El
profeta de Dios
Autor
Teólogo: Cruz Monasterio
Título: El
profeta de Dios
Texto:
Deut 29:29; “Las cosas secretas pertenecen a Jehová
nuestro Dios; mas las reveladas son para nosotros y para nuestros hijos para
siempre, para que cumplamos todas las palabras de esta ley.”
Introducción
A través de los siglos, Dios ha usado a los
profetas para hablarle Su palabra a Sus predestinados y a su pueblo. Los
profetas no solamente son los voceros de Dios, sino que también se les llama los
amigos de Dios. Jesús dijo a Sus discípulos en Juan 15:15; “Os he llamado amigos, porque todas las cosas que oí de
mi Padre, os las he dado a conocer.” Los que son llamados amigos de Dios
reciben la revelación de Sus planes. Él revela Su voluntad a personas en las
cuales puede confiar, es decir, a aquéllos que se consagran a oír Su voz y a obedecerla.
(Gén. 5:23-24; “Y fueron todos los
días de Enoc trescientos sesenta y cinco años. Caminó, pues, Enoc con
Dios, y desapareció, (ósea Huyo, Voló, se Evaporo, se Esfumo, se Eclipso, se
desvaneció) porque le llevó Dios.”) Traspuesto=Salvado, Trasladado, Reubicado.
(Seol, Hades, Seno de Abraham)
El propósito de Dios es usar a
los profetas y las profetizas como Sus voceros; y así confirmar Su testimonio a
Su pueblo. Amós 3:7 afirma: “Porque
no hará nada Jehová el Señor, sin que revele su secreto a sus siervos los
profetas.” El propósito de Dios al usar a hombres y mujeres como Sus voceros es
confirmar Su testimonio a Su pueblo. El Señor utilizó a muchas personas
mencionadas en la Biblia para entregar Su palabra al pueblo escogido y a su
iglesia. A algunos de estos profetas se les ordenó escribir la palabra del
Señor a medida que la recibían, creando así los libros proféticos de la Biblia
tal como los conocemos.
Dios confió Su mensaje a los
profetas para que ellos lo entregaran a Su pueblo, demostrando que la palabra
era fiel y que verdaderamente se cumpliría.
Desarrollo
El
Señor Jesús Fue el Ungido de Dios: Isaías 61:1-2-3; “El
Espíritu de Jehová el Señor está sobre mí, porque me ungió Jehová; me ha
enviado a predicar buenas nuevas a los abatidos, a vendar a los quebrantados de
corazón, a publicar libertad a los cautivos, y a los presos apertura de la
cárcel; a proclamar el año de la buena voluntad de Jehová, y el día de
venganza del Dios nuestro; a consolar a todos los enlutados; a ordenar que a los afligidos de Sion se les dé gloria en lugar de ceniza, óleo
de gozo en lugar de luto, manto de alegría en lugar del espíritu angustiado; y
serán llamados árboles de justicia, plantío de Jehová, para gloria suya.”
Hay
siete unciones que adornaron la vida del Profeta de los profetas, el Señor
Jesucristo. Las consideraremos ahora en relación con la
vida y ministerio de un profeta.
a)
El Espíritu de Jehová: Es dado para predicar el mensaje del Señor
con autoridad y claridad.
El
Ministerio del Profeta: Es la unción especial dada a los
mensajeros para declarar Sus maravillosas verdades.
b)
El Espíritu de sabiduría: Esta fue la unción de la cual Moisés
disfrutó. Cuando impuso las manos a Josué,
él también fue lleno de sabiduría (Deut
34:9; “Y Josué hijo de Nun fue lleno del espíritu de sabiduría, porque
Moisés había puesto sus manos sobre él; y los hijos de Israel le obedecieron, e
hicieron como Jehová mandó a Moisés.”)
c)
El Espíritu de inteligencia: Un profeta necesita tener
entendimiento de los caminos de Dios para instruir a aquellos a quienes es
enviado.
d)
El Espíritu de consejo: Uno de los títulos del Señor es el de
Consejero (Isa 9:6; “Porque un niño
nos es nacido, hijo nos es dado, y el principado sobre su hombro; y se llamará
su nombre Admirable, Consejero, Dios Fuerte, Padre Eterno, Príncipe de Paz.”). Un consejero es alguien que instruye
a otros en cuanto a su manera de andar y a las decisiones que deberían tomar.
e)
El Espíritu de poder: Esta es la unción por medio de la cual se
manifiestan las obras poderosas y milagrosas de Dios. Abraham tuvo este poder
cuando él y Sara recibieron las fuerzas necesarias para traer al mundo a Isaac,
aun cuando hacía mucho tiempo que para los dos había pasado la edad de tener
hijos (Gén. 18:11; “Y Abraham y Sara
eran viejos, de edad avanzada; y a Sara le había cesado ya la costumbre de las
mujeres.”).
f)
El Espíritu de conocimiento: Es la capacidad para conocer
sucesos pasados, presentes y futuros.
g)
El Espíritu de temor de Jehová: Esta es la unción que trae
convicción de pecado y arrepentimiento a todo aquél que está dispuesto.
El
ministerio del profeta esta dentro del Don o ministerio quíntuple
El
ministerio profético: Es un don de Cristo para Su Cuerpo, junto con
los ministerios de apóstol, evangelista, pastor y maestro (Efe 4:11-12; “Y él mismo constituyó a unos, apóstoles; a otros,
profetas; a otros, evangelistas; a otros, pastores y maestros, a fin de
perfeccionar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del
cuerpo de Cristo.”).
Analizaremos
brevemente el ministerio de profeta, a fin de ver en contexto el lugar del
profeta del Nuevo Testamento
A menudo, los profetas eran
una señal para el pueblo escogido y la iglesia, como lo denotan las siguientes
situaciones en la vida de los elegidos del Señor.
El precio que un profeta paga
por su ministerio es muy elevado. A menudo tiene que aprender la obediencia por
medio de las cosas que sufre y que vienen de la mano de Dios, mientras está
bajo la sombra de la mano del Padre (en otras palabras, en la soledad
de las experiencias del desierto). Su luz puede brillar por un tiempo muy
breve, como en el caso de Hageo, o durante décadas como sucedió con Óseas.
Un
profeta tiene que vencer los deseos de su propio corazón y cumplir
Obedientemente la Misión encomendada.
Centraremos nuestra atención
teniendo presentes las palabras del apóstol Pablo, quien dijo que había
recibido su ministerio porque Dios lo tuvo por fiel.
(1
Timoteo 1:12; “Doy gracias al que me fortaleció, a Cristo
Jesús nuestro Señor, porque me tuvo por fiel, poniéndome en el ministerio.”)
El apóstol Pablo como
profeta debió vivir una vida santa,
andando cada día en una relación muy cercana con su Señor, recibiendo sobre su
cabeza la unción del aceite fresco. Vivió alimentándose de la Palabra y la
estimo más importante que la comida diaria. transmitió el mensaje profético a
las generaciones de ellos en tiempos señalados. (Hec 20:29-30; “Porque yo sé que después de mi partida entrarán en
medio de vosotros lobos rapaces, que no perdonarán al rebaño. Y de
vosotros mismos se levantarán hombres que hablen cosas perversas para arrastrar
tras sí a los discípulos.” Y nos siguió hablando de la apostasía que
arroparía a la iglesia en 1 Tim 4:1;
“Pero el Espíritu dice claramente que en los postreros tiempos algunos
apostatarán de la fe, escuchando a espíritus engañadores y a doctrinas de
demonios.” Predijo acerca del carácter de los hombres en los postreros tiempos.
2 Tim 3:1 al 5; “También debes saber
esto: que en los postreros días vendrán tiempos peligrosos. Porque habrá
hombres amadores de sí mismos, avaros, vanagloriosos, soberbios, blasfemos,
desobedientes a los padres, ingratos, impíos, sin afecto natural,
implacables, calumniadores, intemperantes, crueles, aborrecedores de lo
bueno, traidores, impetuosos, infatuados, amadores de los deleites más que
de Dios, que tendrán apariencia de piedad, pero negarán la eficacia de
ella; a éstos evita.”
Conclusión
El Señor elije a quienes están
consagrados desde una edad temprana, que conocen bien las Sagradas Escrituras y
que caminan en santidad y temor del Señor. Todos fueron llamados por Dios,
porque ninguno toma para sí esta honra. El apóstol Pablo, quien formaba parte de
la lista de los profetas de la Iglesia de los primeros tiempos según (Hechos 13:1-2; “Había entonces en la
iglesia que estaba en Antioquía, profetas y maestros: Bernabé, Simón el que se
llamaba Níger, Lucio de Cirene, Manaén el que se había criado junto con Herodes
el tetrarca, y Saulo. Ministrando éstos al Señor, y ayunando, dijo el
Espíritu Santo: Apartadme a Bernabé y a Saulo para la obra a que los he
llamado.”); el apóstol revelo en: Un profeta nunca debe poner en duda el haber
sido llamado por Dios. El apóstol Pablo reafirmaba constantemente esta verdad,
como en Colosenses 1:1; cuando dice:
“Pablo, apóstol de Jesucristo por la voluntad de Dios.”
En conclusión, un profeta es
alguien llamado por Dios para ser Su mensajero con la Palabra y con su vida, un
llamado por el cual paga un precio muy alto. Sin embargo, si es hallado fiel,
recibe una recompensa muy especial.
(Mateo 10:41; “El que recibe a un profeta por
cuanto es profeta, recompensa de profeta recibirá; y el que recibe a un justo
por cuanto es justo, recompensa de justo recibirá.”)
El rey David, el dulce
salmista de Israel, dice en 2 Samuel
23:2; “El Espíritu de Jehová ha hablado por mí, y su palabra ha estado en
mi lengua”. De modo que queda perfectamente claro que no debemos ser hombres de
labios inmundos. Nuestro “sí” debe ser “sí” y nuestro “no” debe ser “no” (Santiago 5:12; “Pero sobre todo,
hermanos míos, no juréis, ni por el cielo, ni por la tierra, ni por ningún otro
juramento; sino que vuestro sí sea sí, y vuestro no sea no, para que no caigáis
en condenación.”), pues quienes pronuncian los oráculos de Dios deben ser
prudentes en su conversación. De esta manera, el fluir profético correrá puro y
sin obstáculos.
El Espíritu de
Profecía del Señor será derramado sobre Su Iglesia de manera clara y poderosa,
y los sean añadidos a la iglesia tendrán revelación en sus corazones. Dice el
profeta Menor Joel en el cap. 2:28;
“Y
después de esto derramaré mi Espíritu sobre toda carne, y profetizarán vuestros
hijos y vuestras hijas; vuestros ancianos soñarán sueños, y vuestros jóvenes
verán visiones.
Y también sobre los siervos y sobre las siervas derramaré mi Espíritu en
aquellos días.” Y confirmada por el apóstol Pedro en el libro de los Hechos cap. 2:15 al 18; “Porque éstos
no están ebrios, como vosotros suponéis, puesto que es la hora tercera del
día. Mas esto es lo dicho por el profeta Joel: Y en los postreros días,
dice Dios, Derramaré de mi Espíritu sobre toda carne, Y
vuestros hijos y vuestras hijas profetizarán; Vuestros jóvenes verán
visiones, Y vuestros ancianos soñarán sueños; Y de cierto sobre mis
siervos y sobre mis siervas en aquellos días Derramaré de mi Espíritu, y
profetizarán.”)
El pueblo de Dios conocerá la revelación profética que los guiará y
les mostrará las cosas que habrán de venir.
(Efe 1:17-18-19; “Para que el Dios de nuestro Señor
Jesucristo, el Padre de gloria, os dé espíritu de sabiduría y de revelación en
el conocimiento de él, alumbrando los ojos de vuestro entendimiento, para
que sepáis cuál es la esperanza a que él os ha llamado, y cuáles las riquezas
de la gloria de su herencia en los santos, y cuál la supereminente
grandeza de su poder para con nosotros los que creemos, según la operación del
poder de su fuerza.”)
(Jn 16:13; “Pero cuando venga el Espíritu de
verdad, él os guiará a toda la verdad; porque no hablará por su propia cuenta,
sino que hablará todo lo que oyere, y os hará saber las cosas que habrán de
venir.”)
Hombres y mujeres de todos los
continentes procuran conocer el futuro, ya sea para su nación, para su familia
o para ellos en forma personal. Fuimos creados con el deseo de saber qué es lo
que viene por delante. Esto es perfectamente comprensible al considerar que
somos creados por el Señor, cuyo testimonio es el Espíritu de la Profecía. Ap 19:10; “Adora a Dios; porque el
testimonio de Jesús es el espíritu de la profecía.”)
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