Iglesia Centro Evangelistico
Guardián de la Sana Doctrina
Punta de Lanza para el Avivamiento de Venezuela y el Mundo
Estudio Biblico
Análisis Teológico Biblico Básico del Traslado o Arrebatamiento
Teólogo: Cruz Monasterio
Estudio Biblico
Tema: Análisis Teológico Biblico Básico del Traslado o Arrebatamiento
Texto: "Porque el Señor mismo con voz de mando, con voz de arcángel, y con trompeta de Dios; decenderá del cielo; y los muertos en Cristo resucitarán primero." (1 Tés. 4:16).
Introducción
El Arrebatamiento, o Traslado de los fieles, será el Rapto físico al cielo: en un proceso de transformación ontológica y espiritual, de aquellos que se encuentren en santidad y fieles a Cristo al momento de la Gran Tribulación.
El Rapto: sucederá inmediatamente después de la "primera resurrección", la de los santos del Nuevo Testamento, y antes de que comience el Gran Día de la Ira del Señor, periodo de purificación que precede al Retorno glorioso de Cristo para reinar en la tierra.
En el Rapto, los fieles serán llevados a la gloria sin pasar por la muerte, como sucedió con dos santos que fueron arrebatados en el Antiguo Testamento: Enoc (Gen 5: 24; Heb 11: 5) y Elías (2 Rey 2: 1-11).
El Arrebatamiento es un premio y un rescate: Para no tener que pasar por el juicio de los castigos divinos que serán infligidos a los apóstatas y pecadores obstinados que se oponen al reinado de Cristo. "Y si me fuere y os preparare lugar, vendré otra vez, y os tomaré a mí mismo, para que donde yo estoy, vosotros también estéis." (Jn. 14:3).
El Arrebatamiento de los fieles, también llamado Rapto "de los santos" o "de la Iglesia": Es el resultado de una intervención divina selectiva: "Entonces estarán dos en el campo, uno será tomado, y el otro será dejado. Estarán dos mujeres moliendo en un molino, una será tomada, y la otra será dejada" (Mat 24: 40).
Fue Pablo quien dio a conocer los detalles del misterio del Rapto: "...Los muertos en Cristo resucitarán primero. Luego nosotros, los que estemos vivos, los que hayamos quedado, seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes..." (1 Tes 4, 16).
Una vez operado el Rapto de la Iglesia, se desatará la Ira de Dios contra los impíos, y se concluirá el plan de salvación respecto a los judíos.
Una vez operado el Rapto de la Iglesia, se desatará la Ira de Dios contra los impíos, y se concluirá el plan de salvación respecto a los judíos.
El apóstol Pablo insiste en que el arrebatamiento no será solo físico: Sino que conllevará un proceso de transformación que lleva a la resurrección: "No todos moriremos, pero todos seremos transformados. En un momento, en un abrir y cerrar de ojos, cuando suene el último toque de trompeta; porque sonará la trompeta, y los muertos serán resucitados para no volver a morir y nosotros seremos transformados" (1 Cor 15: 51).
Todos ellos, resucitados y raptados: volverán el día de la Parusía acompañando a Cristo en su retorno glorioso, al final de la Gran Tribulación, y se quedarán reinando, en representación suya, durante el milenio del Reino de Dios.
El Rapto tiene el doble propósito de premiar la fidelidad de los fieles, y de evitarles el sufrimiento que vendrá sobre el mundo con las plagas y juicios que Dios dejara caer sobre los operadores de iniquidad y los seguidores del anticristo cuando acontezca el "Día del Señor".
División
La promesa del cielo ofrecida inmerecidamente a los seguidores de Cristo constituye una fuente de esperanza, al asegurarnos que, de ser fieles a Él y sus enseñanzas, obtendremos una gloriosa recompensa de forma cierta e ineludible.
Pero, con el Rapto, en la visión de la Parusía medianera sostenida por los apóstoles de la Iglesia y mártires de los primeros cuatro siglos, esa esperanza se hace mayor, pues no se trata solo de la expectativa lejana del cielo, sino también de la instauración del Reino de Cristo en este mundo.
La certeza del Rapto, la primera resurrección y el reinado intrahistórico divino en la tierra nos lleva a la convicción de la victoria de Dios sobre el mal aquí y ahora, y de la restauración de la humanidad y de toda la creación en el orden presente: "la misma creación será liberada de la esclavitud de la corrupción a la libertad gloriosa de los hijos de Dios; porque sabemos que toda la creación gime a una, y está con dolores de parto hasta ahora." (Rom 8: 21-22).
Los evolucionistas antimilenarios, que no aceptan la intervención divina y la realización intrahistórica del Reino de Jesús, solo tienen la perspectiva de un cielo finalista y ajeno a la realidad actual concibiendo, o una humanidad fracasada por el progresivo triunfo del mal, o una victoria de la Iglesia fideísta que, además de no saberla explicar, les sitúa en una creencia explícitamente condenada por el Señor Jesucristo.
Los antimilenistas, que inconscientemente van de la mano con la reedición moderna del gnosticismo que es la New Age: No pueden aceptar la principal corona de Cristo Rey: su reino glorioso en la tierra, salvación para unos y perdición para otros. De aquí el enfrentamiento entre Cristo y el anticristo, la Iglesia y la anti-iglesia, el Evangelio y la apostasía, la fidelidad y la traición (como la de Judas y sus seguidores). De allí el odio infernal al que se refiere la Palabra: "Odio misterioso del infierno. Esta es la razón más profunda de todas. Aquí está la verdadera clave del odio en la historia contra el reino milenario, es el odio a la institución del reino de Jesús."
Por otro lado, quienes sí aceptamos el Rapto, pero situándolo como previo a la Gran Tribulación: Nos encontramos con una serie de afirmaciones exegéticas y una gran felicidad, pues las enseñanzas inequívocas de las Escrituras hacen ver que los hermanos que descuiden la salvación tendrán que sobrellevar la persecución y la prueba. Hasta después de ese crisol vendrá el rescate.
Tal vez el hecho de saber que los que se queden en la tribulación deberán sufrir y dar la vida por Cristo, nos hace sentir temor y duda de si tendremos las fuerzas para resistir. La respuesta es que Dios nos da las fuerzas que requerimos en cada momento. Cuando llegue el tiempo de la prueba, a quienes somos débiles Él nos hará fuertes, pues en el momento de la tribulación no seremos nosotros, sino el Espíritu Santo quien actúa en nosotros. Cuanto más débiles somos, Dios es más fuerte.
Por otro lado, hay que tener frente a nuestros ojos una gran esperanza que nos puede mantener con valor y optimismo. No solamente gozaremos de un mundo renacido y luminoso en el que habrá paz, justicia y santidad verdaderas, sino que todo el orden creado será restaurado.
El cambio interior que traerá la Parusía es fruto de una transformación espiritual parecido a un segundo Pentecostés: Dice el profeta Ezequiel: "Os rociaré con agua pura y quedaréis purificados; de todas manchas y de todos vuestros ídolos os purificaré. Y os daré un corazón nuevo, infundiré en vosotros un espíritu nuevo, quitaré de vuestra carne un corazón de piedra y os daré un corazón de carne" (Eze 36: 25).
El apóstol Pedro describió así el efecto global de esa transformación: "Pues también conforme a su promesa esperamos cielos nuevos y tierra nueva, en la cual habite la justicia" (2 Pe 3: 13).
El cambio interior que traerá la Parusía es fruto de una transformación espiritual parecido a un segundo Pentecostés: Dice el profeta Ezequiel: "Os rociaré con agua pura y quedaréis purificados; de todas manchas y de todos vuestros ídolos os purificaré. Y os daré un corazón nuevo, infundiré en vosotros un espíritu nuevo, quitaré de vuestra carne un corazón de piedra y os daré un corazón de carne" (Eze 36: 25).
El apóstol Pedro describió así el efecto global de esa transformación: "Pues también conforme a su promesa esperamos cielos nuevos y tierra nueva, en la cual habite la justicia" (2 Pe 3: 13).
Isaías plasmó gráficamente la situación de esta nueva bondad del Reino, que es espiritual y material: "He aquí que yo creo cielos nuevos y tierra nueva, y no serán recordados los primeros ni vendrán a la memoria; antes habrá gozo y regocijo por siempre jamás por lo que voy a crear. Me regocijaré por Jerusalén y me alegraré por mi pueblo, sin que se oiga ahí jamás lloro ni quejido.
No habrá allí niño que viva pocos días ni viejo que no llene sus días, pues morir joven será morir a los cien años y el que no alcance los cien años será maldito. Edificarán casas y las habitarán, plantarán viñas y comerán sus frutos. No edificarán para que otro habite, no plantarán para que otro coma, pues cuanto vive un árbol vivirá mi pueblo y mis elegidos disfrutarán del trabajo de sus manos. No se fatigarán en vano ni tendrán hijos por sobresalto, pues serán raza bendita de Yahvé ellos y sus retoños con ellos..." (Isa 65: 17-24).
No habrá allí niño que viva pocos días ni viejo que no llene sus días, pues morir joven será morir a los cien años y el que no alcance los cien años será maldito. Edificarán casas y las habitarán, plantarán viñas y comerán sus frutos. No edificarán para que otro habite, no plantarán para que otro coma, pues cuanto vive un árbol vivirá mi pueblo y mis elegidos disfrutarán del trabajo de sus manos. No se fatigarán en vano ni tendrán hijos por sobresalto, pues serán raza bendita de Yahvé ellos y sus retoños con ellos..." (Isa 65: 17-24).
Algunos piensan que estos "cielos nuevos y tierra nueva" de los que hablan el profeta Isaías y el apóstol Pedro: Deben ser ubicados después de la resurrección universal, al fin del mundo. Sin embargo, esta interpretación es errada, pues en el cielo ya no habrá impartición de justicia, ni generación de hijos, ni muerte. Tampoco habrá necesidad de edificar casas, ni plantar viñas, ni habitarán animales como se menciona expresamente en esa promesa.
Tampoco se puede admitir una interpretación metafórica de esos cielos nuevos y tierra nueva: Pues éstos, como dice el apóstol Pedro, vendrán después de que los presentes cielos y tierra perezcan "por la palabra de Dios y por el fuego". Y como los actuales cielos y tierra, que entraron después de los cielos y tierra diluvianos, no han perecido de esa manera, se deduce que estas profecías aún no se han cumplido.
Sobre esa transformación, que es comparable a un segundo Pentecostés, pero universal: "Estos son los tiempos del gran Retorno. Sí, después del tiempo del gran sufrimiento llegará un tiempo de gran renacimiento y todo florecerá. Jesús implantará su reino glorioso."
El Espíritu Santo bajará como fuego, pero de un modo distinto al de su primera venida: Será un fuego que quemará y transformará todo, que santificará y renovará la tierra desde sus cimientos. Abrirá los corazones a una nueva realidad de vida y guiará a las almas a un amor tan grande y a una santidad tan perfecta, como nunca antes se había conocido. Entonces, el Espíritu será glorificado, llevando a todos al más grande amor hacia el Padre y el Hijo"
Acerca de la transformación y elevación de la naturaleza humana: Hay que evitar la creencia de que ésta quedará totalmente libre del influjo del mal durante el milenio, y que ya no habrá posibilidad de pecar. Esa será la condición únicamente de los santos resucitados y raptados que estarán gobernando el mundo. En los viadores, el influjo del mal se verá drásticamente disminuido, pero no suprimido.
El Arrebatamiento de los fieles viene a ser la concreción factible de que las promesas de Dios se cumplen para quienes guardan sus mandamientos y no se dejan contaminar por la apostasía o la impiedad.
El Rapto tiene que ver con nuestro destino eterno: El cielo, y con la realización global del plan que Dios trazó para la humanidad desde el origen. Nuestros primero padres fueron creados en integridad, en santidad plena y en una relación directa e íntima de comunicación con Dios.
Adán y Eva gozaban de la plenitud paradisíaca de todos los dones sobrenaturales y preternaturales: Ese fue el plan de Dios para todos nosotros y así debió haber sido por todas las edades pero, con el engaño de Satanás, el hombre perdió la amistad con Dios y todos esos dones. El Rapto y la Parusía, traen la restauración de la naturaleza humana, el restablecimiento de los dones divinos, y la realización concreta de la promesa de que un día volveremos a recuperar la identidad y felicidad incorruptibles.
Tampoco se puede admitir una interpretación metafórica de esos cielos nuevos y tierra nueva: Pues éstos, como dice el apóstol Pedro, vendrán después de que los presentes cielos y tierra perezcan "por la palabra de Dios y por el fuego". Y como los actuales cielos y tierra, que entraron después de los cielos y tierra diluvianos, no han perecido de esa manera, se deduce que estas profecías aún no se han cumplido.
Sobre esa transformación, que es comparable a un segundo Pentecostés, pero universal: "Estos son los tiempos del gran Retorno. Sí, después del tiempo del gran sufrimiento llegará un tiempo de gran renacimiento y todo florecerá. Jesús implantará su reino glorioso."
El Espíritu Santo bajará como fuego, pero de un modo distinto al de su primera venida: Será un fuego que quemará y transformará todo, que santificará y renovará la tierra desde sus cimientos. Abrirá los corazones a una nueva realidad de vida y guiará a las almas a un amor tan grande y a una santidad tan perfecta, como nunca antes se había conocido. Entonces, el Espíritu será glorificado, llevando a todos al más grande amor hacia el Padre y el Hijo"
Acerca de la transformación y elevación de la naturaleza humana: Hay que evitar la creencia de que ésta quedará totalmente libre del influjo del mal durante el milenio, y que ya no habrá posibilidad de pecar. Esa será la condición únicamente de los santos resucitados y raptados que estarán gobernando el mundo. En los viadores, el influjo del mal se verá drásticamente disminuido, pero no suprimido.
El Arrebatamiento de los fieles viene a ser la concreción factible de que las promesas de Dios se cumplen para quienes guardan sus mandamientos y no se dejan contaminar por la apostasía o la impiedad.
El Rapto tiene que ver con nuestro destino eterno: El cielo, y con la realización global del plan que Dios trazó para la humanidad desde el origen. Nuestros primero padres fueron creados en integridad, en santidad plena y en una relación directa e íntima de comunicación con Dios.
Adán y Eva gozaban de la plenitud paradisíaca de todos los dones sobrenaturales y preternaturales: Ese fue el plan de Dios para todos nosotros y así debió haber sido por todas las edades pero, con el engaño de Satanás, el hombre perdió la amistad con Dios y todos esos dones. El Rapto y la Parusía, traen la restauración de la naturaleza humana, el restablecimiento de los dones divinos, y la realización concreta de la promesa de que un día volveremos a recuperar la identidad y felicidad incorruptibles.
