destruyen la tierra.”)
(20:10-15; “Y el diablo que los engañaba fue lanzado en el lago de fuego y azufre, donde estaban la bestia y el falso profeta; y serán atormentados día y noche por los siglos de los siglos. Y vi un gran trono blanco y al que estaba sentado en él, de delante del cual huyeron la tierra y el cielo, y ningún lugar se encontró para ellos. Y vi a los muertos, grandes y pequeños, de pie ante Dios; y los libros fueron abiertos, y otro libro fue abierto, el cual es el libro de la vida; y fueron juzgados los muertos por las cosas que estaban escritas en los libros, según sus obras. Y el mar entregó los muertos que había en él; y la muerte y el Hades entregaron los muertos que había en ellos; y fueron juzgados cada uno según sus obras. Y la muerte y el Hades fueron lanzados al lago de fuego. Esta es la muerte segunda. Y el que no se halló inscrito en el libro de la vida fue lanzado al lago de fuego.”)
Un tema fundamental del Apocalipsis es que el "cordero" manso y lleno de amor (Jesús), el cual fue inmolado, gana la victoria sobre el "dragón" (Satanás) y la "Bestia". Esto no sólo se refiere a la victoria espiritual del amor sobre el odio, sino que también parece referirse a un imperio mundial venidero y/o líder (la Bestia) que es poseído por Satanás.
Interpretación Futurista: Otra forma de interpretar las profecías es de creer que no se han cumplido todas todavía y que la segunda venida de Jesús, la resurrección de los muertos, etc. se cumplirán en el futuro. Es decir, el tiempo para el cumplimiento histórico de muchas, si no de la mayoría de las profecías del Apocalipsis, podrían ser en el futuro cercano o lejano.
Algunas profecías parecen haberse cumplido ya parcialmente, pero esto puede ser porque el fundamento de la sociedad actual es la misma que la que ha existido desde los tiempos de la antigua Babilonia. Las fuerzas que conducen a la plenitud del cumplimiento de las profecías ya están presentes en este momento. Es sólo que hoy ve la culminación de muchos desarrollos históricos que han estado trabajando juntos para llevarnos hacia un nuevo imperio mundial. (1 Jn 2:18; “Hijitos, ya es el último tiempo; y según vosotros oísteis que el anticristo viene, así ahora han surgido muchos anticristos; por esto conocemos que es el último tiempo.”) Con esto se dice que partes de las profecías pudieron haber tenido un significado literal y profundo para generaciones pasadas, pero que se cumplirán con mayor significado en algún momento histórico futuro.
Esta forma de interpretar las profecías trae mucha esperanza, porque vemos que el trabajo de Dios todavía no ha terminado en la tierra, y que no nos ha dejado sin profecías que se relacionan a nosotros. Los que anhelamos que se establezca todavía el reino de Dios sobre la tierra continuamos predicando el evangelio a todos (Mat 28:19-20; “Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. Amén.”) (24:14; “Y será predicado este evangelio del reino en todo el mundo, para testimonio a todas las naciones; y entonces vendrá el fin.”), esperando el día en el cual Jesús volverá a recoger sus escogidos. Esto también nos llama a vivir vidas sobrias y a estar dispuestos a morir por Jesús, entendiendo que la gran batalla entre el bien y el mal todavía no se ha manifestado completamente, sino que tendremos que ser testigos del amor de Jesús aun durante la época más oscura de la historia, la Gran Tribulación.
La debilidad con esta forma de interpretación es simplemente que podemos estar equivocados en algunos o en muchos de los detalles de nuestras interpretaciones. Solamente Dios sabe el futuro, y nos ha dado las profecías para advertirnos de lo que vendrá, pero ninguno de nosotros puede saber por cierto qué significa cada pieza del rompecabezas hasta que todo se haya cumplido. Por eso, es sumamente importante no endurecernos en una posición, ni defender una interpretación particular si hay suficientes razones para cambiarla y adoptar una diferente. Lo más importante de todo, en cuanto a las profecías, es en aprender las lecciones comunicadas por medio de ellas, se cumplan literalmente o no en nuestras vidas, mientras tampoco cerramos los ojos a las implicaciones que las profecías hacen para nuestros tiempos.
¿Cómo debe ser la interpretación bíblica: Literal o Simbólica?
De ambas maneras, pero...Depende de las circunstancias
En conclusión
¿Interpretación literal o simbólica de la Biblia? Son ambas; en cada caso, depende de las circunstancias. Con una íntima relación con Dios seremos capaces de navegar a través del Fin de Estos Tiempos con un mínimo de errores y dificultades, recordando la amonestación de Nuestro Señor Jesucristo:
Mateo 24:24; "Porque surgirán falsos cristos y falsos profetas, y harán cosas estupendas y prodigios, hasta el punto de desviar, si fuera posible, aun a los elegidos"
Hay cuatro formas de interpretar el libro de Apocalipsis: El libro de Apocalipsis es uno de los más difíciles de interpretar de toda la Biblia y que a lo largo de la historia muchos le han dado diferentes significados según el tipo de hermenéutica (principios de interpretación) que hayan usado. En los primeros siglos de la iglesia la interpretación más común era pensar en el establecimiento literal del reino en la tierra. Más adelante se desarrolló una interpretación espiritual y la de quienes creían que el reino mismo sería la iglesia en su carácter de vencedora...Antes que nada debemos preguntarnos, ¿Por qué deberíamos estar interesados en leer y entender este libro? Porque hay una bienaventuranza dada por el mismo Señor para quienes leen y oyen esta carta (Ap. 1:3; “Bienaventurado el que lee, y los que oyen las palabras de esta profecía, y guardan las cosas en ella escritas; porque el tiempo está cerca.”) y para quienes practican lo que Dios manda en él (Ap. 22:7; “¡He aquí, vengo pronto! Bienaventurado el que guarda las palabras de la profecía de este libro.”)
A continuación veremos las cuatro formas de interpretación más usuales de este último libro de la Escritura
La interpretación: Un sistema para determinar lo que la palabra profética enseña. Hay cuatro escuelas o sistemas de interpretación más conocidas del libro de Apocalipsis. A continuación presentamos un breve resumen de lo que cree cada grupo
Espiritual: Dicen que apocalipsis no habla del futuro, que su único propósito es enseñar grandes verdades a través de su simbolismo. El idealista encuentra principios espirituales que operan en todo momento histórico de la iglesia. Así la bestia no sería más que el representante de los gobiernos dictatoriales que están contra la iglesia y la persiguen y el milenio podría simbolizar el gobierno espiritual de la iglesia sobre el mal. Esta escuela evita precisar el cumplimiento de los eventos y más bien describe la lucha entre el poder del enemigo y cómo el reino de Dios vence.
Pretérita: Los que sostienen este punto de vista dicen que apocalipsis apunta exclusivamente a eventos que se suscitaron históricamente en el imperio romano. Esta forma de interpretación sostiene que Juan estaba describiendo la forma de vida de las iglesias del primer siglo y no algo sobre el futuro. Las personas y eventos descritos por medio de las visiones deben buscarse en personas o eventos de la época. Así la bestia podría ser Nerón o Diocleciano quienes perseguían a la iglesia, y las catástrofes podrían referirse a la caída de Jerusalén.
Histórica: Esta manifiesta que apocalipsis predice los eventos relacionados con la iglesia desde el primer siglo hasta nuestros tiempos. Nosotros creemos que los capítulos 2 y 3 de apocalipsis deben ser entendidos de esta manera. Los que sostienen esta enseñanza, creen que su sistema debe aplicarse a la totalidad de apocalipsis. A diferencia del anterior los historicistas consideran que los eventos descritos en Apocalipsis se refieren a eventos sucedidos cronológicamente a lo largo de la historia. Por ejemplo, la primera iglesia (Éfeso) representaba a la iglesia del primer siglo, mientras que Esmirna fue la iglesia perseguida. La principal desventaja es que es imposible acomodar perfectamente los eventos apocalípticos en la historia de la iglesia. Algunos católicos que usan esta forma de interpretación creen que el establecimiento del reino comenzó luego de que la iglesia llegó a convertirse en la religión oficial del imperio romano a través de Constantino. Algunos reformadores creían, sin embargo que la iglesia católica era apóstata y la identificaban con la gran ramera y al papa con el Anticristo.
Futurista: Los futuristas dicen que apocalipsis habla de eventos que todavía no se han cumplido y que la mayoría de los sucesos tendrán lugar durante el periodo profetizado por Daniel para la última semana. (Dan 9:27). Este periodo es de la tribulación. Esta escuela es la más popular y aceptada actualmente. El presente estudio utiliza este sistema. Tiende a ser más literalista en su interpretación que el resto y considera que las palabras del libro de las revelaciones se refieren en esencia a eventos futuros. Hay dos formas básicas del futurismo de los cuales la primera es la más usual en el mundo evangélico actual:
Premilenialismo dispensacionalistas: El premilenialismo se refiere a la creencia de que Jesús ha de venir literalmente antes del milenio para reinar sobre la tierra como lo describe Apocalipsis 20. El dispensacionalismo se refiere a la creencia de que Dios ha usado diferentes maneras a lo largo de la historia por medio de las cuales ha juzgado a la humanidad, llamadas dispensaciones (7 dispensaciones, más o menos). En esta interpretación todo lo descrito a partir del capítulo 4 sería algo futuro y correspondiente a los últimos siete años antes de la venida de Jesús.
Premilenialismo histórico: Ellos también son premilenialistas pero a diferencia de los anteriores consideran el valor preterista del libro, el enfoque para los primeros destinatarios de la carta pero también describe ampliamente los sucesos finales de la historia humana.
¿Cuál es la mejor forma de interpretar el Apocalipsis?: Como mencionamos al principio del artículo la dificultad estriba en el tipo de hermenéutica que uno adopte desde un principio y de nuestros conceptos previos del resto de las Escrituras. Parte de la explicación de estas múltiples formas de interpretar el Apocalipsis se haya en saber distinguir entre lo que es simbólico y literal, y lo que fue dicho para el tiempo de Juan y lo que fue predicho para el futuro.
Hoy en día el método más aceptado de interpretación es el literal que toma en cuenta el contexto histórico, la gramática, la forma literaria y el aspecto teológico del pasaje para interpretar el pasaje literalmente en tanto no haya indicios de elementos retóricos como metáforas, símiles, símbolos, etc.
También tomemos en cuenta las siguientes claves: Consideremos el tipo de literatura: Si bien tiene casi todas las formas de la literatura apocalíptica es llamada profecía y revelación de Dios (Ap. 1:1-3; “La revelación de Jesucristo, que Dios le dio, para manifestar a sus siervos las cosas que deben suceder pronto; y la declaró enviándola por medio de su ángel a su siervo Juan, que ha dado testimonio de la palabra de Dios, y del testimonio de Jesucristo, y de todas las cosas que ha visto. Bienaventurado el que lee, y los que oyen las palabras de esta profecía, y guardan las cosas en ella escritas; porque el tiempo está cerca.”), algo oculto que es dado a conocer…
Consideremos el propósito: Tiene el propósito de exhortar a la perseverancia para que las iglesias sean vencedoras (Ap cap. 2; 3)
Consideremos los tiempos de cumplimiento: El tiempo está cerca (Ap. 1:3). Juan escribió lo que vio, lo que era y lo que sería después de esas cosas (Ap. 1:19; “Escribe las cosas que has visto, y las que son, y las que han de ser después de estas.”). En Apocalipsis 4:1 el ángel le dice que le mostrará lo que sucederá después de las primeras cosas, ¿qué cosas fueron las primeras? la visión de Cristo y su mensaje a las siete iglesias de Asia.
Tomemos en cuenta el bosquejo general a partir del capítulo 4
Adoración celestial (Cap. 4 y 5)
Los sellos (6:1; “Vi cuando el Cordero abrió uno de los sellos, y oí a uno de los cuatro seres vivientes decir como con voz de trueno: Ven y mira.” 8:5; “Y el ángel tomó el incensario, y lo llenó del fuego del altar, y lo arrojó a la tierra; y hubo truenos, y voces, y relámpagos, y un terremoto.”)
Las trompetas (8:6; “Y los siete ángeles que tenían las siete trompetas se dispusieron a tocarlas.” 11:19; “Y el templo de Dios fue abierto en el cielo, y el arca de su pacto se veía en el templo. Y hubo relámpagos, voces, truenos, un terremoto y grande granizo.”)
Guerra espiritual (12:1; “Apareció en el cielo una gran señal: una mujer vestida del sol, con la luna debajo de sus pies, y sobre su cabeza una corona de doce estrellas.” 14:20; “Y fue pisado el lagar fuera de la ciudad, y del lagar salió sangre hasta los frenos de los caballos, por mil seiscientos
estadios.”)
Las copas de la ira (15:1; “Vi en el cielo otra señal, grande y admirable: siete ángeles que tenían las siete plagas postreras; porque en ellas se consumaba la ira de Dios.” 16:21; “Y cayó del cielo sobre los hombres un enorme granizo como del peso de un talento; y los hombres blasfemaron contra Dios por la plaga del granizo; porque su plaga fue sobremanera grande.”)
La Caída de la gran ramera y la victoria final. (17:1; “Vino entonces uno de los siete ángeles que tenían las siete copas, y habló conmigo diciéndome: Ven acá, y te mostraré la sentencia contra la gran ramera, la que está sentada sobre muchas aguas. 19:21; “Y los demás fueron muertos con la espada que salía de la boca del que montaba el caballo, y todas las aves se saciaron de las carnes de ellos.”)
El milenio y los nuevos cielos y la nueva tierra (Cap. 20; 22)
Por tanto, el libro nos habla de la soberanía divina y cómo Cristo ejecuta los juicios sobre la tierra sobre sus enemigos para así tomar el reino para su pueblo. Mientras tanto los que guardan el testimonio de Jesús sufren persecución, el anticristo demanda adoración y Dios derrama su ira sobre sus adversarios para que al final ellos tomen el trono y hereden el reino eterno. Entonces ¿cuál sería la mejor forma de interpretación? En realidad varias de las escuelas de interpretación pueden convivir entre sí sin necesariamente contradecirse en términos generales. El preterista no deja de creer que los últimos capítulos hablan de la consumación de la redención, los premilenialistas históricos señalan el aspecto preterista y futurista del texto, y los idealistas creen también en un cumplimiento futuro en términos generales pero prefiriendo una aplicación que inspire en el ahora.
El Premilenialismo: Según esta doctrina el Señor Jesucristo volverá por segunda vez antes del milenio. Esta es la posición doctrinal utilizada en esta obra. Personalmente me inclino por el premilenialismo histórico sin dejar de considerar las implicaciones del idealismo, o el contexto histórico provisto por el preterismo pero no me inclino por el historicismo. Esta elección de interpretación se debe a que considero que muchas de las profecías del Antiguo Testamento que faltan por cumplirse deben llevarse a cabo tal y como se cumplieron las profecías de la primera venida.
Finalmente considero que los cristianos independientemente de nuestra forma de interpretar este maravilloso libro podemos convivir si guardamos las creencias básicas del libro: la soberanía de Dios, la victoria final del Señor sobre sus adversarios, la perseverancia en este mundo, el reino de Dios y el juicio eterno…Gloria a Dios ¡Aleluya!
El Escatalogo: Debe siempre observar que hay necesidad de examinar ciertos pasajes de apocalipsis a la luz de los diferentes sistemas de interpretación. Por ejemplo, los capítulos 2 y 3 de apocalipsis se entienden mejor utilizando el sistema espiritual, pretérito e histórico. Aunque utilizamos el sistema futurista para hablar de los capítulos 4 al 22 de apocalipsis. Seriamos ciegos espirituales si negáramos que estos capítulos tengan una interpretación con absoluta aplicación a nuestras vidas actualmente. También el Escatalogo debe considerar lo que está escrito en la Epístola a los Efesios en el cap. 1 verso 17; “Para que el Dios de nuestro Señor Jesucristo, el Padre de gloria, os dé espíritu de sabiduría y de revelación en el conocimiento de él. Porque la (Revelación de la Palabra de Dios es progresiva): Revelación se refiere a lo que Dios ha descubierto al hombre. (Deut 29:29; “Las cosas secretas pertenecen a Jehová nuestro Dios; mas las reveladas son para nosotros y para nuestros hijos para siempre, para que cumplamos todas las palabras de esta ley.”); progresiva habla del crecimiento a medida que pasa el tiempo. De tal manera, la revelación progresiva nos muestra más cerca de Dios y sus planes, desarrollando gradualmente desde Génesis hasta Apocalipsis a medida que pasa el tiempo. (Amos 3:7-8; “Porque no hará nada Jehová el Señor, sin que revele su secreto a sus siervos los profetas. Si el león ruge, ¿quién no temerá? Si habla Jehová el Señor, ¿quién no profetizará?”) La revelación siempre tiene que concordar, utilizando las reglas de la Hermenéutica, con la revelación ya dada por Dios en las partes anteriores de la Biblia. Entonces podemos concluir, que “No hay Nueva Revelación,” Sino Mayor Compresión de la Revelación, ya entregada a la iglesia por la Palabra de Dios. A medida que nos acerquemos a la venida de nuestro Señor Jesucristo, la iglesia podrá tener mayor entendimiento de la Palabra profética. (2 Ped 1:19 al 21; “Tenemos también la palabra profética más segura, a la cual hacéis bien en estar atentos como a una antorcha que alumbra en lugar oscuro, hasta que el día esclarezca y el lucero de la mañana salga en vuestros corazones; entendiendo primero esto, que ninguna profecía de la Escritura es de interpretación privada, porque nunca la profecía fue traída por voluntad humana, sino que los santos hombres de Dios hablaron siendo inspirados por el Espíritu Santo.”) Esto No Representa una “Nueva Revelación,” sino un refuerzo en la compresión de lo revelado.
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