Estudio Bíblico
La nueva Jerusalén
Autor
Teólogo: Cruz
Monasterio
Estudio Bíblico
Título: La nueva
Jerusalén
Texto: Heb. cap. 11 verso 10; “Por
la fe habitó como extranjero en la tierra prometida como en tierra ajena,
morando en tiendas con Isaac y Jacob, coherederos de la misma promesa; porque
esperaba la ciudad que tiene fundamentos, cuyo arquitecto y constructor es
Dios.”
Introducción
La nueva
Jerusalén: El libro de
Apocalipsis describe la Nueva Jerusalén como una increíble ciudad hecha de oro
y perlas preciosas. ¡Pero la realidad va mucho más allá de lo que la mente
humana puede imaginar!
Muchas de las ideas que se tienen sobre
el cielo en la actualidad están basadas en Apocalipsis 21, donde encontramos la
descripción más detallada de la Nueva Jerusalén. Pero, como veremos, las
creencias populares se alejan mucho de la realidad bíblica ¡que es mucho
más impresionante!
En el Antiguo Testamento, varias
profecías nos dicen que, cuando Cristo regrese a la tierra, Dios transformará y
elevará la ciudad de Jerusalén actual convirtiéndola en capital del mundo entero
(Joel 2 y 3 y Zacarías 12 y 14). Por otro lado, el Nuevo
Testamento revela que una Nueva Jerusalén distinta de la Jerusalén actual está
siendo preparada para el pueblo de Dios.
Hebreos 12:22, por ejemplo, la llaman “la Jerusalén la celestial”, y Apocalipsis 3:12 la identifica como “nueva
Jerusalén”. Aun Abraham, patriarca del Antiguo Testamento, tenía la esperanza
de habitar en esta majestuosa ciudad. Como leemos en Hebreos 11:10, “esperaba
la ciudad que tiene fundamentos, cuyo arquitecto y constructor es Dios”.
Desarrollo
Contexto de la Nueva
Jerusalén
El contexto temporal de Apocalipsis 21 la
descripción bíblica más extensa de la Nueva Jerusalén es bastante diferente al
de nuestro mundo actual. En resumen: para cuando lleguemos a Apocalipsis 21, el
mundo corrupto que hoy conocemos habrá llegado a su fin, Cristo habrá regresado
a la tierra para establecer el Reino de Dios y habrá reinado por 1.000 años período
que comúnmente se conoce como el “Milenio”.
Pasado el Milenio, la gran mayoría de
los seres humanos que han existido a través de la historia serán resucitados a
una nueva vida física (en la tierra). Pero esta vez Satanás no estará presente
y todos tendrán la oportunidad de conocer la verdad de Dios y recibir la vida
eterna. Además, Cristo será Rey del mundo entero. Este período de tiempo se
conoce como el juicio del “gran trono blanco” (Apocalipsis 20:11-12).
Luego de que el juicio haya terminado,
el planeta entero será encendido en llamas y todo lo que haya en el se quemará
(2 Pedro 3:10-13). Pero cuando este fuego se consuma, dará lugar a una nueva
tierra pura y transformada, una que jamás se corromperá ni se deteriorara (Isaías 65:17; 66:22).
La Nueva Jerusalén
desciende a la tierra
Relatando su visión, el apóstol Juan
escribe: “vi la santa ciudad, la nueva Jerusalén, descender del cielo, de Dios,
dispuesta como una esposa ataviada para su marido” (Apocalipsis 21:2). Entonces, Dios el Padre aun estará en el cielo
en ese momento, la ciudad proviene de Él y Él está involucrado en su preparación.
Además, la ciudad es preparada “como una esposa ataviada para su marido”.
¿Quiénes vivirán en la Nueva Jerusalén?
Como explica Apocalipsis 3:12, la
cuidad será habitada por los que hayan vencido en esta vida: “Al que venciere,
yo lo haré columna en el templo de mi Dios, y nunca más saldrá de allí; y
escribiré sobre él el nombre de mi Dios, y el nombre de la ciudad de mi
Dios, la nueva Jerusalén, la cual desciende del cielo, de mi Dios” (énfasis
añadido). Confirmando este hecho, Hebreos
11:10 revela que la ciudad está preparada para los elegidos fieles de Dios.
Además, el descenso de la Nueva
Jerusalén a la tierra marcará el cumplimiento de una de las profecías más
alentadoras de la Biblia. Esta ciudad será “el tabernáculo de Dios con los
hombres, y él morará con ellos; y ellos serán su pueblo, y Dios mismo estará
con ellos como su Dios. Enjugará Dios toda lágrima de los ojos de ellos; y ya
no habrá muerte, ni habrá más llanto, ni clamor, ni dolor; porque las primeras
cosas pasaron” (Apocalipsis 21:3-4).
En otras palabras, Dios el Padre tendrá
su nueva morada en la tierra con su familia
espiritual, conformada por aquellos seres humanos que hayan sido transformados.
Parece increíble, ¿no es así? Aunque Dios mora en el cielo por ahora, ¡nuestra
tierra eventualmente se convertirá en su hogar!
Sabiendo esto, promesas de Dios como las
que encontramos en Salmos 37 sin
duda parecen mucho más reales, pues ahí nos dice que “los que esperan en
Jehová, ellos heredarán la tierra” (v.
9), “los mansos heredarán la tierra” (v.
11) y “los benditos de él heredarán la tierra” (v. 22).
Descripción de la
ciudad
¡La descripción de la Nueva Jerusalén es
realmente impresionante!
Iluminación: En Apocalipsis 21:9-10, vemos a un
ángel mostrándole a Juan “la esposa del Cordero” y “la gran ciudad santa de
Jerusalén, que descendía del cielo, de Dios”. Luego, el apóstol nos dice que
esta ciudad tiene “la gloria de Dios. Y su fulgor era semejante al de una
piedra preciosísima, como piedra de jaspe, diáfana como el cristal” (v. 11). El brillo o resplandor de la
ciudad es como el de una piedra preciosa traslúcida.
También describe que “La ciudad no tiene
necesidad de sol ni de luna que brillen en ella; porque la gloria de Dios la
ilumina, y el Cordero es su lumbrera” (v. 23). Es decir, la luz resplandeciente
de Dios y Jesucristo iluminarán la ciudad entera. Pero esto no significa que el
sol y la luna no existirán, sólo implica que la Nueva Jerusalén no necesitará de
ellos para ser iluminada.
Un muro y puertas: Apocalipsis 21:12-13 revela que la ciudad tiene “un muro grande y
alto con doce puertas” custodiadas por doce ángeles que llevan los nombres de
las doce tribus de Israel. La palabra griega traducida como “puerta” en este
pasaje es epulón, que significa entrada, portal o vestíbulo de un
edificio o ciudad.
Al parecer, los nombres de los doce
ángeles continuarán el patrón que se establecerá mucho tiempo
antes, cuando los nombres de tres de las tribus de Israel sean escritos en los
cuatro límites de la ciudad de Jerusalén durante el Milenio (Ezequiel 48:30-34).
El muro de la Nueva Jerusalén se
levantará aproximadamente 75 metros
sobre sus cimientos (v. 17), estará
completamente hecho de jaspe y cubrirá los cuatro lados de la ciudad. En cada
lado habrá tres puertas o vestíbulos hechos con una perla enorme que, si están
a la misma distancia unos de otros, ¡tendrán 600 kilómetros de separación!
Cimientos: Continuando con el
patrón de nombrar ciertas partes de la ciudad con los nombres de personas con
las que Dios ha trabajado, los doce cimientos de la Nueva Jerusalén llevarán
los nombres de los apóstoles
(Apocalipsis 21:14). Ya miles de años antes, Cristo había anunciado que sus
doce apóstoles gobernarían sobre las tribus de Israel (Lucas 22:28-30). Y, en Efesios 2:20, vemos el paralelo espiritual
aplicado a la Iglesia de Jesucristo, que está edificada “sobre el fundamento de
los apóstoles y profetas, siendo la principal piedra del ángulo Jesucristo
mismo”.
Tamaño: En Apocalipsis 21:16 leemos que “La
ciudad se halla establecida en cuadro, y su longitud es igual a su anchura; y
él midió la ciudad con la caña, doce mil estadios; la longitud, la altura y la
anchura de ella son iguales”. Según algunas investigaciones, las dimensiones
descritas en este pasaje son realmente impresionantes ¡la ciudad mide cerca de 2.400 kilómetros por cada lado!
Y su altura también es extraordinaria, alcanzando los mismos 2.400 km. ¡Una ciudad con forma de cubo de 2.400 km por lado tendría aproximadamente 14 billones de kilómetros cúbicos!
Claramente, Cristo estaba muy en lo
cierto cuando, poco antes de morir, dijo a sus discípulos: “En la casa de mi
Padre muchas moradas hay”
(Juan 14:2,). La palabra griega traducida como “morada” en este pasaje
significa hogar, vivienda o lugar de residencia permanente. Y, sin duda, la
casa de su Padre tiene bastante espacio habitable.
Otro hecho interesante es que, al parecer, “el lugar santísimo” del tabernáculo y templo que Dios mandó construir a Israel en el Antiguo Testamento (y que será parte del nuevo templo en el Milenio, cuando Cristo haya regresado) es un paralelo de la Nueva Jerusalén en cuanto a forma. Esta habitación, que fue diseñada según la morada celestial de Dios, era un cubo perfecto (1 Reyes 6:20; Hebreos 8:5). Y al igual que “el lugar santísimo”, la Nueva Jerusalén no estará separada del templo, pues Dios el Padre y Jesucristo son “el templo de ella” (Apocalipsis 21:22)
Materiales de
construcción: “El material de su muro era de jaspe; pero la ciudad era de oro puro,
semejante al vidrio limpio; y los cimientos del muro de la ciudad estaban
adornados con toda piedra preciosa…Las doce puertas eran doce perlas; cada una
de las puertas era una perla. Y la calle [plateia, mejor traducido como
‘solar’ o ‘lugar’, una explanada] la ciudad era de oro puro, transparente como
vidrio” (Apocalipsis 21:18-21).
Nuestras leyes físicas jamás permitirían
construir una estructura de esta altura. Pero, si bien la Biblia menciona
varios materiales de construcción que nos son familiares, la Nueva Jerusalén
parece ser una ciudad espiritual y, por lo tanto, no se rige
por las leyes físicas que conocemos. Es por esto que Juan la describe como
una ciudad pura y traslúcida. Pero, al no tener otras palabras, el apóstol
recurre a términos conocidos para relatar su visión; claramente, Juan reconoce
una serie de materiales diferentes, pero, al mismo tiempo, la ciudad es mucho
más de los que nuestros ojos humanos hayan visto alguna vez. Además, en algún lugar de la ciudad hay
una plaza o explanada.
La palabra “calle” de Apocalipsis 21:21; es singular y no se refiere a
un camino para transitar, que seguramente también habrá en la ciudad. La Biblia
no nos dice dónde estará esta plaza exactamente, pero sí la describe brillante
y de oro traslúcido, como el resto de la ciudad. ¿Será que tiene alguna
relación con el lugar en dónde van a estar los tronos de Dios el Padre y
Jesucristo?
Conclusión
Será una ciudad
dinámica: “Y las naciones…andarán a la luz de ella; y los reyes de la tierra
traerán su gloria y honor a ella. Sus puertas nunca serán cerradas de día, pues
allí no habrá noche” (Apocalipsis
21:24-25). Por supuesto, esto no significa necesariamente que otras partes
de la tierra no tendrán noche, pues, como vemos, aún habrá reyes y naciones
viviendo fuera de esta ciudad.
Pero, ya que siempre es de día en la
Nueva Jerusalén y sus puertas siempre están abiertas, la gente podrá ir y venir
continuamente. ¿Quiénes son estos reyes y naciones que vivirán fuera de la
ciudad? Es aquí donde debemos aceptar el hecho de que Dios ha decidido no
revelar todos los detalles del increíble futuro de nuestro planeta; sólo
podemos especular.
Pero, aunque no sabemos todo acerca de
la futura ciudad santa de Dios, podemos confiar plenamente en lo que David
describe por inspiración divina: “en tu presencia hay plenitud de gozo;
delicias a tu diestra para siempre” (Salmos
16:11). ¡Es esto lo que nos espera en la Nueva Jerusalén!
Para convertirnos en habitantes de esta
impresionante ciudad cuando finalmente descienda a la tierra, debemos cumplir
las expectativas de Dios. Si usted desea fortalecer su relación con Él.
